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Archive for the ‘Novedades’ Category

Red Bull

 

Un producto de venta en todos los supermercados de nuestro país y que su consumo puede ser mortal; Red Bull fue creado para estimular el cerebro en personas sometidas a un gran esfuerzo físico y en ‘coma de estrés’ y nunca para ser consumido como una bebida inocente o refrescante.

Bebida energizante que se comercializa a nivel mundial con su eslogan, “Red Bull te da alas”. Aumenta la resistencia física, agiliza la capacidad de concentración y la velocidad de reacción, brinda más energía y mejora el estado de ánimo. Todo eso se puede encontrar en una latita de Red Bull, ¡la  bebida energética del milenio!, tiene como público a jóvenes y deportistas, dos segmentos  atractivos que han sido cautivados por el estímulo que causa la bebida.

En 2006 se vendieron más de 3.000 millones de latas en más de 130 países. Fue creada por el austríaco Dietrich Mateschitz y el tailandés Chaleo Yoovidhya, quien se inspiraron en una bebida llamada Krating Daeng (toro rojo) que es originaria de Tailandia. Mateschitz, empresario de origen austriaco descubrió la bebida por casualidad, ya que sucedió en un viaje de negocios a Hong Kong, cuando trabajaba para una empresa fabricante de cepillos de dientes. La oficina principal de la compañía se encuentra en Austria.

El líquido, basado en una fórmula que contenía cafeína y taurina,  causaba  furor en ese país. Sin dudarlo imaginó un rotundo éxito de esta bebida en Europa, donde todavía no existía el producto, además de ver una oportunidad inmejorable de convertirse en empresario.
Pero la verdad de esta bebida es otra: Francia y Dinamarca lo acaban de prohibir por ser un cóctel de muerte, debido a sus componentes de vitaminas mezcladas con Glucuronolactone, químico altamente peligroso, el cual fue desarrollado por el Departamento de Defensa de los Estados Unidos durante los años 60 para estimular la moral de las tropas acantonadas en Vietnam.

El cual actuaba como una droga alucinógena que calmaba el estrés de la guerra,  pero sus efectos en el organismo fueron tan devastadores, que fue descontinuado, ante el alto índice de casos de migrañas, tumores cerebrales y enfermedades del hígado, que mostraban los soldados que la consumieron. Y a pesar de ello, en la lata de Red Bull aún se lee entre sus componentes: Glucuronolactone, catalogado médicamente como un estimulante.

Pero lo que no dice la lata de Red Bull, son las consecuencias de su consumo, que obligan a colocar una serie de Advertencias:

1).- Es peligroso tomarlo si después no se hace ejercicio físico, ya que su función energizante acelera el ritmo cardiaco y puede ocasionar un infarto fulminante.
2).- Se tiene el peligro de sufrir una hemorragia cerebral, debido a que el Red Bull contiene componentes que diluyen la sangre, para que al corazón le cueste mucho menos bombearla y poder hacer así un esfuerzo físico con menos agotamiento.
3).- Está prohibido mezclar el Red Bull con alcohol, porque la mezcla convierte la bebida en una ‘Bomba Mortal’ que ataca directamente al hígado, provocando que la zona afectada no se regenere.
4).- Uno de los componentes principales del Red Bull es la vitamina B12, utilizada en medicina para recuperar a pacientes que se encuentran en un coma etílico; de aquí la hipertensión y el estado de excitación en el que se encuentra la persona después de tomarlo, como si estuviera en estado de embriaguez.
5).- El consumo regular del Red Bull desencadena la aparición de una serie de enfermedades nerviosas y neuronales irreversibles.
En conclusión es una bebida que debería prohibirse y/o evitarse, pues se mezcla con alcohol y crea una bomba de tiempo para el cuerpo humano, principalmente entre adolescentes y adultos que carecen de esta información.

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Luigi Amara

El conflicto

Vivimos una tensión, un tremendo conflicto, entre lo que se ha dado en llamar la “propiedad intelectual” y los derechos y libertades de los lectores o usuarios. A raíz de que los avances técnicos permitieron que los medios para reproducir y copiar los bienes culturales estén al alcance de la mayoría y no sean un privilegio de unos cuantos, esa tensión se ha agudizado y, por lo menos, ha mostrado la necesidad de una legislación diferente, sino es que de un cambio completo de paradigma.

De un lado, las fotocopiadoras, el quemador de cds, los archivos compartidos en la red, el software de código abierto, las descargas de música, texto o video y su circulación relativamente libre de mano en mano o de computadora a computadora; de otro, el endurecimiento de las leyes del copyright, el lucro como valor rector, las multas millonarias a los internautas que descargan archivos protegidos, el fenómeno de la piratería criminal como una sombra que acompaña la avidez de los consorcios. De un lado las restricciones y, del otro, las retículas de intercambio. De un lado los altos precios de los bienes culturales y, del otro, el derecho a la cultura.

El problema es que mientras más fácil sea publicar y difundir libros y discos en los medios electrónicos, mientras baste oprimir un botón para copiar una canción o una película, por encima o por debajo de los candados de seguridad y de los parches a las legislaciones internacionales, la red de intercambios, downloads y archivos compartidos se extenderá y conseguirá lo que quiere, pues como escribe el colectivo italiano Wu Ming, pionero en muchos sentidos en la libre circulación de los bienes culturales, se trata ya a estas alturas de un auténtico maremoto.

Una legislación obsoleta

Las leyes del copyright se originaron en el siglo xvi en Inglaterra, por lo que no es de extrañar que a pesar de las múltiples enmiendas y actualizaciones, del convenio de Berna y de la Ley del Copyright del Milenio Digital, sea una legislación vetusta, poco flexible para adaptarse a los tiempos que corren. Dicho de manera muy sucinta, el copyright nació como una forma en la que el Estado brindaba en exclusiva a una casta profesional de editores (los stationers) el “derecho de copia” de toda impresión, con lo cual no sólo les concedía el monopolio de las imprentas, sino también la propiedad de las obras. En la actualidad, el copyright rige la explotación comercial de las obras y su fin es que sus titulares tengan derechos exclusivos para controlar su distribución y reproducción.

Enmascarados muchas veces bajo el término de copyright, en la mayoría de los países que siguen el derecho continental, se encuentran los derechos de autor, impulsados a fines del siglo XVIII por el dramaturgo Pierre–Augustin de Beaumarchais. Estos derechos reconocen que son los propios autores los dueños de sus obras (al menos hasta que caigan dentro del dominio público), a la vez que garantizan que el autor o sus herederos reciban algún beneficio por la comercialización de sus creaciones.

Visto desde esta perspectiva, los derechos de autor parecen no sólo intachables, sino del todo plausibles y su defensa necesaria. ¿Por qué quien construye una silla puede venderla o heredarla a sus hijos y no así el que ha escrito una novela o una sinfonía? El problema comienza cuando, bajo la categoría un tanto equívoca de “propiedad intelectual”, comparaciones como la anterior se llevan demasiado lejos y entonces se olvida que ni la novela ni la sinfonía son del todo equiparables a la silla, puesto que si bien tienen un perfil comercial y hasta cierto punto son también mercancías, al mismo tiempo son bienes culturales, que otros querrán leer o escuchar en una medida muy distinta de la que otros querrán sentarse en la silla.

Desde luego hay todavía una discusión pendiente que debería dirigirse hacia el cuestionamiento de lo que se entiende por “propiedad” en los casos de autoría, pero está claro que al comercializar su obra, el autor no se queda sin ella (como sí sucede en el caso de la venta de una silla), e incluso podría decirse que en muchos sentidos se enriquece al sacarla del cajón y hacerla pública.

El sesgo restrictivo, es decir, eminentemente lucrativo, que en especial las agrupaciones y consorcios suelen imprimir al copyright y a los derechos de autor, que se han convertido en una gran fuente de ingresos corporativos gracias a que funcionan como instrumentos para impedir la libre reproducción y circulación de las obras, ha llevado a que en las últimas décadas surjan toda clase de movimientos críticos para contrarrestarlo y en algunos casos ponerlo de cabeza, bajo la premisa de que dichas restricciones no siempre son legítimas y con frecuencia entran en conflicto con las libertades y derechos de los lectores y los usuarios.

La otra cara de la moneda

Así como un autor tiene derecho a comercializar lo que un tanto pomposamente se ha denominado “los frutos del espíritu”, así el lector o usuario también tiene (o debería tener) ciertos derechos, que por lo general no son reconocidos o le son escamotados sistemáticamente. ¿Derecho a qué? Como una extensión natural del derecho a la cultura, a gozar del arte y beneficiarse de los avances científicos, debería tener el derecho de leer lo que quiere leer, de ver, escuchar, reproducir y estudiar lo que le interesa. También debería tener la libertad de redistribuirlo y circularlo a quien crea que le pueda interesar y, desde luego, a nutrirse de aquello que ha leído o visto o estudiado para crear nuevas obras del espíritu, incluso si son meras parodias, pastiches o regurgitaciones.

Pero enunciado así, el derecho a la cultura y las libertades de los lectores y usuarios, que a primera vista suenan razonables y defendibles, se topan con el derecho también legítimo del autor de beneficiarse económicamente de lo que ha producido. Es verdad que le gustaría que su novela circulara y fuera leída por el mayor número de personas posible, o que el disco lo escucharan tanto en las discotecas de Moscú como en los radios de pilas de Guatemala, pero también le gustaría vivir de lo que hace, obtener ganancias de sus obras y así estar en condiciones de seguir haciendo lo que le gusta, que es, según el caso, escribir o componer música.

En términos generales, el lector o escucha puede acceder a un libro o a las canciones de un disco si paga por ello; una vez hecho esto puede, con ciertas restricciones, copiarlo para su propio disfrute o para el disfrute colectivo, si no persigue fines de lucro; también puede prestarlo, regalarlo, etc., o bien revender el libro o el disco (que no sus copias), por ejemplo en tiendas de segunda mano.

Está claro que de estas copias ulteriores sin fines de lucro y de la reventa de materiales usados, el titular de los derechos de autor no obtiene un beneficio económico directo, pero sí consigue que su obra sea leída o escuchada por más gente (esto es, mayor difusión), lo que a la larga puede redundar en nuevas ventas, tanto de ésta como de sus demás obras. Desde luego el lector o escucha también puede ir a la biblioteca o encender la radio y no pagar un centavo, pero la codicia de quienes ostentan el copyright ha hecho que las restricciones se extiendan incluso a estos campos, como es el caso de muchas editoriales que en Estados Unidos y otros países han prohibido el préstamo público en bibliotecas o lo han condicionado al pago de una cuota.

Los aires levógiros del copyleft

El copyleft y otras licencias como Creative Commons surgieron como una alternativa a las tensiones generadas en los últimos tiempos por el endurecimiento de las leyes del copyright y los derechos de autor. El objetivo inicial era que, en lo que se refiere al software, el usuario tuviera la libertad de ejecutar, copiar, distribuir y desde luego enriquecer los programas. Uno de los principales defensores de este giro ha sido el programador y activista Richard Stallman y su movimiento a favor del Software Libre.

La idea central que está detrás de todo ello es muy sencilla: sin renunciar a los derechos que posee el autor, que sea él mismo quien decida cómo difundir su software y hasta qué punto puede ser copiado, puesto en circulación y modificado. Gracias a una leyenda que hace las veces de licencia o de instrumento legal, otorga el derecho a utilizarla, modificarla y redistribuirla como mejor le parezca. De esta manera, tanto el software como las libertades asociadas a su uso y disfrute se convierten en elementos legalmente inseparables.

Los aires del copyleft no sólo soplan en el software, sino que se han adaptado a diversos medios, como la literatura, la fotografía o la música, y a la fecha son ya pocas las ramas de la cultura que no se han visto sacudidas y beneficiadas por él. Al reproducir un texto con licencia copyleft se deben acatar los deseos del autor siempre que sean legítimos, es decir, siempre que a su vez respeten las libertades fundamentales del lector o usuario para ese tipo de textos. Si el autor exige, por ejemplo, que cada lectura de ese libro le sea remunerada de cierta manera, estará contraviniendo la libertad del lector de, por ejemplo, prestarle el libro a quien quiera o de leerlo en voz alta a sus hijos, por lo que sus deseos dejan de ser legítimos.

Más allá de su utilidad práctica, lo que el movimiento del software libre hizo ver con toda claridad fue que los derechos del autor debían tener también límites y estar acotados en función de las libertades y derechos de los usuarios, pues de otra forma se vuelven abusivos y francamente voraces.

Libertades y derechos de los lectores

Una vez que se enfoca desde esta perspectiva la tensión actual entre la “propiedad intelectual” y las libertades de los lectores o usuarios, surge la pregunta de cuáles son los derechos y las libertades de cada cual y de ambos en consonancia, pues no tiene caso que la legislación en materia de copyright y derechos de autor siga modificándose y adaptándose a la revolución tecnológica sin tomar en cuenta el otro lado, el correspondiente a los que leerán, duplicarán, disfrutarán o pondrán en circulación esas obras.

En su caracterización del software libre, Richard Stallman, ha enumerado cuatro libertades básicas del usuario: 1) La libertad para ejecutar el programa sea cual sea su propósito. 2) La libertad para estudiar el funcionamiento del programa y adaptarlo a sus necesidades. 3) Libertad para redistribuir copias y ayudar así a los amigos. 4) Libertad para mejorar el programa y luego publicarlo para el bien de toda la comunidad.

¿Pueden extenderse estas libertades básicas al lector o espectador de bienes culturales? ¿De qué manera garantizar las libertades del lector sin contravenir los derechos legítimos de los autores?

Dos de las libertades básicas de los usuarios que propone Stallman presuponen el acceso al código fuente del programa, lo cual permite hacer una analogía y sugerir que las libertades del lector o espectador (aunque habría que encontrar una palabra más abarcadora y sugerente) comienzan, precisamente, con un derecho fundamental, no reconocido hasta hoy: el de estar en condiciones de acceder a las fuentes.

Los estudiantes de música se lamentan de que deben comprar partituras a un costo muy elevado, no importa si se trata de autores que han entrado en el domino público desde hace mucho, o bien, como suele ser el caso, recurrir a las fotocopias, cuando podrían estar a la disposición de quien las necesita en una base de datos. Otro tanto puede decirse de los libros fuera de circulación o los artículos especializados, que si uno no tiene acceso a la Biblioteca del Congreso en Washington Dc. mejor haría en suponer que nunca existieron, tan inencontrables y escurridizos resultan. Y ya ni se diga películas o cuadros…

Si se garantizara el acceso a las fuentes (es una discusión pendiente hasta qué punto podría ser gratuito), se rompería al menos con el apabullante elitismo que existe en el acceso a la cultura, que suele estar restringido a gente con recursos o a académicos, y al menos se daría un paso claro para darle cuerpo y contenido al hoy borroso y más bien olvidado derecho a la cultura. Aunque faltaría esclarecer qué se entiende en cada caso por acceso a las fuentes, la idea general sería que el músico interesado pudiera tener en sus manos la partitura de la obra que le interesa, el estudiante de arquitectura contemplar los planos de un edificio, un lector cualquiera descargar el archivo de texto del libro, etcétera.

Contra la idea de propiedad intelectual

La propuesta del libre acceso a las fuentes se enfrenta, como es obvio, al inmenso escollo de que la naturaleza de las obras culturales es problemática. Por un lado, tienen un perfil de mercancías, están sujetas a las leyes de la oferta y la demanda, y tanto los autores como, sobre todo, las corporaciones que las comercializan, se benefician de su venta. Pero, por otro lado, tienen también un perfil distinto que las emparienta con los bienes comunes, y pueden ser equiparadas a un regalo o una contribución que el autor hace a la tradición, a la humanidad, o más modestamente, a la lengua o a los amantes de la ópera, o de la historia de los cómics o del cine amateur, etcétera.

Pese a que la mayoría de las legislaciones del mundo reconocen un derecho de propiedad a los autores o titulares de derechos sobre obras del intelecto humano, el concepto de propiedad intelectual es una generalización tan vasta y simplista que termina por ser confusa y a veces perniciosa, no sólo porque en aras de un núcleo común más bien exiguo entre legislaciones cercanas pero muy distintas, difumina la disparidad entre los derechos de autor, las patentes y las marcas, cuyas leyes se originaron de forma separada y con intereses diferentes, sino porque equipara la propiedad intelectual con cualquier otra forma de propiedad, por ejemplo, con la propiedad de objetos físicos o extensiones de tierra. ¿Es la creación artística o la producción de conocimiento del tipo de cosas que cabe comparar con la compra de un terreno o de una lámpara?

Antes de que se reconocieran los derechos de autor, las obras artísticas no eran propiedad de nadie, sino que más bien eran patrimonio de todos. No tiene mucho caso repetir que la Ilíada y la Odisea no habrían llegado hasta nosotros si, en contra de su condición de bienes comunes, hubieran sido sometidas a restricciones tanto en lo referente a su circulación como a su transformación y perfeccionamiento. Tampoco tiene mucho caso insistir en que así procede la creación artística también en nuestros días, y que otro tanto puede decirse de la innovación científica y los inventos tecnológicos: a partir de un patrimonio común, de un entramado social complejo en el que por supuesto existe el mérito individual, pero siempre inscrito en una trama de prácticas y tradiciones que lo hacen posible y lo rebasan.

¿Lo que sugiero es desaparecer el copyright por consideraciones más bien hegelianizantes, en donde cada creación habría de ser considerada una voluta más del gran magma del espíritu? No exactamente, pero sí que el copyright se someta a examen y a una reforma concienzuda, pues, además de anticuado, está pervertido por la avaricia y el abuso, además de que en el mundo real, pese a la ampliación y el endurecimiento de sus restricciones, está perdiendo la batalla: día y noche en la mayoría de las computadoras caseras del mundo, en las papelerías de la esquina, en los café–Internet, se verifican violaciones a una legislación que no ha sabido reorientarse y ser sensible a las libertades y derechos de los lectores y los usuarios.

Las gigantescas y cambiantes retículas virtuales están haciendo saltar por los aires los demasiado anquilosados convenios internacionales en la materia, y parece que mientras más candados y códigos de acceso, más multas y amenazas se implementan, más rápido crecen, mutan y se adaptan los mecanismos para compartir información entre los amigos, una práctica a la que muchos denominan “copia no autorizada” y otros más insisten en tachar, con bastante confusión y mala leche, como “piratería”.

Vista con cierta distancia, esa carrera es por completo desigual: mientras que la legislación del copyright se actualiza y endurece cada cierto tiempo (cada tantos años que se reúnen los organismos internacionales), la retícula de intercambios y libre circulación se desplaza a la velocidad de los megabytes por segundo. Dueños hasta cierto punto de los medios de producción, pero sobre todo dueños de los medios de re–producción como nunca se habría imaginado Marx, los que tenemos la sartén por el mango somos los usuarios. Puesto que las leyes de copyright se enmiendan de espaldas a los lectores y sus derechos, nada más natural que nosotros le demos también la espalda al copyright.

Un nuevo enciclopedismo

Durante la Edad Media surgieron proto–enciclopedias (por ejemplo las de Marciano Capella o San Isidoro) que tenían la intención de rescatar la cultura clásica que corría el riesgo de desaparecer con la invasión de los bárbaros. Con intenciones didácticas, construyeron auténticas “arcas de Noé del saber” que se proponían salvar ¡y lo consiguieron! los restos de cultura de la quemazón bárbara, de los continuos autos de fe de los invasores. Por su parte, durante la Ilustración, la Enciclopedia de D’Alambert y Diderot, de la que son herederos casi todos los proyectos enciclopédicos actuales (incluida la Wikipedia), tenía como cometido difundir el saber, propagarlo, de allí que lo que buscaran fuera en primer lugar el compendio, la síntesis y unificación del saber (en la tradición cartesiana, los artículos tenían como dos de sus valores centrales a la claridad y la concisión).

La invasión de los bárbaros hoy adopta otras formas no menos destructivas y terribles para la cultura, por lo que se antoja imprescindible un rescate del tipo que emprendieron Capella y San Isidoro. No es sólo que el imperio del mercado tienda a la homogenización y atente contra la diversidad cultural, sino que literalmente hay una serie de bienes culturales que se están perdiendo, ya sea porque no se reeditan, o porque no hay mercado suficiente, o bien porque los patrimonios son saqueados o están en ruinas, o porque los acervos se incendian, o las guerras a favor de la democracia en el mundo terminan por destruirlos. Con excepción de las novedades y los best–sellers, uno tiene que rascar un rato para encontrar la obra de un autor ni siquiera demasiado marginal u oscuro, y ya no se diga si lo que está buscando es el patrón de los mosaicos en las villas romanas o la trascripción literal de los evangelios apócrifos.

De modo que está, de una parte, la importancia de la conservación frente a la barbarie, por ejemplo frente a la de quienes quieren hacer de las pirámides de Teotihuacan la sede de un espectáculo de luz y sonido. Pero por otra parte, con los medios electrónicos actuales, es posible imaginar un nuevo tipo de enciclopedismo que, a diferencia del de D’Alambert, no esté restringido al saber compendiado, a los artículos que difunden el conocimiento, sino que se expanda al acceso directo a las fuentes, entendiéndolas en sentido amplio, como se dice cuando se le pide a un estudiante que vaya a las fuentes, es decir, que lea a los autores directamente y no sólo a sus comentaristas.

La idea más ambiciosa sería que se garantizara el acceso a las fuentes de todo lo que se ha producido gracias a una base común, a una tradición cultural viva: patentes de medicinas, partituras de compositores, planos de monumentos, código de software, yacimientos arqueológicos, secuencias de códigos genéticos, y, por supuesto, libros, fotos, videos, etcétera.
Dicho en pocas palabras, el objetivo sería: A) rescatar el espíritu de las proto–enciclopedias medievales, sin que se restrinja a una élite de eruditos y escolásticos, sino que tenga acceso cualquiera que tenga una computadora con Internet, y B) ampliar los postulados del iluminismo y del sapere aude a fin de que, en lugar de andarse por las ramas de la divulgación, se pueda ir directamente a la raíz, a las obras, por lo menos a su correlato virtual.

Final ilustrado: la librery(a) de Babel

Quiero concluir con un breve análisis de la babélica iniciativa de Google Libros, que tiene algo de borgesiano e infinito en su raíz (es lo más cercano a la biblioteca universal de la humanidad), con la cual se pretende digitalizar y poner en línea todos los libros disponibles que ha publicado el hombre, ya sea en copia virtual íntegra o en vista parcial, y hasta hace unos meses con independencia de lo que opinaran los titulares de los derechos de autor. La iniciativa, que de algún modo podría estar en consonancia con esta propuesta de acceso a las fuentes, ha dado lugar a toda clase de interpretaciones sobre sus propósitos: que si en el fondo persiguen el lucro puro y duro, que si son los adalides de lo que se ha dado en llamar “la democratización de la cultura”, que si se trata de la infracción a los derechos de autor más descarada y sistemática…

El problema de fondo con la iniciativa de Google, más allá de cómo se resuelvan las demandas de derechos que ha recibido en cascada, es que sería una empresa privada trasnacional la que tendría en su poder todo el acervo libresco de la humanidad, con los peligros que ello conlleva en cuanto a su explotación comercial monopólica o, por qué no, la eventual bancarrota del hoy muy firme emporio. Al comienzo, no estaba claro si el proyecto de Google Libros apuntaba hacia una inmensa librería donde se gestionarían libros sobre demanda, o bien hacia una Biblioteca de Babel en el Ciberespacio, de allí que hubiera voces que no sin candidez lo consideraran un gran proyecto altruista.

El hecho de que se descubriera que el consorcio de los motores de búsqueda ya tenía listas las imprentas de tirajes cortos para producir ejemplares en cuestión de minutos, y el reciente anuncio, en la Feria de Frankfurt, del lanzamiento de una librería digital en la naciente rama de Google Editions, han despejado el panorama: lo que se está construyendo es la librería (digital y en papel) más grande y variada que se haya conocido jamás. Será apetitosa, sin duda, pero eso no tiene mucho que ver con las expectativas un tanto románticas que había generado, según las cuales, por ejemplo, la literatura por fin circularía libremente en la red. (El caso es que entre biblioteca y librería hay una diferencia sustancial, no importa si creemos que “library” se traduce como librería.)

Pero una vez que Google ha esclarecido sus propósitos, la idea de esa biblioteca virtual sigue en el aire. La Unesco, por ejemplo, ya ha lanzado al ciberespacio una Biblioteca Digital Mundial (www.wdl.org/es) con el objetivo de permitir al mayor número posible de personas acceder gratuitamente, mediante Internet, a los fondos de las grandes bibliotecas del mundo en varios idiomas. Proyectos de esta naturaleza, si fueran impulsados y sostenidos a largo plazo, sin duda crearían un contrapeso al ejército de escáneres codiciosos de Google.

Sin embargo, creo que la creación de una biblioteca de esas características colosales podría realizarse si se emprendiera colectivamente, por todos y para el beneficio de todos (un poco como funciona, desde sus comienzos, el Proyecto Gutenberg: http://www.gutenberg.org), un esquema en el que todo aquel que esté interesado podría subir a la red, cumpliendo ciertos requisitos en los que haya previo consenso sobre su digitalización, los libros, partituras o revistas que le apasionan y que no están incluidos en la base de datos, de forma que el proyecto se universalizara gracias al compromiso común y, a la vez, su incesante robustecimiento no dependiera de una empresa determinada. Quizá bajo una lógica de participación y mejora en el espíritu del procomún, la biblioteca atraería más y más obras, al alcance de más personas y con la garantía de que no se perdería su accesibilidad.

El acervo podría ser considerable aún si se limitara, por respeto a las legislaciones vigentes en materia de derechos de autor, a obras de dominio público, por un lado, y a obras con algún tipo de licencia copyleft, por el otro; pero ya entrados en materia, no estaría mal que bajo la presión de bibliotecas digitales gestionadas colectivamente, de una vez se sometiera a examen la vigencia del derecho patrimonial (que en México, según decreto de 2003, alcanza los cien años post mortem auctoris, uno de los más dilatados y quizá insensatos del mundo), así como la sospechosa tendencia a incrementar cada tanto ese plazo en beneficio de unos pocos.

El acceso a las fuentes (o lo que quizá se podría llamar “el derecho a encontrar lo que buscas”), para que sea mínimamente viable ha de construirse de la mano de una revisión de las leyes de derechos de autor y de copyright que no desatienda los derechos de los usuarios, procurando que se logre una conciliación armoniosa y no, como sucede en la actualidad, una fricción que termina en los tribunales. Gracias a Internet, el dominio público podría volverse efectivamente cada vez más público.

Revista fractal 57, http://mxfractal.org/

Luigi Amara (Ciudad de México, 1971), escritor ha publicado libros de poesía, como editor dirige Tumbona ediciones.

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Al día de hoy existen casi 200 naciones reconocidas en mayor o menor medida por la comunidad internacional, más unas cuantas no demasiado reconocidas o no reconocidas en absoluto. El concepto de nación, pese a lo que nos pueda parecer a los que vivimos en países con varios siglos de existencia, es algo cambiante, como lo son las fronteras y los gobiernos. En el último medio siglo unos cuantos países han dejado de existir, en ocasiones al unirse a una entidad mayor, pero la mayoría de las veces disueltos en otros estados más pequeños. Aquí va la lista de países desaparecidos.

República Árabe Unida (1961)

La República Árabe Unida fue una unión soberana entre Siria y Egipto bajo la tutela de este último país, en aquella época regido por Gamal Nasser, uno de los dirigentes políticos más populares del siglo XX en el mundo árabe. La unión entre los dos países era contemplada originariamente como un primer paso hacia la creación de un solo estado árabe (panarabismo). La unión se hizo efectiva en 1958 y tuvo serios problemas desde el principio, básicamente por una cuestión de distribución de poderes descompensada para los sirios y de que en ese país la percepción popular era que Egipto se había anexado a Siria. En septiembre de 1961 un golpe militar sirio que no obtuvo respuesta por parte de Nasser puso fin a la unión. Egipto siguió usando el nombre de República Árabe Unida hasta 1971.

Tanganica (1964)

Tanganika o Tangañica fue una República del África Oriental. En 1946 se convirtió en un territorio bajo fideicomiso de Naciones Unidas y control británico que formó parte de la Mancomunidad Británica de Naciones (la Commonwealth). El 9 de diciembre de 1961 accedió a la independencia. La “República de Tanganica” se estableció el 9 de junio de 1962. En 1964, se unió con la isla de Zanzíbar para formar Tanzania. Tanganica es aún el nombre de la parte continental de Tanzania. El nombre de Tanzania proviene de la fusión de los de Tanganica y Zanzíbar.

Zanzíbar (1964)

Zanzíbar se independizó del Reino Unido el 10 de diciembre de 1963. Comprende tres islas (Zanzíbar, Bemba y Mafia) llamadas las islas de las especias o islas Molucas, en la costa este de África. Muy poco después de la independencia de Zanzíbar se produjo una revolución en la isla que acabó con el dominio de la minoría árabe mantenido durante dos siglos, y con la vida de varios miles de indios y árabes. A principios de 1964 el nuevo gobierno del país negoció la unión de éste con Tanganica, el país más cercano. La unión se hizo efectiva en abril de 1964, con el nombre de Tanzania.

La Ciudad de Piedra de Zanzíbar, fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en el año 2000, al ser una de las ciudades más importantes de la cultura swahili.

República de Vietnam (1975)

También conocido como Vietnam del Sur, la República de Vietnam fue el Estado internacionalmente reconocido que rigió en la parte sur del actual Vietnam, desde la Conferencia de Ginebra en 1954, hasta la finalización de la Guerra de Vietnam en 1976. En la conferencia de Ginebra se hizo oficial la partición de Vietnam en dos estados independientes separados por el Paralelo 17 (el otro era la República Democrática de Vietnam, más conocido como Vietnam del Norte). Una cláusula especificaba que se celebraría un referéndum para la unificación, pero el gobierno del Sur lo canceló poco antes de celebrarse en 1958. La corrupción sistemática del Sur y la voluntad expansiva del Norte, unidos a las intervenciones norteamericanas, soviética y china, desembocaron en la Guerra de Vietnam. En 1973 los EE.UU. se retiraron de la guerra tras perder allí a más de sesenta mil hombres, dejando solos en el combate cuerpo a cuerpo a los Survietnamitas. Pese al apoyo aéreo y logístico norteamericano, en abril de 1975 el ejército de Vietnam del Norte tomó Saigón, aniquilando el estado de Vietnam del Sur y dando origen al actual Vietnam.

Senegambia (1989)

Con el nombre de Senegambia se conoce tanto a la confederación que suscribieron Senegal y Gambia en los años 1980, como, por extensión, a la región de África Occidental en donde se encuentran estos dos países.

Gambia es una irregularidad geopolítica en el corazón de Senegal; un país que consiste básicamente en el territorio alrededor de un río rodeado por todas partes por otro país. Los problemas políticos de esta condición llevaron a los gobiernos de ambos países a intentar una unión confederal para mejorar tanto la seguridad interna como las relaciones internacionales de ambas naciones. Así nació Senegambia, el 1 de febrero de 1982. No duró mucho. La pérdida de soberanía por parte de Gambia no gustó demasiado a sus habitantes, y la falta de cooperación entre ambas partes acabaron con una negativa de Gambia a profundizar más en la unión, y en la disolución de la Confederación por parte de Senegal en diciembre de 1989.

Yemen del Norte y Yemen del Sur (1990)

A diferencia de las dos Coreas o las dos Alemanias, los dos Yémenes en general tuvieron relaciones más o menos amistosas, con la intención declarada de unificarse en algún momento. La República Árabe de Yemen (más conocida como Yemen del Norte) obtuvo su independencia tras la desaparición del Imperio Otomano en 1918. La República Democrática y Popular de Yemen (para los amigos Yemen del Sur) proclamó su independencia del Reino Unido en 1967. Tras periodos de fuerte tensión en los años 70 y 80, en 1988 se llegó a un acuerdo para la unificación que culminaría el 22 de mayo de 1990 con la fundación del actual Yemen.

República Democrática Alemana (1990)

Conocida habitualmente como Alemania Oriental, la RDA fue fundada como estado títere de la Unión Soviética a principios 1949, en la zona de ocupación aliada de la que se encargó la URSS tras finalizar la Segunda Guerra Mundial. Esta zona de ocupación incluía más o menos la mitad de la ciudad de Berlín, quedando el resto de la ciudad rodeado por la propia Alemania del Este. Muros, verjas, alambradas y demás separaron a la RDA de su hermana la Alemania Federal hasta 1989. El 9 de noviembre de ese año, en una fecha para la Historia, el Muro de Berlín fue reventado por la multitud sedienta de libertad. Inmediatamente se puso en marcha el proceso de reunificación, que fue más bien una absorción de la Alemania comunista por parte de la Federal. El proceso culminó en octubre de 1990, menos de un año después de la caída del Muro.

Unión Soviética (1991)

La disolución de la Unión Soviética en nada menos que quince repúblicas independientes, fue un proceso que comenzó en 1990 cuando las Repúblicas Bálticas se lanzaron hacia la independencia. En agosto de 1991 un golpe de estado por parte del ala dura del Partido Comunista de la URSS, opuesto a las políticas aperturistas de Mijail Gorbachov, secretario general del Partido Comunista de la Unión soviética desde 1985, provocó la desvandada de la mayor parte de los miembros de la Unión y la destrucción de la autoridad del Partido Comunista. Los miembros de la URSS proclamaron su independencia a lo largo de los siguientes meses, marcando cada uno de ellos un escalón más en el colapso del imperio de los soviets. La fecha de defunción de la URSS fue el 25 de diciembre de 1991, cuando Gorbachov dimitió oficialmente de su puesto, que a esas alturas era meramente nominal: presidente de un país que ya no existía, salvo sobre el papel.

Disolución de la URSS. Por orden alfabético: 1. Armenia; 2. Azerbaiyán; 3. Bielorrusia; 4. Estonia; 5. Georgia; 6. Kazajistán; 7. Kirguistán; 8. Letonia; 9. Lituania; 10. Moldavia; 11. Rusia; 12. Tayikistán; 13. Turkmenistán; 14. Ucrania; 15. Uzbekistán.

Yugoslavia (1992)

Pocos países han tenido un final tan trágico como Yugoslavia. Fundada en 1918 tras la Primera Guerra Mundial, como Reino de Yugoslavia, se convirtió en una República Socialista después del final de la II Guerra Mundial en 1946. Las tensiones internas del país provocadas por los crecientes nacionalismos se dispararon tras la muerte del Mariscal Josip Broz Tito, el arquitecto del país, en 1980. En 1991 estalló la guerra entre Yugoslavia (para entonces compuesta por Montenegro y Serbia, incluyendo Kosovo) y Eslovenia, Croacia y Bosnia. Macedonia se independizó sin derramamiento de Sangre. Eslovenia tardó diez días en ganar su guerra, Croacia y sobre todo Bosnia padecieron tres años de guerra, con su rosario de genocidios, campos de concentración, crímenes contra la Humanidad y demás horrores. De la disolución de Yugoslavia salieron originalmente seis estados: Eslovenia, Croacia, Bosnia, Macedonia, Kosovo y la Federación de Serbia y Montenegro.

Checoslovaquia (1993)

Checoslovaquia era una federación entre la República Checa y Eslovaquia surgida tras la I Guerra Mundial y la desaparición del Imperio Austrohúngaro. Tras la II Guerra Mundial fue parte de los estados satélites de la URSS en Europa del Este. En 1989 vivió su propia revolución cívica (la Revolución de Terciopelo), un movimiento social que acabó con el régimen comunista en el país. Al ser la República Checa más desarrollada y Eslovaquia un mayor crecimiento, la opinión pública se dividió casi a partes iguales sobre si continuar o no con la Federación. Finalmente, en agosto de 1992 el parlamento eslovaco declaró la independencia del país, que se hizo efectiva la disolución de Checoslovaquia.

Serbia y Montenegro (2006)

En 1992, en pleno estallido de las guerras yugoslavas, se fundó la República Federal de Yugoslavia, sucesora de la Yugoslavia de Tito, y cuyos dos únicos miembros eran Serbia y Montenegro. En el año 2003, y debido a las fuertes tensiones entre las dos repúblicas, se cambió el nombre de la Federación a Unión Estatal de Serbia y Montenegro. Para entonces las políticas comunes se reducían a defensa y política exterior. De hecho Montenegro ya usaba el Euro como moneda oficial, mientras que Serbia seguía usando el Dinar. En mayo de 2006 un referéndum aprobó con un 55% de los votos la independencia montenegrina y, por lo tanto, la disolución definitiva de Yugoslavia.

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Los primeros años de la década de los noventa fueron profusos en nacimientos de nuevas naciones e independencias variadas. Las hubo traumáticas, sencillas, con guerras, pactadas de antemano, inevitables, de todo. El desplome del llamado socialismo real con la desaparición de la antigua Unión Soviética y de la ex -Yugoslavia provocó en Europa el nacimiento de nuevos y desconocidos países, hay que decirlo, parecen intercambiables muchos de ellos. Ocurrió en Asia Central, en África, Latinoamérica y el Caribe, en Oceanía, en los cinco continentes; cambios geográficos y de formaciones sociales que dejaban obsoletos los mapas colgados en paredes o las enciclopedias que consultamos en las bibliotecas. En las últimas tres décadas un total de 35 países han alcanzado su independencia y 1991 el año pródigo en la aparición de estos nuevos países. Todos menos uno son miembros hoy de las Naciones Unidas. Repasemos brevemente el cómo, el cuando y el por qué de estas nuevas naciones.

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Santa Lucía. Fecha de independencia, 22 de Febrero de 1979. Capital Castries. Un pequeño estado miembro de la Comunidad del Caribe y la Organización de Estados Americanos (OEA) ubicado al norte de San Vicente y las Granadinas y al sur de la isla de la Martinica. Colonia francesa desde 1674 hasta 1803, bajo soberanía británica desde entonces, la pequeña isla caribeña descubrió el autogobierno en 1924 a través de una constitución otorgada por los británicos, el sufragio universal llegó en los años cincuenta. A partir de 1967 la isla fue un Estado Libre Asociado, con autogobierno total excepto en defensa y relaciones internacionales. El acuerdo firmado con Gran Bretaña expiró el 22 de febrero de 1979 y accedió así Santa Lucía a la plena independencia.

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Kiribati. Fecha de independencia, 12 de julio de 1979. Capital Tarawa. Es un archipiélago y país insular ubicado en la zona central oeste del océano pacífico, al noreste de Australia. Está integrada por un grupo de 33 atolones coralinos y la isla volcánica de Banaba diseminados en un área de más de tres millones de kilómetros cuadrados. Las Islas Gilbert y Ellice en el Pacífico Sur, fueron un protectorado británico desde 1892, y una colonia a partir de 1916. En 1971 gozaron de cierto autogobierno, que aprovechan para dividirse en dos colonias (Gilbert y Ellice). Las Islas Ellice proclamaron su independencia en 1978, con el nombre de Tuvalu. Un año más tarde las Gilbert hicieron lo propio con el nombre de Kiribati, pronunciación en el idioma local de “Gilbert”.

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San Vicente y las Granadinas. Fecha de independencia, 27 de octubre de 1979. Capital Kingstown. País isleño situado al norte de Venezuela y de la isla de Granada, en la cadena de las Antillas Menores del mar Caribe. Fue colonia británica desde 1763 hasta su independencia. Al igual que su vecina Santa Lucía, tuvo un autogobierno desde los años 20 del sXX y el sufragio universal en 1951. En 1969 Gran Bretaña le concedió el control absoluto de sus asuntos internos y la condición de Estado Libre Asociado. Diez años después, y tras un referéndum, el país accede a la independencia completa.

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Vanuatu. Fecha de independencia, 30 de julio de 1980. Capital Port Vila. Es un país insular localizado a unos 1.750 km al este de Australia y al sur de las Islas Salomón, cerca de Nueva Guinea. El Archipiélago del Pacífico Sur fue conocido como Nuevas Hébridas desde que el Capitán Cook las llamara así a finales del siglo XVIII, hasta su independencia. Franceses e ingleses se repartieron las islas hasta que en 1906 formaron un condominio que compartía la soberanía sobre el territorio. La duplicidad de leyes, tribunales y administraciones y por lo tanto de burocracia, no impidió que tras la II Guerra Mundial, aparecieran movimientos nacionalistas que llevaron en los años sesenta al autogobierno, en la década de los setenta aparecen los parlamentos regionales y en los ochenta, la independencia.

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Belice. Fecha de independencia, 21 de septiembre de 1981. Capital Belmopán. Ubicado en el extremo noreste de América Central, limita al norte con México y al oeste y sur con Guatemala. El territorio del país fue colonia española entre los siglos XVII y XIX. En 1862 se convierte en colonia del Reino Unido, con el nombre de Honduras Británica. Guatemala, independiente desde 1821, reconoció la colonia británica a cambio de una serie de beneficios económicos que nunca se cumplieron. El tratado fue declarado nulo por Guatemala en los años 40 del siglo XX. La posición guatemalteca, inamovible, exigía la integración de todo el territorio de Belice a su país. Los beliceños no estaban de acuerdo y su gobierno ganó apoyos internacionales para la independencia. Guatemala y el Reino Unido rompieron relaciones en 1975. Belice ganó el apoyo de la mayor parte de sus vecinos para la independencia completa, que terminaría produciéndose en 1981. Guatemala tardó casi veinte años en reconocer al nuevo estado soberano y aún mantiene reclamaciones sobre dos terceras partes de su territorio.

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Antigua y Barbuda. Fecha de independencia, primero de noviembre de 1981. Capital Saint John. Una nación formada por un conglomerado de islas situada al este del mar Caribe. Su caso es muy parecido a los de Santa Lucía y San Vicente, vecinas en las Antillas Menores. Fue colonia británica desde 1636 tras el traslado de católicos irlandeses a la isla; en los años 60 del siglo XX ganó cierto autogobierno y se transformó en un Estado Libre Asociado a mediados de los setenta. En 1981 ganó finalmente la independencia del Reino Unido.

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San Cristóbal y Nieves. Fecha de independencia, 19 de septiembre de 1983. Capital Basseterre. Es el país más joven del continente americano. También es el más pequeño y el menos poblado. Las dos islas fueron descubiertas por Cristóbal Colón, que les dio su nombre en castellano. Su nombre oficial inglés (Saint Kitts and Nevis) es una derivación fonética del nombre español. Al igual que Antigua y Barbuda tras tres siglos y medio de colonización inglesa y francesa accedió al autogobierno en los años 60 del siglo pasado, junto con la isla de Anguila, en la forma de Estado Libre Asociado, manteniendo el Reino Unido las competencias en defensa y relaciones exteriores. Anguila prefirió no formar parte de la federación isleña, y se separó de ésta en 1971 (actualmente sigue siendo territorio británico). San Cristóbal y Nieves o Saint Kitts and Nevis accedió a la independencia en 1983.

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Brunéi. Fecha de independencia, 1 de enero de 1984. Capital Bandar Seri Begawan. Su nombre completo es Negara Brunei Darussalam, que significa “Estado de Brunei, Morada de la Paz”. El sultanato de Brunei es uno de los tres países que comparten la isla de Borneo. Durante varios siglos fue una potencia regional, llegando a controlar parte de las Filipinas (hasta que les fueron arrebatadas por los españoles). En 1888 Brunei firmó un acuerdo con el Reino Unido que ponía al sultanato bajo protección británica, cediéndole la representación exterior, la defensa y la seguridad interna a Gran Bretaña. A pesar del tratado Londres no pudo proteger a Brunei de la ocupación japonesa durante la Segunda Guerra Mundial, pero sí lo hizo en 1962 cuando se desató una revuelta contra el sultán apoyada por Indonesia. En 1959 se firmó una constitución que otorgaba a Brunei el estatus de Estado Libre Asociado, vigente durante 25 años. El sultán de Brunei no tenía la menor prisa por dejar de depender de los británicos, quienes decidieron independizar el país a partir del 1 de enero de 1984.

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Islas Marshall. Fecha de independencia, 21 de octubre de 1986. Capital Majuro. Estado insular ubicado en el océano Pacífico en la Micronesia. Descubiertas por el español Alonso de Salazar en 1529, es el explorador británico John Marshall quien les dio su nombre a finales del siglo XVIII. España y Alemania se disputaron su soberanía a finales del siglo XIX, cediéndola los españoles a cambio de una compensación económica. Durante la I Guerra Mundial Japón ocupó las islas; la ocupación duró hasta la II Guerra Mundial, cuando Estados Unidos se convirtió en la potencia ocupante. Mediante un mandato de la ONU EE.UU. se encargó de la administración de las islas. En ellas se hicieron pruebas nucleares durante los años sesenta. En 1979 se otorgó una constitución a los isleños, y en 1986 el país accede a la independencia plena,para firmar acto seguido un tratado de Libre Asociación con los EE.UU. Pese a la dependencia de los norteamericanos, las Marshall son miembros de pleno derecho de la ONU.

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Estados Federados de Micronesia. Fecha de independencia, 3 de noviembre de 1986. Capital Palikir. Forma parte de Oceanía. La región está formada por cientos de pequeñas islas repartidas sobre una amplia extensión del Pacífico Oeste. El archipiélago comparte gran parte de su historia reciente con las Islas Marshall. Dominio español vendido a Alemania en 1899, fue ocupado por Japón en 1918 y tomado a sangre y fuego por EE.UU. durante la II Guerra Mundial. Un mandato de la ONU le dio a Washington la administración de las 607 islas que forman el país. En 1979 se aprobó una constitución que dividía el territorio en cuatro estados federados, y en 1986 los cuatro estados aprobaron un tratado de Libre Asociación con EE.UU., que supuso la independencia del país. Al igual que las Marshall, el país es miembro de pleno derecho de la ONU.

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Namibia. Fecha de independencia, 21 de marzo de 1990. Capital Windhoek. Limitando al norte con Angola, al noreste con Zambia, al oeste con el océano Atlántico, al este con Botsuana, y al sudeste y al sur con Sudáfrica. Su territorio actual se configuró a finales del siglo XIX como colonia alemana (Africa del Sudoeste), que tras la I Guerra Mundial pierde todas sus colonias. La Sociedad de Naciones (anterior a la ONU), le entregó un mandato a Sudáfrica para administrar el territorio, el gobierno sudafricano procede directamente a la anexión del territorio, su ocupación militar y la aplicación del segregacionismo o apartheid. Después de la II Guerra Mundial, la ONU declaró ilegal la ocupación e instó sin suerte a Sudáfrica a acabar con ella. En los años 60 apareció una guerrilla independentista (SWAPO, apoyada por Angola y Cuba). Durante un cuarto de siglo se sucedieron sangrientos y crueles enfrentamientos, en 1988 se firmó un acuerdo de paz, que permitió llamar a elecciones libres en 1989, ganadas por el SWAPO y lograr la independencia un año después.

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Lituania. Fecha de independencia, 11 de marzo de 1990. Capital Vilna. Se ubica junto al mar Báltico que comparte con Suecia, Finlandia, Estonia, Letonia, Polonia, Alemania, Dinamarca y Rusia, al norte limita con Letonia, al este con Bielorrusia y al suroeste con Polonia y el enclave ruso de Kaliningrado. Fue la primera república en desertar de la tiranía soviética. Desde 1986, año de la aparición de la perestroika y la glásnost en la URSS, las tres Repúblicas Bálticas vieron crecer un enorme movimiento independentista, que a la postre se llamaría Revolución Cantada, y cuyo punto culminante fue la llamada Cadena Báltica, una cadena humana formada por más de dos millones de personas entre Tallín (capital de Estonia) y Vilna, a lo largo de 600 kilómetros. En Lituania ese movimiento llevaría al parlamento a declarar la restauración de la independencia en marzo de 1990.

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Letonia. Fecha de independencia, 4 de mayo de 1990. Capital Riga. Es uno de los Países Bálticos y limita al norte con Estonia (343 km), al sur con Lituania (588 km), al este con Rusia (276 km) y Bielorrusia (141 km) y al oeste con el Mar Báltico. Es un país de llanuras bajas pobladas de extensos bosques. En un proceso muy similar al de Lituania, el parlamento letón proclamó la restauración de la independencia en mayo de 1990, con un periodo de transición que concluyó abruptamente en agosto del año siguiente, cuando el golpe de estado contra Gorbachov, ex -primer ministro ruso, provocó el hundimiento definitivo de la Unión Soviética. Al igual que sucedió en Vilna, la capital también vivió un ataque de fuerzas pro soviéticas (básicamente las fuerzas especiales de la URSS estacionadas en el país), que finalmente fracasaron.

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Georgia. Fecha de independencia, 9 de abril de 1991. Capital Tiflis. Un país situado en el límite entre Europa y Asia localizado en la costa del mar Negro, al sur del Cáucaso, comparte fronteras con Rusia al norte, y con Turquía y Armenia al sur, y con Azerbaiyán al este. En plena Perestroika, la incomodidad del país dentro de la Unión Soviética era manifiesta desde la caída del Muro de Berlín. La presión popular con manifestaciones y huelgas de por medio, llevó al gobierno pro soviético a convocar elecciones multipartidistas en octubre de 1990, comicios en los que venció el nacionalismo georgiano. El 31 de marzo de 1991 se celebró la consulta popular, en la que el sí ganó con un 98,9% de los votos. Apenas 9 días más tarde se proclamó la independencia.

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Eslovenia. Fecha de independencia, 25 de junio de 1991. Capital Liubliana. Un país miembro de la Unión Europea. Limita con Italia al oeste, con el mar Adriático al suroeste, con Croacia al sur y al este, con Hungría al noreste y con Austria al norte. Tras la muerte en 1980 del mariscal Tito, auténtico forjador de Yugoslavia, las tensiones étnicas y políticas en la federación yugoslava, largamente contenidas, salieron a la superficie de manera cada vez más agresiva. La política centralizadora y proserbia de Slobodan Milosevic contribuyó bastante a ello. En abril de 1990 se celebraron elecciones libres en Eslovenia, en diciembre de ese año un referendo por la independencia, resuelto con un aplastante 88% de los votos a favor. Ese día comenzaron los preparativos para la inevitable guerra al proclamar Eslovenia su independencia. Serbia procedió a invadir el país, lo que provocó la conocida guerra de los diez días ganada por Eslovenia, merced al apoyo absoluto de la población civil y a su superior conocimiento del terreno. El apoyo internacional y la inexistencia de una importante minoría serbia en el país (determinante en los destinos de Croacia o Bosnia países que nacieron también de la ex -Yugoeslavia) y la existencia de la república croata como escudo ante Serbia ayudaron mucho también. En enero de 1992 el país fue reconocido internacionalmente.

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Croacia. Fecha de independencia, 25 de junio de 1991. Capital Zagreb. Limita con Eslovenia y Hungría por el norte, Serbia por el noreste, Bosnia y Herzegovina por el este y Montenegro por el sur. Hacia el suroeste, Croacia bordea el mar Adriático y comparte también una frontera marítima con Italia en el Golfo de Trieste. La independencia croata también llegó a través de una guerra. Previamente a la declaración de independencia la minoría serbia en la República Socialista de Croacia se había rebelado contra el gobierno central y proclamado la República Serbia de Krajina, en la frontera de Croacia con Bosnia y Herzegovina), con el apoyo del ejército yugoslavo (formado casi exclusivamente por serbios y montenegrinos). El 19 de mayo de 1991 se celebró en Croacia un referéndum de independencia, boicoteado por los serbios, en el que el sí venció por un 99%. Croacia proclamó su independencia el mismo día que Eslovenia, y mantuvo a partir de entonces una guerra de cuatro años contra Serbia por el control de la Krajina, resuelta en 1995 mediante la Operación Tormenta, que fue una guerra de exterminio étnico del ejército croata contra la población serbia y provocó juicios de guerra con el apoyo de tropas de la ONU.

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Estonia. Fecha de independencia, 20 de agosto de 1991. Capital Tallin. Desde 2004 forma parte de la Unión Europea (UE) y de la OTAN. Limita al sur con Letonia, al este con Rusia, al norte con el golfo de Finlandia y al oeste con el mar Báltico. Al igual que sucediera en sus dos vecinos bálticos, de 1986 en adelante el nacionalismo estonio ganó adeptos por todo el país, que realizan una serie de protestas y manifestaciones a favor de la independencia. Los gobernantes estonios fueron muy cautos y midieron mucho los tiempos, para evitar la violencia que había herido a Letonia y Lituania. Las primeras elecciones libres se celebraron en 1990; en abril del año siguiente se celebró un referéndum por la independencia, que resultó apoyada por más de tres cuartas partes de la población. Después del golpe de estado prosoviético de agosto del 91 en Moscú, Estonia proclamó su independencia reconocida por Moscú días después, el 6 de septiembre.

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Ucrania. Fecha de independencia, 24 de agosto de 1991. Capital Kiev. Un país ubicado en la Europa oriental. Limita con Rusia hacia el este, con Bielorrusia al norte, con Polonia, Eslovaquia y Hungría hacia el oeste, con Rumania y Moldavia al suroeste y con el mar Negro y el mar de Azov al sur. La ola democratizadora provocada por el proceso de reformas llamado perestroika e impulsado por Mijail Gorbachov, permitió a Ucrania declarar en 1990, su soberanía dentro de la URSS, con la prevalencia de las leyes ucranianas sobre las soviéticas dentro de su territorio. Tras el golpe de estado ruso de agosto del 91, el parlamento ucraniano declaró la independencia el día 24 del mismo mes y ratificado mediante referéndum popular en diciembre, al tiempo que se celebraban las primeras elecciones democráticas.

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Bielorrusia. Fecha de independencia, 25 de agosto de 1991. Capital Minsk. Antiguamente llamada Rusia Blanca, es un estado de Europa Oriental que limita al norte con Lituania y Letonia, al este con la Federación Rusa, al sur con Ucrania y al oeste con Polonia. Al igual que Ucrania, la República Socialista de Bielorrusia declaró su soberanía frente a la URSS en el verano de 1990. Un año más tarde, como consecuencia del golpe de estado contra Gorbachov, el parlamento bielorruso declaró la independencia del país. En diciembre de ese año los presidentes bielorruso, ucraniano y ruso se reunieron para firmar la disolución de la Unión Soviética y el nacimiento de la Comunidad de Estados Independientes (CEI) organización supranacional compuesta por 10 de las 15 ex – repúblicas soviéticas y lideradas por Rusia.

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Moldavia. Fecha de independencia, 27 de agosto de 1991. Capital Chisinau. Un país sin litoral, ubicado en Europa, entre Rumania al oeste y Ucrania al norte, este y sur. Al igual que sus dos antecesoras cronológicas en la secesión de la URSS, Moldavia ya había declarado su soberanía sobre las leyes soviéticas en 1990. Los moldavos, étnicamente rumanos, proclamaron finalmente su independencia pocos días después del golpe de estado de 1991. Un año antes la minoría eslava, concentrada en la margen oriental del río Dniester, proclamó con ayuda rusa la república separatista de Transnistria que mantiene los símbolos soviéticos con una ideología de libre mercado, pero no ha sido reconocida por la comunidad internacional.

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Kirguistán. Fecha de independencia, 31 de agosto de 1991. Capital Biskek. un país montañoso de Asia central, sin salida al mar, que tiene frontera con la República Popular China, Kazajistán, Tayikistán y Uzbekistán. Al igual que en el resto de ex -Repúblicas Soviéticas, en Kirguistán apareció un movimiento reformista de corte democrático que se hizo con el poder en octubre de 1990. En 1991 se celebró un referéndum, patrocinado por Moscú, sobre la permanencia del país en una URSS renovada, el sí a la independencia ganó con un 88% de los votos. Sin embargo, el fallido golpe contra Gorbachov unido a un intento similar dentro de la propia república kirguís, precipitó la independencia de la república.

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Uzbekistán. Fecha de independencia, 31 de agosto de 1991. Capital Taskent. Situada en Asia Central, limita al norte y noroeste con Kazajistán, al sur con Afganistán, al noreste con Kirguistán, al sureste con Tayikistán y al suroeste con Turkmenistán. La historia se repitió en esta ex –república soviética con el añadido religioso de ser un país de mayoría musulmana. Durante los años de la política de apertura Gorbacheana conocida como glásnost, los movimientos independentistas crecieron sin llegar en ningún momento a ser mayoritarios. El golpe de estado ruso del 19 de agosto, sirvió como catalizador del independentismo y provocó la separación de la ex -URSS, el mismo día en que lo hizo Kirguistán. La independencia fue ratificada con un referendo en diciembre de ese mismo año, con un 98% de los votos emitidos a favor.

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Macedonia. Fecha de independencia, 8 de septiembre de 1991. Capital Skopie. Estado independiente de la Península Balcánica en el sureste de Europa, cuyo nombre proviene de la región histórica homónima, cuna de Aristóteles, Filipo II y Alejandro Magno. Limita al norte con Serbia (incluyendo Kosovo), al este con Bulgaria, al sur con Grecia y al oeste con Albania. A diferencia de las demás repúblicas de la Federación Yugoslava, Macedonia se independizó a través de un referéndum popular sin sufrir una guerra. Su primer problema como estado independiente fue su nombre. Grecia no aceptó el constitucional de República de Macedonia porque la región limítrofe griega con el país se llama igual, y llegó a decretar un embargo comercial contra el país recién nacido. Finalmente se llegó a una solución de compromiso, consistente en denominar a Macedonia como Antigua República Yugoslava de Macedonia, o FYROM, por sus siglas en inglés.

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Tayikistán. Fecha de independencia, 9 de septiembre de 1991. Capital Dusambé. Es un pais sin salida al mar ubicado en Asia central. Limita con Afganistán al sur, con la República Popular China al este, con Kirguistán al norte y con Uzbekistán al oeste. En el último tercio de los años 80 la influencia de los tayikos en la vida pública de la antigua república soviética aumentó en detrimento de la minoría rusa. En 1990 se produjeron grandes manifestaciones favorables al autogobierno y al liderazgo de la etnia tayika. Las discrepancias internas, sin embargo, eran enormes entre las distintas facciones del país. Tras el fracaso del golpe de estado en la ex – URSS se proclamó la independencia, que originó inmediatamente una guerra civil durante cinco años.

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Armenia. Fecha de independencia, 21 de septiembre de 1991. Capital Ereván. Es un país euroasiático, sin salida al mar, ubicado en el Cáucaso meridional. Comparte frontera al oeste con Turquía, al norte con Georgia, al este con Azerbaiyán y al sur con Irán y el enclave azerí de Najicheván. En pleno proceso de desintegración soviético, Armenia y su vecina Azerbaiyán comenzaron un conflicto por el control del Alto Karabaj o Nagorno Karabaj, una región técnicamente azerí pero poblada en su mayoría por armenios. Por esta, entre otras muchas causas, se sucedieron las manifestaciones de corte nacionalista que exigían la autonomía, cuando no la independencia. En 1990 Armenia declaró su soberanía frente a la URSS, como ya lo habían hecho Ucrania o Bielorrusia. Tras el golpe de estado contra Gorbachov de 1991, el país se apresuró a votar y proclamar su independencia.

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Azerbaiyán. Fecha de independencia, 18 de octubre de 1991. Capital Bakú. País eurasiático situado en el Cáucaso al borde del mar Caspio. Limita con Rusia por el norte, con Georgia y Armenia por el oeste y con Irán por el sur. Tras proclamar su soberanía restauraron su bandera tradicional y eliminaron la soviética. En septiembre del año siguiente se celebraron elecciones presidenciales, y el 18 de octubre el parlamento proclamó la independencia, ratificada en referéndum en diciembre de 1991. En ese mismo mes la población del Alto Karabaj votó también por la independencia, sin que los azeríes lo aceptaran de buen grado y estalló la guerra del Alto Karabaj, que duraría cuatro años y terminó con Armenia controlando una sexta parte del territorio azerí.

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Turkmenistán. Fecha de independencia, 27 de octubre de 1991. Capital Asjabad. País de Asia Central dominado la mayor parte del país por el desierto de Karakum, limita al noroeste con Kazajistán, norte y noreste con Uzbekistán, al suroeste con Irán, al sureste con Afganistán y al oeste con el mar Caspio. El país de los turcómanos, cuya bandera es una de las más detallistas del planeta, siguió los pasos de la mayor parte de las repúblicas soviéticas, al asumir la mayor parte de las competencias política, económica, social y proclamó la independencia en octubre del 91, cuando el proceso de desmoronamiento de la URSS se acercaba ya a su final.

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Kazajistán. Fecha de independencia, 16 de diciembre de 1991. Capital Astaná. país transcontinental, con la mayor parte de su territorio situada en Asia Central y una menor en Europa. Con una superficie de 2.727.300 kms., es el noveno país más grande del mundo. Es uno de los seis Estados túrquicos independientes, junto a Turquía, Azerbaiyán, Kirguistán, Uzbekistán y Turkmenistán; comparte fronteras con los tres últimos y con Rusia y China, a la vez que posee costas en el mar Caspio y el antiguo mar de Aral. La última república en independizarse formalmente del gigante soviético lo hizo casi a regañadientes. Aunque en 1989 se habían producido manifestaciones populares contra la política moscovita de realizar pruebas nucleares en su territorio. El 16 de diciembre de 1991 finalmente Kazajistán proclamó su nacimiento como Estado.

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Bosnia y Herzegovina. Fecha de independencia, 1 de marzo de 1992. Capital Sarajevo. Situada en la Península de los Balcanes, en el sureste del continente europeo, y cuyas fronteras están delimitadas con Croacia, al norte, oeste y sur; con Serbia al este; con Montenegro al este y al sur con el Mar Adriático. La pequeña república fue de lejos, la que más sufrió al independizarse. Bosnia es una república multiétnica, donde conviven croatas, bosnios y serbios. Los dos primeros se encontraban mayoritariamente a favor de la independencia, mientras que la minoría serbia (un 30% en aquella época) se mostraba favorable a la permanencia en la federación yugoslava. No obstante declararon su soberanía y el 1 de marzo de 1992 celebraron un referendo de independencia; con un 64% de participación otorgaron un 98% de papeletas al “sí”. Bosnia no aceptó el resultado y su ejército procedió a invadir el país, y a exterminar a bosnios y croatas, después. Los propios croatas, supuestamente aliados de los bosnios, protagonizaron un par de campañas de limpieza étnica contra ellos en las zonas donde eran mayoritarios. Sarajevo sufrió durante tres años el peor asedio desde la II Guerra Mundial y las matanzas de civiles a manos de las fuerzas serbias se contaron por decenas. La guerra terminó cuando en 1995 la OTAN decidió pasar a la acción y combatir con cazabombarderos a las fuerzas serbobosnias. Los acuerdos de Dayton de 1995 configuraron el estado plurinacional bosnio, que tiene nada menos que tres presidentes, uno por cada etnia, croata, bosnia, y serbia.

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Eslovaquia. Fecha de independencia, 1 de enero de 1993. Capital Bratislava. Limita al suroeste con Austria, al noroeste con la República Checa, al norte con Polonia, al este con Ucrania y al sur con Hungría. Formalmente Checoslovaquia era una federación entre las repúblicas de Chequia y Eslovaquia, en la que el mayor peso lo llevaba Praga. Tras la Revolución de Terciopelo de 1989, que llevó a la caída del comunismo y al establecimiento de la democracia, el asunto de la separación se planteó entre los gobernantes y la ciudadanía, dividida casi a partes iguales, en ambas repúblicas entre la permanencia como federación y la división. En 1992 el parlamento eslovaco decidió proclamar la independencia, llevada a cabo de manera muy civilizada, en lo que se llamó el “divorcio de terciopelo“. La independencia fue efectiva el 1 de enero de 1993.

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Eritrea. Fecha de independencia, 24 de mayo de 1993. Capital Asmara. Situado al noreste de África, limita al norte y al oeste con Sudán, al sur con Etiopía y Yibuti, al este el país posee una extensa costa con el mar Rojo. Colonia Italiana desde 1890, el territorio de Eritrea se vio pronto unido al de Etiopía, cuando en los años 40 el dictador Mussolini proclamó el exiguo Imperio Italiano, consistente en Eritrea, Etiopía y la Somalia Italiana (actual Yibuti). Tras ser conquistada por el ejército inglés durante la II Guerra Mundial, la ONU decidió federar el país con Etiopía en 1950. Diez años después ya había aparecido un movimiento independentista, que provocó que el Emperador Haile Selassie degradara al país a la condición de provincia. La guerra de independencia duró cosa de treinta años. Etiopía resistió gracias al apoyo soviético, la caída del comunismo precipitó el final de la guerra. En 1993 se celebró un referéndum, auspiciado por Estados Unidos y apoyado por Etiopía, saldado con un 99,8% de los votos a favor de separarse.

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Palaos. Fecha de independencia, 1 de octubre de 1994. Capital Melekeok. país insular compuesto por cerca de trescientas cuarenta islas de origen volcánico y coralino en el mar de Filipinas del océano Pacífico, situado en el extremo occidental de las Islas Carolinas cerca del límite entre Asia y Oceanía. Se encuentra a 650 km al norte de Papúa Nueva Guinea, a 890 km al oriente de las Filipinas, a 1.330 km al souroccidente de Guam y a cerca de 3.200 km al sur de Tokio. Las islas que componen la República de Palaos, comparten gran parte de su historia con las islas Marshall o con Micronesia. Colonizadas por ingleses y españoles, éstos últimos se las vendieron a los alemanes a finales del XIX. Posteriormente, tras la I Guerra Mundial Japón se hace cargo de su administración, y finalmente Estados Unidos asume su control al acabar la II Guerra Mundial, a través de un mandato de la ONU. En los años 70 y 80 la mayor parte de las islas del Pacífico alcanzaron su independencia, pero en Palaos hicieron falta ocho referendos y la muerte de dos presidentes (uno asesinado y otro suicidado) para que finalmente eso suceda. Palaos mantiene un tratado de libre asociación con EE.UU. que no le impide ser miembro de pleno derecho de la ONU, y tener un voto en ella, pese a que su población es de veinte mil habitantes.

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Timor Oriental. Fecha de independencia, 20 de mayo de 2002. Capital Dili. Oficialmente Timor Oriental se independizó de Portugal el 28 de noviembre de 1975, pero Indonesia, su vecino 130 veces más grande y doscientas veces más poblado, invadió nueve días después la isla, con el apoyo de Estados Unidos y Australia, dado el carácter “revolucionario” del movimiento independentista timorense. Durante el siguiente cuarto de siglo Indonesia ocupó la isla, sin recibir sanciones de la ONU gracias al voto de bloqueo de EE.UU. en el organismo. En ese tiempo se calcula que el régimen de Suharto asesinó a entre sesenta y doscientas cincuenta mil personas. En 1999 la presión internacional obligó a Indonesia a permitir la celebración de un referéndum sobre la independencia. Antes de que se conocieran los resultados milicias a sueldo de Indonesia provocaron una masacre en todo el país, redujeron a cenizas la mayor parte de las ciudades y las infraestructuras y mataron a dos mil personas, amén de provocar que tres cuartas partes de la población huyeran de sus casas. Finalmente, la llegada de tropas internacionales permitió la independencia en 2002.

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Montenegro. Fecha de independencia, 3 de junio de 2006. Capital Podgorica. Limita con Albania, Bosnia y Herzegovina, Croacia y Serbia (incluyendo Kosovo). El pequeño territorio balcánico era la única república federativa yugoslava que quedaba unida a Serbia tras las independencias de todas las demás a principios de los noventa. Sin embargo, desde finales de los noventa en adelante las tensiones entre Podgorica y Belgrado aumentaron notablemente, debido al distinto peso de los dos países en la federación. Los bombardeos de la OTAN contra Serbia por su política de limpieza étnica en Kosovo también afectaron a Montenegro, lo que no hizo sino empeorar las relaciones entre ambos países. En 2003 Yugoslavia se transformó en “Serbia y Montenegro”, otorgando mayor autonomía a ambos países, pero esto no pudo frenar el independentismo. En mayo de 2006 se celebró el referendo definitivo, en el que un 55,5% de los montenegrinos votaron a favor de la independencia, superando por solo 2.000 votos el límite del 55% que había marcado la Unión Europea para dar validez a la consulta.

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Kosovo. Fecha de independencia, 17 de febrero de 2008. Capital Pristina. Ubicado en la península de los Balcanes, tiene una superficie de 10.887 km² y está habitado por cerca de 1,8 millones de personas. Limita con Montenegro, Albania, Macedonia y la región de Serbia Central. El país más joven del mundo hasta el momento, y el único no reconocido por la ONU de todos los aquí nombrados. A diferencia de otros estados no reconocidos por Naciones Unidas, como Transnistria o Somalilandia, Kosovo goza del reconocimiento de 56 países de todo el mundo, incluyendo la mayoría de los miembros de la Unión Europea y de la OTAN. Estados Unidos, Francia, el Reino Unido, Alemania, Japón, Australia o Malasia son algunos de estos países. Kosovo tenía el estatus, dentro de la antigua Yugoslavia, de provincia autónoma dentro de Serbia, situación que fue eliminada poco antes del inicio de la disolución de la política de limpieza étnica de Belgrado contra la mayoría albanesa de Kosovo provocó en 1999 los bombardeos de la OTAN sobre el país, que perdió el control de la provincia por completo, quedando éste en manos de la ONU. Nueve años después, el parlamento kosovar, una institución apoyada por Naciones Unidas, proclamó su independencia de manera unilateral, con la oposición de Serbia y Rusia, entre otros. Actualmente, Kosovo es mucho más un protectorado de la ONU que un estado independiente, al estar parte de su territorio bajo control de ayuntamientos pro serbios que no reconocen la soberanía de Pristina.

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Agustín López Mungía

Más que nunca debemos abogar por una ética periodística que permita a los lectores forjarse una opinión fundamentada sobre los diversos aspectos de la ciencia y la tecnología.

Para empezar, sugiero al lector que haga una encuesta entre sus conocidos sobre lo que piensan en relación con el consumo de alimentos transgénicos. Vaya, para no ir tan lejos, mejor pregunte primero a sus encuestados ¿qué es un alimento transgénico?, ¿cuántos de los alimentos que consume han sido modificados genéticamente? y ¿qué sabe sobre el efecto de su consumo en la salud? Acto seguido, proceda a preguntarles cuál es el origen de esa información. Si el interrogatorio es escrito, puede ayudar al encuestado en esta última pregunta dándole opción múltiple que incluya: a) la experiencia (enfermedad o intoxicación propia, de un conocido o de un animal); b) una opinión escuchada en la radio o la televisión; y c) la lectura de un artículo de algún experto en enfermedades genéticas (referida, claro, a los genes que comemos, no a los que tenemos).

Sin temor a equivocarme puedo afirmar que poca gente podrá contestar que todos los alimentos que consumimos han sido modificados genéticamente, y que estas modificaciones se dieron desde los inicios de la agricultura, con el fin de hacer que los productos del campo fueran cultivables y comestibles. Por ejemplo, nadie come teocintle, el ancestro del maíz; además, a diferencia del teocintle, el maíz no avienta los granos al suelo y éstos se conservan en la mazorca, por lo que la planta no puede reproducirse sin la ayuda del hombre, por no hablar de la adaptación del maíz a determinado clima, suelo y sobre todo de su resistencia a plagas específicas. Pocos sabrán también que la diferencia con los llamados transgénicos es que, con las herramientas de la biología moderna, las modificaciones genéticas pueden hacerse ahora no sólo con los genes del maíz sino con genes de cualquier especie. Es decir, que la información genética que hace que una bacteria mate a un insecto, se le puede poner al maíz para volverlo resistente al mismo insecto.

Mediante la encuesta también se encontraría que las ideas negativas que el común de los ciudadanos tiene hoy en día sobre los alimentos transgénicos, al menos en lo que a su efecto en la salud humana se refiere, no proviene de ninguna evidencia documentada, sino de lo que se sabe indirectamente a través de lecturas que no fueron cuestionadas o debatidas, o por lo que se ha escuchado en radio y televisión. Y para muestra, un botón: me permito poner a la consideración del lector una vivencia personal relacionada con una lectura sobre el tema del maíz transgénico que me lleva a hacer un llamado a comer y leer de todo pero con cautela, mesura y espíritu crítico.

El 15 de junio de 2002 se publicó en el diario La Jornada un artículo titulado “Embarazos transgénicos”, firmado por Silvia Ribeiro, que poco después fue ampliamente difundido por Internet. Es importante señalar que La Jornada se caracteriza por la amplia cobertura que da a noticias de ciencia y tecnología, y que el tipo de problemas al que voy a referirme es común en la prensa de México.

De acuerdo con el artículo, el porcicultor estadounidense Jerry Rosman, que lleva más de tres décadas criando cerdos en Shelby, Iowa, habría tenido serios problemas en los últimos dos años pues la reproducción de sus animales disminuyó hasta llegar a 20% de las crías que obtenía antes con sus 200 cerdas. Una vez que Rosman decidió supervisar el asunto personalmente se dio cuenta de que el 80% de las cerdas tenía un ciclo normal, es decir, que las pruebas de laboratorio indicaban embarazos, pero sólo 20% llegaba a término, el resto ni abortaba ni paría: ¡el embarazo desaparecía! Las cerdas volvían a entrar en celo y el proceso de los seudo-embarazos se repetía sin que los laboratorios de análisis detectasen alguna enfermedad. El porcicultor decidió sacrificar a las madres y las autopsias mostraron que no tenían embarazos reales, sino solamente líquido. Rosman “oyó” que otro criador también estaba sacrificando a sus animales por razones similares y finalmente cuatro criadores, en un radio aproximado de 10 kilómetros, cayeron en la cuenta de que sufrían el mismo problema. Todo esto, señala Ribeiro, fue publicado en el Iowa Farm Bureau Spokesman el 4 de mayo de 2002.

De acuerdo con el artículo de La Jornada, Rosman comparó su situación con la de otros productores afectados, y encontró una constante: todos alimentaban a sus cerdos con maíz transgénico del tipo Bt . Encontró también que las pruebas de laboratorio revelaron que el maíz estaba contaminado con hongos, en particular con dos cepas del hongo Fusarium. Más adelante el artículo cita un dictamen que a la letra dice: Gary Munkvold, un fitopatólogo de la Universidad Estatal de Iowa, comentó que por la amplitud de las pruebas que hizo Rosman para eliminar otras causas de los seudo-embarazos, y el hecho de que con el cambio de alimento desaparecieron los síntomas, se puede suponer que están en lo correcto al creer que el maíz Bt fue la causa. A pesar de estar en “la pista correcta”, agrega: “en estudios realizados en laboratorio, el maíz Bt generalmente ha mostrado menor frecuencia de contaminación con Fusarium que el maíz convencional”. Según Munkvald, esto se debe a que el maíz Bt no sufriría los ataques del barrenador europeo del maíz, situación que favorece las infecciones de Fusarium. Esta información no es analizada por la autora, sino que a partir de este punto el artículo de marras simplemente repite lo que en muchas ocasiones se ha escrito sobre los transgénicos: que los niveles de incertidumbre sobre los efectos de los transgénicos en la salud son altos; que las compañías sólo buscan recuperar rápidamente sus inversiones, sin importarles qué consecuencias puedan tener sobre la gente, los animales y el ambiente; que los campesinos lo plantan por ignorancia, y finalmente que los consumidores estamos siendo usados como “cochinillos” de indias gratuitos de la industria biotecnológica.

Conviene empezar por señalar que un seudo-embarazo es una condición en la que una cerda tiene un retraso en el ciclo reproductivo durante el cual se presentan muchos signos físicos y de comportamiento típicos de la gestación, pero en el que no hay producción de crías.

A partir de la publicación del artículo en La Jornada, revisé la prensa con mayor detalle para conocer los avances del caso de los cerdos. Para mi sorpresa, los días transcurrieron sin que hubiese continuidad a la noticia publicada. El estado de Iowa es uno de los principales productores de cerdos y de maíz transgénico.

El Departamento de Estado para la Agricultura de los Estados Unidos estima que hay una población de unos 14.7 millones de cerdos y cerdas en Iowa, y que de junio a agosto de este año se produjeron más de tres millones y medio, consecuencia del embarazo de 430 000 cerdas con camadas promedio de 8.5 cerdos. Por otro lado, el Centro para el Desarrollo Agrícola y Rural estima que este año se producirán en los Estados Unidos más de 240 millones de toneladas de maíz, de las cuales un 17.5% se produce en Iowa y cerca del 30% es transgénico. Para una población de cerdos de ese tamaño, comiendo todos en mayor o menor medida maíz transgénico, ¿no debería haber cientos de miles de seudo-embarazos?

Al pasar los días sin más noticias, empecé a hacer pesquisas entre amigos en el área de la producción animal. El doctor Francisco Trigo, profesor de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la UNAM, fue el primero en amonestarme; me aclaró que se dice “gestación” no “embarazo” y “necropsia”, no “autopsia”, cuando se trata de animales. Sobre los seudo-embarazos (perdón, las seudo-gestaciones) de cerdas, señaló: “No creo que el maíz transgénico per se cause un daño reproductivo a las cerdas, a menos que produzca alguna proteína no caracterizada aún que interfiera con la gestación. De cualquier forma te informo que el maíz y sorgo que se usa para alimentar aves y cerdos, y a veces humanos, con frecuencia tiene hongos que producen toxinas (micotoxinas). Así que no es raro en veterinaria encontrar estos casos con granos normales. Pero mejor consulta con un experto en nutrición animal o con un fitopatólogo”. Fue así como llegué al doctor Ernesto Moreno Martínez, profesor de la Facultad de Estudios Superiores de Cuautitlán de la UNAM y destacado fitopatólogo. ¿Qué puede saber un estudioso de enfermedades de plantas sobre cerdas gestantes? Resulta que los fitopatólogos fueron los primeros en estudiar a las micotoxinas, que se producen como resultado del crecimiento de hongos tóxicos como el Fusarium, el patógeno más importante del maíz. El doctor Moreno coincidió conmigo sobre la dificultad de poder concluir que el maíz Bt fuese el responsable de las seudo-gestaciones de las cerdas de Rosman. Como ya se mencionó, Ribeiro señala en su artículo que el fitopatólogo Munkvold por un lado afirma que va en la pista correcta y por el otro que justamente el maíz Bt es menos susceptible al ataque de Fusarium. “Eso es muy confuso, ¡tan fácil que es medir si hay toxinas de Fusarium en el alimento!” fue el comentario del doctor Moreno. A su vez me preguntó si la proteína Bt podría ser tóxica para las cerdas, a lo que respondí que antes de que se aprobara para consumo humano, se habían realizado cientos de pruebas de alimentación con esta proteína sin que se hubiese reportado daño alguno, y que los estadounidenses y en buena medida nosotros también llevábamos varios años consumiéndola y, gracias a eso, comiendo menos insecticidas, pero que había que estar abiertos a todas las posibilidades.

El doctor Moreno me informó que la zearalenona (que es el producto tóxico o toxina que produce el hongo de Fusarium) afecta los órganos sexuales de las cerdas, y en la década de los años sesenta y setenta se realizaron muchos trabajos de investigación con cerdas y otros animales domésticos, particularmente por el doctor Chester J. Mirocha, de la Universidad de Minnesota, que lo confirman.

Finalmente, el doctor Moreno me propuso realizar un experimento con cuatro lotes de maíz: maíz criollo no transgénico, maíz Bt y dos lotes más de maíz criollo y maíz Bt contaminado con toxinas de Fusarium; posteriormente había que alimentar con estos lotes a cuatro grupos de cerdas en edad reproductiva, cada grupo con uno de los cuatro lotes de maíz. Mi falta de capital y tiempo me hicieron cerrar ahí este capítulo de la pesquisa.

El Iowa Farmer Today es una publicación de los productores de ese estado y el titular de la edición del pasado 15 de octubre reza: “El maíz Bt no es el responsable de los problemas de las cerdas, concluyen investigadores de la Universidad Estatal de Iowa”. De acuerdo con este reporte, el profesor John Carr, experto en diagnóstico y medicina de la producción animal, de la misma Universidad, habría visitado las cinco granjas con alto grado de seudo-gestaciones, además de otras dos donde la vida de las cerdas transcurría normalmente. El profesor Carr encontró que en todos los casos el alimento consistía de mezclas de maíz Bt y maíz híbrido no modificado por ingeniería genética (por ahí habría que haber empezado, me dije). Carr, junto con Thomas Carson, profesor de medicina veterinaria, y Gary Munkvold, el fitopatólogo al que se refiere artículo de La Jornada, concluyeron que no existía ninguna relación entre el maíz Bt y los problemas de reproducción de las cerdas, y que el caso se podría explicar no sólo por la presencia de Fusarium, frecuente patógeno de los granos de maíz, sino también por la forma en que se aplican las pruebas de gestación. En el Iowa Farmer también se señala que la zearalenona es la micotoxina de Fusarium que actúa como estrógeno y está asociada con la seudogestación. La toxina no fue encontrada en ninguno de los maíces analizados, aunque sí se encontraron esporas del hongo. De acuerdo con Munkvold, cuando los insectos atacan a los granos de maíz, hacen que éstos se vuelvan más susceptibles al ataque de Fusarium, cosa que rara vez sucede en el maíz Bt. O al menos no con la frecuencia que sucede en el maíz convencional. Y agregó: es muy difícil determinar los orígenes de las seudo-gestaciones. Éstas han existido desde hace muchos años en granjas de todo el mundo independientemente del tipo y consistencia de la alimentación usada. Para concluir aseguró que un análisis detallado de las políticas de reproducción resolvió el problema en tres de las granjas. En la cuarta se solucionó antes de iniciar la investigación y la quinta cerró. Dos unidades con 750 cerdas alimentadas con maíz Bt fueron analizadas de cerca durante seis meses sin que se observara problema alguno de seudogestaciones. Munkvold concluye que se han realizado numerosos estudios con animales de muchas especies sin que se hayan observado daños.

Me pregunto: ¿en la mente de cuantos lectores del artículo de La Jornada habrá quedado ligada la imagen del maíz transgénico con una triste cerda, incapaz de crear cochinitos? ¿No sería ético que quienes escriben sobre este tipo de noticias les dieran un seguimiento riguroso? ¿No es deber de todos velar por una información científica y tecnológica objetiva?

Es una pena que en este país no tengamos suficientes espacios y gente informada como para evitar que quien escriba algo ciertamente polémico, por llamarlo de alguna manera, no tenga que proporcionar alguna evidencia de que lo que escribe es verificable y, más aún, dar un seguimiento a sus planteamientos. Yo no tengo ningún interés en convencer a la gente de que coma maíz transgénico y mucho menos que los productores compren semilla a las grandes empresas trasnacionales del agro —primera descalificación a la que se expone quien cuestiona información no fidedigna al respecto—, soy además devoto consumidor de tlayudas, tamales, pozole y quesadillas con maíz de todos colores, y me preocupa la conservación del medio ambiente, la biodiversidad y sobre todo lo que la biotecnología moderna puede hacer a este respecto, incluido el maíz. Pero creo que debemos movernos hacia una ética periodística que impida que se sorprenda al lector; o más bien, que le dé el mayor número de elementos para que se haga de una opinión fundamentada y se contrarreste el profundo y casi permanente impacto que la primera impresión de la lectura de una catástrofe o riesgo alimentario puede dejar en nuestro subconsciente si no es desmentida, y que origina muchas de nuestras ideas preconcebidas.

El artículo de La Jornada sobre embarazos transgénicos concluye diciendo: “Quizá en cierto tiempo los científicos puedan explicar el caso de Rosman a costa de los consumidores, los productores y su ganado, a quienes nos usan como “cochinillos” de indias gratuitos de la industria biotecnológica”. Creo que ya lo hicieron, sólo había que buscar la información.

http://www.comoves.unam.mx

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Por C. M. Mayo, editorial Grijalbo, traducción de Agustín Cadena

Nota biográfica del personaje

Agustín de Iturbide y Green (Washington, Estados Unidos, 2 de abril de 1863 id., 3 de marzo de 1925) fue hijo único de Ángel de Iturbide (quinto hijo de Agustín de Iturbide) y de su esposa estadounidense Alicia Green.

Maximiliano de Habsburgo, que no tenía descendencia, con el objetivo de unificar la dinastía del primer y el segundo imperio mexicano lo adoptó como heredero a los tres años de edad, le otorgó el título de Príncipe de Iturbide y lo colocó en primer lugar en la línea de sucesión; la adopción se realizó al tiempo de la de su primo Salvador de Iturbide y Marzán de dieciséis años de edad, que aún siendo mayor, como era hijo de un octavo hijo del emperador Agustín I de México, se le coloca como segundo en la línea sucesoria, aunque también se le otorga el título de Príncipe de Iturbide, el 13 de septiembre de 1865. Para compartir la tutela fue llamada a la corte Josefa de Iturbide y Huarte, su tía paterna, hija de Agustín de Iturbide, ellos tres fueron los únicos miembros de la familia Iturbide a los que se les permitió vivir en México.

Desde su nacimiento, hasta su fecha de adopción por Maximiliano de Habsburgo, su vida transcurrió, hasta cierto punto, sin agitaciones. Fue en 1865, cuando, viendo que era imposible tener descendencia biológica, Maximiliano por aquél entonces emperador de México apoyado por los conservadores mexicanos y por el gobierno de Francia, contacta a la Casa de Iturbide para negociar la adopción de los dos únicos nietos del emperador mexicano Agustín de Iturbide: Salvador de Iturbide y Marzán y el pequeño Agustín de Iturbide y Green.

Mientras que su primo Salvador fue enviado a estudiar a Europa, Agustín permaneció al lado de sus padres adoptivos, Maximiliano y Carlota, quienes desde entonces y hasta el fin del segundo imperio mexicano, se encargaron junto con su tía, la princesa Josefa, de la educación del pequeño.

Tras la abolición del segundo imperio mexicano en 1867, sus padres biológicos lo enviaron a estudiar a Inglaterra, tiempo después volvió a Estados Unidos para estudiar en la Universidad de Georgetown, justo después de su graduación regresó a México en donde siguió la carrera militar en el ejército mexicano, pero después de haber publicado su inconformidad al régimen dictatorial del General Porfirio Díaz, fue arrestado y hecho prisionero por sedición durante 11 meses. Al salir de prisión, fue expulsado del país al exilio, motivo que lo llevó a tener dos crisis nerviosas al creer que lo podrían asesinar. Posteriormente se reintegró a la universidad de Georgetown, donde fue profesor de francés y español.

En 1894, contrajo matrimonio en primeras nupcias con Lucy Eleanor Hatchett (1862-1940), y en segundas en 1915 con María Luisa Kearney (1872-1967), pero no tuvo descendencia de ninguno de sus dos matrimonios.

Murió en Washington el 3 de marzo de 1925. Sus restos fueron sepultados en la iglesia de San Juan Evangelista en Filadelfia. A su muerte y sin descendencia, su sobrina, María Josefa de Iturbide y Mikos fue nombrada su heredera, como Jefa de la Casa Imperial de Iturbide-Habsburgo.

(Con información de Wikipedia)

Entrevista con C. M. Mayo autora de la novela histórica

– Hola, Catherine. Estamos celebrando la publicación en castellano de tu libro El último príncipe del Imperio Mexicano. Pero antes de pasar al tema de la novela, ¿podrías hablarles a nuestros lectores acerca de ti: quién eres, qué haces, en fin?

Soy escritora norteamericana con más de 20 años en México. Vine a México en 1986, cuando me casé con mi mejor amigo de la Universidad de Chicago, un chilango, y por eso no había de otra: cuando terminamos los estudios, había que vivir en la ciudad de México. El último príncipe del Imperio Mexicano es mi primera novela, pero he publicado también una colección de cuentos, mucha poesía, ensayos, y una memoria de viajes en Baja California, Miraculous Air (Milkweed Editions, 2007). Y me encanta traducir. Mi compilación de 24 escritores mexicanos, Mexico: A Traveler’s Literary Companion (Whereabouts Press, 2006), incluye mis traducciones de obras de Araceli Ardón, Agustín Cadena, Mónica Lavín, Guadalupe Loaeza, Fernando del Paso y Juan Villoro.

– Háblanos ahora de tu novela. ¿Qué te propusiste al escribirla?

La curiosidad y también, a nivel intuitivo, cierto sentido de destino. Había que hacerlo, ¿sabes? Leí un breve capítulo sobre el asunto del nieto de Iturbide y Maximiliano en Maximilian and Juárez, del historiador inglés Jasper Ridley. Me fascinó la historia primeramente porque la madre del niño era norteamericana, y segundo, porque me pareció tan peculiar todo este arreglo secreto entre el Emperador Maximiliano y los Iturbide, descendientes del primer emperador de México. Pero cuando empecé de leer más, me di cuenta que la historia de cómo el niño se incorporó a la corte de Maximiliano estaba llena de contradicciones, errores y una verdaderamente misteriosa vaguedad. Había que meterme en los archivos para investigar. No tenía idea que me iba tomar tantos años. Me he metido a muchos archivos en varios países, desde Austria hasta México, de hecho la mayoría en Estados Unidos (varios en Texas, Nueva York, California, y Washington DC). Ya que la familia Iturbide vivió en Estados Unidos tantos años, no es de sorprenderse que los archivos, tanto el del Emperador como el de la familia Iturbide y de hecho, el archivo personal del príncipe, Agustín de Iturbide y Green, se encuentren no en México, sino en Washington DC.

– Pensando en El último príncipe del Imperio Mexicano, la novela se encuentra basada en una coyuntura histórica en la cual se vieron involucrados, ya como protagonistas, ya como actores secundarios, ya como influencias indirectas pero importantes, México, Francia, el Imperio Austrohúngaro, Estados Unidos, Bélgica, el Vaticano, la Gran Bretaña, etcétera. Esta característica haría que tu obra fuera importante como novela histórica multinacional. ¿Qué tan a propósito es esto?

Es una novela sobre un periodo fundamentalmente transnacional: la intervención francesa, apoyada por los belgas, los austriacos y el Vaticano; la imposición de un emperador que era archiduque de Austria, su consorte, Carlota, hija del rey de los belgas, nieta del ex-rey Luís Felipe de Francia y prima hermana de la reina Victoria de Inglaterra, y etc. El papel tanto de los Estados Unidos, como de los Confederados y después de Appomattox, (población de Virginia, lugar de la rendición del general de los Estados Confederados Robert E. Lee al unionista Ulises S. Grant y que finalizó la Guerra civil norteamericana en 1865), de los ex-confederados, que también hay que tomar en cuenta.

Así como la geopolítica del Caribe y el hermano imperio de Brasil, y pues, todo el contexto internacional. Hay que recordar que Francia ya estaba en África y Asia, los británicos en India y demás, en resumen, que es imposible entender la intervención francesa en México fuera de este contexto. En otras palabras, es imposible considerar a la época de 1860 en México, nada más como “historia de México,” tal cual, como algo que pudiéramos examinar bajo una campana de vidrio.

– En una entrevista anterior, comparas la intervención francesa en México con la ocupación de Irak por parte de Estados Unidos. ¿Podrías abundar sobre este tema?

Lo que a mi me pareció muy interesante era la tensión en el momento en que una gran cantidad de gente empieza a reconocer, muy en contra de su voluntad, que la ocupación tal cómo la habían pintado, estaba en camino al fracaso. Esta disonancia cognitiva. Tantas conversaciones confusas entre la gente, llenas de reticencia, coraje y miedo. El creciente conflicto en el Golfo, entre lo que se dice públicamente y lo que saben los conocedores. La ingenua habilidad del ser humano de engañarse a si mismo. Como materia para una novelista, todo esto es rico, rico.

– También recuerdo haberte oído decir que cada vez que le acercamos una vela al pasado, iluminamos también el presente. En este sentido, leyendo El último príncipe del Imperio Mexicano, se tiene la impresión de que la situación social que imperaba durante la intervención francesa —una situación de inestabilidad, incertidumbre, ingobernabilidad, barbarie, bandidaje, violencia endémica— se parece mucho a la que impera actualmente en muchas regiones de México. ¿Estabas consciente de reflexionar críticamente sobre el presente cuando te hallabas escribiendo sobre el pasado?

No, es que empecé el libro hace muchos años, y de hecho terminé la mayor parte en 2006. Para reflexionar sobre la actualidad, es mejor pienso yo, escribir para un periódico o blog. Como novelista, no sabes cuándo te van a leer. Puede ser ahora, en 2011, o quién sabe, en 2081. ¿Qué sería la actualidad para tal lector en aquel entonces? Dios sabe. El papel de la novela es dar al lector la experiencia de ser otra persona, vivir una vida que no es suya, para así enriquecer la propia. Y el lector siempre va a reflexionar y ver ciertas congruencias, sean lo que sean, entre su presente y este pasado.

– Volviendo a tu metáfora de la vela que al acercarse al pasado, ilumina también el presente, ¿dirías que su luz alcanza también el futuro?

Claro que si. Y si el pasado parece extraño, el futuro aún más.

El historiador Enrique Krauze, director de la revista Letras libres escribió en el diario Reforma: “En México se han escrito novelas históricas que recrean con erudición, maestría y poesía una época, un episodio, una atmósfera y unos personajes. Pienso, desde luego, en Noticias del imperio de Fernando del Paso; también en la obra de Enrique Serna sobre Santa Anna, la de Rosa Beltrán sobre Guerrero o la reciente novela de C.M. Mayo: El último príncipe del Imperio Mexicano, sobre el nieto de Iturbide en la corte de Maximiliano.”

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Charles Dickens (Portsmounth, Inglaterra, 7 de febrero de 1812 – Gads Hill Place, Inglaterra, 9 de junio de 1870), a los 27 años era el novelista inglés más popular de su época, al día uno de los más conocidos autores de la literatura universal.

Hoy se cumplen en una celebración mundial, doscientos años del nacimiento de un insuperable maestro del género narrativo, al que trasladó humor e ironía con una aguda crítica social. Un autor que experimentaba constantemente nuevas formas narrativas e imprimía gran calidad a todos sus escritos.

Según sus biógrafos llegó a crear dos mil personajes, en sus numerosos relatos cortos, producción periodística y catorce novelas que desde su publicación por entregas, formaron parte de la conciencia colectiva de Occidente. Londres y Dickens van juntos, los dos están profundamente conectados y entre los dos crearon el más maravilloso retrato de la humanidad en el siglo XIX.

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El fin de la inocencia

Por Agustín Cadena

“Hans Andersen durmió en esta habitación durante cinco semanas, que a la familia le parecieron eras”. Sobre el espejo de una recámara, Charles Dickens puso una tarjeta con esta inscripción. El famoso escritor danés Hans Christian Andersen acababa de despedirse de la familia, en cuya casa de Gad’s Hill había pasado sus vacaciones. Los dos creadores se habrían caído bien al conocerse, pero la poca fluidez de Andersen para expresarse en inglés determinó graves malentendidos y una general dificultad social. Sin embargo, gracias al interés de Andersen y en la medida en que el escaso entusiasmo de Dickens lo permitió, la amistad entre ellos se mantuvo.

Los dos se hallaban trabajando para que un nuevo arquetipo franqueara el umbral de la realidad humana: el héroe niño. Sólo que mientras Andersen infantilizaba problemas universales para reflexionar sobre ellos junto con los niños, Dickens les descubría los claroscuros de la vida adulta. Acaso no era éste su público ideal, como en el caso del danés, pero tenía que llegar a los niños. Por un lado, lo apremiaba la necesidad comercial de mantenerse como un escritor familiar cuyas novelas no fueran para leerse en silencio y a escondidas, a la luz de una vela avergonzada, sino en voz alta y a toda la familia, incluyendo niños y sirvientes. Este interés en la familia como público, además de explicar el carácter dramático -y fácilmente dramatizable- de muchas escenas en sus primeras obras, determinó las grandes aportaciones de Dickens a la narración oblicua, en la que ni siquiera un futuro maestro como Henry James lograría superarlo.

Por el otro lado, Dickens, que había sobrevivido a una infancia traumática, mostró a lo largo de su vida una necesidad constante de revivir aquellas experiencias que lo habían despojado de su inocencia. Era una manera de recuperarla: sentir que el sufrimiento de los inocentes sirve para algo.

Aun en aquellas de sus obras que tratan de problemas adultos, como Historia de dos ciudades, La pequeña Dorrit o Grandes esperanzas, Dickens seduce a la imaginación infantil, le habla en su lenguaje. También aquí se ve que no es tanto un novelista preocupado por los problemas del realismo, como un mitógrafo. Y la potencia iluminadora del mito suele correr paralela con un aparente ocultamiento de la realidad mundana. Dickens fue creador de mitos infantiles perdurables acerca de la vida adulta. No sólo inauguró la institución moderna de las fiestas navideñas, sino también el heroísmo juvenil, ciertos rostros de lo angélico femenino, una especie de aristocracia espiritual que subyace en el individualismo proletario. Descubrió un nuevo género de lo real visible: lo sórdido infantil: fábricas y callejones oscuros, cuya miseria no incluye ningún aspecto que no pueda ser imaginado por un niño, aun por el más inocente Sin duda, Dickens sabía que, si el escritor ve cuando escribe, el niño ve cuando lee

Ahora bien, la idea de que la bondad se halla contenida en la naturaleza fue revisada con diferentes perspectivas, ninguna de las cuales pudo salvar el prestigio de la civilización. Hasta entonces, la interpretación cristiana de la vida había sostenido que el hombre nace marcado por el pecado original, y que la infancia no es más que el estadio durante el cual la virtud racional rescata al ser humano de su condición de caída. Al volverse innegables las contradicciones de la urbanización industrial, este concepto debió revertirse. La doctrina del pecado original halló su reverso en la de la inocencia original: la idea de Rousseau acerca del hijo puro de la Naturaleza, “nacido en un estado de inocencia y amenazado por la corrupción del mundo social adulto”. Los románticos ingleses, especialmente Blake, Wordsworth y Coleridge, trasplantaron esta doctrina al coto de la poesía, y luego Charles Dickens se encargaría de trasvasarla de la poesía a la narrativa y del contexto rural, pastoril de Wordsworth a las calles de Londres.

La idea wordsworthiana del niño como padre del hombre absorbió en gran medida la angustia culpable de la época victoriana. Al creer en una nueva forma de virtud natural, visible sólo en la infancia, la sociedad enferma convirtió al niño en guardián de una de sus últimas certidumbres espirituales. Echó sobre sus hombros una responsabilidad enorme y, para que él pudiera llevarla, tuvo que idealizarlo. Un ser puro tenía que sufrir ante el espectáculo de la injusticia y la insensatez del mundo adulto. Así realizó Dickens uno de los descubrimientos más importantes en la historia literaria moderna: el de la conciencia infantil. El miedo de Oliver Twist, la solitaria orfandad de David Copperfield, la culpa neurótica de Pip… La sociedad, en su búsqueda de valores espirituales y de aventuras estéticas, había descubierto el placer sádico de ver el sufrimiento de los niños.

Cuando las víctimas de este sistema lograron sobrevivir y cruzar la frontera que divide a los pobres de los ricos, cuando la frase de Wordsworth se pervirtió con adjetivos tácitos: el niño bueno es el padre del ciudadano próspero (nótese cómo el premio a una condición moral es un estado social), surgió el culto del héroe niño. Templado desde muy pequeño en la cruenta batalla de la vida, protegido por su propia nobleza de corazón y equipado con una mezcla de virtudes masculinas (tenacidad, capacidad de acción, impulso conquistador) y femeninas (sensibilidad, emotividad, intuición), este héroe precoz se convirtió en el nuevo campeón de la búsqueda de la felicidad.

Por poco tiempo, porque aquí se encuentra una lección que a nadie le habrá dolido más que al propio Dickens. David Copperfield, ya adulto, conquistó la dicha del bienestar burgués gracias a un doloroso aprendizaje que a través de las estaciones de una infancia huérfana y una adolescencia desamparada, lo llevó a comprender que debía “disciplinar su corazón”.

En el caso de las niñas, la doctrina de la inocencia original adquiere un carácter necesariamente pasivo. La niña victoriana debe ser obediente, desprovista de egoísmo, capaz de sacrificarlo todo, de perderlo todo sin desesperarse, puesto que ella es la caja fuerte de la fe; debe ser modesta, industriosa, inmune a la pasión, pero sensible a los afectos de la ternura: una mezcla, en fin, de Job y Cordelia. Así aparece la cara femenina de una infancia curtida en la “batalla de la vida”: el heroísmo doméstico. Su vasta iconografía es como una colección de retablos mexicanos que representaran hechos milagrosos atribuidos a vírgenes impúberes. En uno de ellos aparece Nell tratando de salvar a su abuelo; en otro se encuentra Esther Sumerson llenando de generosa luz la casa de Jarndyce & Jarndyce; en otro más, vemos a Agnes Wickfield, guía y corona de triunfo para un progreso del peregrino cuya prueba más ardua es la disciplina del corazón.

La dimensión de Charles Dickens como uno de los creadores de mitos más importante de la modernidad, no puede comprenderse sin examinar, así sea someramente, su relación con escritores posteriores. Oliver Twist, Fagin, Nell, Daniel Quilp, Ebenezer Scrooge, Dora, Martha Endell… todos han desempeñado un papel en el desarrollo imaginativo de jóvenes lectores que después se volvieron escritores, engendrando hijos y nietos muchas veces reconocibles.

Ciertamente, Mark Spilka observa respecto a La tienda de antigüedades: “Fue una de las novelas más populares de su época y fácilmente la que más ha influido. A este libro le debemos los personajes Eppie, de George Eliot (Silas Marner); Nellie, de Dostoievky (Humillados y ofendidos); Alicía, de Lewis Carroll; la pequeña Eva, de Harriet Beecher Stowe (La cabaña del tío tom); Heidi, de Johanna Speyri; Wendy, de Sir James Barrie (Peter Pan); Maisie, de James; y extensiones modernas del tipo, como Shirley Temple en sus películas de los años 30 (La pequeña rebelde); Mick Kelly, de Carson McCullers, en los 40; Phoebe y Esme, de Salinger, en los 50 y, más recientemente, Jennifer Cavilleri, de Erich Segal (Love Story). Su supuesto reverso lo encontramos en Lolita, de Nabokov, y en películas recientes sexualmente explosivas como El exorcista (Spilka).

Aventuro una explicación para este “supuesto reverso” de Nell como Lolita. Aunque la virtud y la pureza espiritual de la ninfeta dickensiana son innegables (de hecho, en su desprendimiento de todo egoísmo puede ser incluso más angelical que Esther Sumerson o Agnes Wickfield), se hallan contenidos -no en ella sino en la presentación de su historia-ciertos genes espurios. La tienda de antigüedades es heredera de la picaresca inglesa, la de Henry Fielding y Daniel Defoe; su hilo conductor es una sucesión de aventuras por los caminos de la vida y los de Inglaterra. Nell es hija de Moll Flanders. Con toda su inocencia y su halo místico, desciende de una prostituta. El arquetipo que encarna no es el mismo de las otras niñas buenas de Dickens. Para empezar es una vagabunda que, por una cosa o por otra, no pasa mucho tiempo en ningún espacio doméstico. Es cierto que sabe usar la aguja y el hilo, pero resulta difícil imaginársela en una casa, como no sea bajo el aspecto de una muñeca en su propia tienda de antigüedades, en su recámara de juguete. Así que no puede ser una divinidad doméstica, una Hestia como Esther Sumerson. Su sangre es más celta; se acerca más al hada bienhechora de los bosques que a la estática virgen cristiana o griega. Sin embargo, no cuaja en esta figura porque Dickens insiste en atormentarla hasta que la mata. De esta tensa combinación entre el estatismo icónico de la mística y el tránsito azaroso de la novela de aventuras surge el tipo que encarna Nell: la virgen picara. Desprovista más tarde de sus elementos trágicos, transformados sus harapos de huérfana en jeans, será efectivamente la heroína americana de las décadas recientes: una ninfeta que -backpack al hombro- se lanza a las interminables carreteras.

Por último, en Charles Dickens el culto al héroe y a la aventura se halla imbuido de nostalgia, no sólo por aquella edad de energía que la civilización moderna agotaba rápidamente, sino también por su propia edad heroica, por su epopeya personal. El mundo interior de Dickens era el mundo de su memoria, bendita facultad que le devolvía ese niño resuelto a sobrevivir entre calles oscuras y fábricas, que fue él y que las prioridades prácticas del éxito habían condenado a una muerte lenta. Oliver Twist y Nell, sus primeros grandes protagonistas, encarnan este culto de la aventura: sus destinos sugieren que la búsqueda de la felicidad es una abstracción en todo caso secundaria junto al valor absoluto de las acciones que implica; salen al encuentro del peligro y su recompensa es permanecer en condiciones para dar el siguiente paso. Sus voces de héroes jóvenes se hacen oír sobre el uniforme golpear de martillos de la masa industrializada. Son los últimos sobrevivientes de una raza que ya desocupaba el mundo. El arquetipo se agotaba rápidamente a cambio de dinero, a cambio de una sórdida -así lo comprendió Dickens en su madurez- participación del bienestar moderno. El heroísmo aventurero, epifánico de Nell se apoltrona y degenera en el inerte “heroísmo doméstico” de Agnes Wickfield. Y el guerrero de la vida, Oliver Twist, se convierte en un neurótico snob para quien la abdicación completa de la voluntad de aventura es la única alternativa, una vez descubierto el ínfimo metal que oculta la chapa de oro del hedonismo burgués.

El lector infantil, cultor natural de la aventura y del coraje, admira a Oliver Twist y puede querer a David Copperfield, pero desprecia a Pip. Grandes esperanzas es una novela de agotamiento. El halo que irradia surge del crepúsculo interior tanto de su creador como de sus circunstancias históricas. Dickens había escrito su testamento espiritual.

El Ángel 918,  suplemento de Reforma, 5 de febrero de 2012

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Agustín Cadena (Ixmiquilpan, Hidalgo, 1963) es narrador, poeta, autor de libros para niños y jóvenes, ensayista y traductor. Estudiante de letras inglesas en la UNAM, cursó la maestría en literatura comparada y se graduó con honores, con una tesis sobre la evolución del realismo: Las venas impuras: estudios sobre el realismo en relación con Charles Dickens y José Revueltas.

Desde 2003 vive en Debreceni Egyetem, Hungría, donde da clases de literatura mexicana y de historia de México, además de un taller permanente de narrativa, en la Universidad Lajos Kossuth.


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