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Los monumentos coloniales de orden religioso, como  los exconventos franciscanos y agustinos de los S XVI al XVIII, constituyen una parte importante del patrimonio cultural del pueblo hidalguense. Dichas órdenes misioneras dejaron construidos veintiún soberbios  conventos que hoy son, además de un gran atractivo turístico, una huella indeleble de la historia y símbolo perenne  del sincretismo de dos culturas, es decir, producto del mestizaje en el periodo de la colonia.

Las órdenes religiosas fueron de vital importancia para implantar la colonia y la historia de los conventos está invariablemente ligada con la conquista espiritual de los pueblos que poblaban estas tierras. La verdadera victoria, esa que no culminaron los soldados españoles con armas desconocidas por los antiguos pobladores, sino los religiosos, hombres sencillos que reemplazaron los dioses de la cosmogonía prehispánica por su religión e interpretación del mundo.

Los cristianos de los primeros tiempos vivían esperando la Parusia, el retorno o segunda venida de Cristo, para presidir el juicio final. El hecho de que no se había cumplido esa expectativa inquietó a los teólogos católicos durante muchos siglos. Descubrir en América a numerosos pueblos sin evangelizar, se tomó como explicación del retraso del fin de los tiempos. Una vez que todo el orbe conociera la palabra de Cristo sobrevendría el juicio final.

Mas allá de las diferencias que existen entre las edificaciones conventuales, debido a la ubicación, mano de obra, orden religiosa, materiales utilizados y el arte que resguardan, todos las construcciones comparten características similares, tienen atrios rectangulares rodeados de altos muros, cruces atriales al centro, capillas, templo, retablos y altares con grandes ornatos, sus fachadas de estilo sencillo y plateresco nos evoca los antiguos castillos o fortalezas medievales.

Adicionalmente, cada uno contiene un gran acervo pictórico y artístico que va desde los temas religiosos hasta los fantásticos. Al conocer este conjunto de monumentales edificaciones nos transportamos a un época clave de nuestra historia, que nos ayuda a explicarnos muchos de los rasgos dominantes en la personalidad histórica mexicana.

La construcción de estos monasterios fue la solución arquitectónica ideada por los frailes de las órdenes mendicantes (del latín mendicare, pedir limosna), para la evangelización de la Nueva España. Los edificios conventuales y las pequeñas capillas de enlace levantadas por las órdenes religiosas, se localizan  en una amplia porción del territorio hidalguense, en la Sierra Alta, el Valle del Mezquital, la Huasteca y la región de los Llanos.

La creación de estas órdenes en la opaca Europa de la Edad Media, obedeció a una política de la Iglesia para restaurar la sociedad cristiana, amenazada por el afán de lucro, que iba en detrimento de los pobres, que eran la inmensa mayoría de los habitantes de todos los reinos europeos. Era preciso volver al ideal de la pobreza evangélica, el monje consumado de esa época medieval debía de llevar a cabo dos tareas primordiales, la predicación y la práctica de la pobreza, que fueron asumidas por las órdenes mendicantes fundadas para ello, los Franciscanos y Dominicos.

 Pero pronto se abandonaría ese ideal de pobreza, porque resultaba inviable, la tarea misionera  exigía una preparación intelectual y para ello se precisaba por una parte, que los conventos estuvieran cerca de los centros de estudio y por otra eran necesarios los medios materiales para que la preparación fuera eficaz. Se iba a perder el ideal de la pobreza evangélica, ya que el dinero era indispensable y no todo se conseguía con donaciones.

A la ocupación guerrera de nuevos territorios sucedería la conquista de las almas  de millones de vencidos, una oportunidad histórica o “divina” que las órdenes mendicantes llevaron a cabo para hacer realidad los fines que las habían constituido. Los frailes tenían pues la misión de consumar la historia.

Los conventos Franciscanos más que lugares de residencia, eran centros de organización misional y surgieron en un principio cerca de las poblaciones por evangelizar y su tamaño era de proporciones modestas. También los dominicos construían en un principio iglesias humildes, pues el convento tenía ante todo funciones predicadoras, era un centro de campañas misioneras y lo común era que tales construcciones albergaran a pocos frailes, a veces uno o dos.

Con todo, fue tanta la atracción que ejercieron las órdenes mendicantes sobre la sociedad de su tiempo, que se ganaron la enemistad de la otra parte de la Iglesia, la jerárquica, en una sorda lucha de poder y sus servicios ya no fueron solicitados. Por lo que se vieron en la necesidad de construir sus propios templos para recibir a las multitudes que deseaban escucharles.

 Los primeros en plantearse la evangelización de la Nueva España fueron los Franciscanos, el grupo inicial llegó a la Ciudad de México el 18 de junio de 1524 e iniciaron la cristianización sistemática en las regiones más densamente pobladas. Dos años después arribaron los Dominicos en 1526 y nueve años más tarde los agustinos en 1533.

 Los Franciscanos se establecieron en el centro geográfico-político de los territorios ocupados y desde allí iniciaron lo que más tarde se dio en definir como la “conquista espiritual” de los naturales, apoyados en las disposiciones del Papa, que les concedía cierto margen de poder y autonomía con respecto al poder real. Actuaron especialmente en los actuales estados de Puebla y Tlaxcala donde arribaron al desembarcar en tierras de Nueva España, ahí construyeron una serie de conventos bastante homogénea, con una mezcla muy igualitaria de elementos góticos y renacentistas. También se asentaron en Texcoco, Teotihuacan, Tlaxcala y en el occidente, sobre tierras tarascas y una zona de Jalisco que les permitió, tiempo después, dirigirse al Norte.

 La Orden de los dominicos se extendió hacia la región Oaxaqueña de los mixtecas y zapotecas. El punto de partida fue el pueblo de Coyoacán en el Valle de México. Otros lugares con fundaciones dominicas fueron los poblados vecinos de Tláhuac y Chalco, pero el más significativo fue el de Chimalhuacán.

 Los agustinos ocuparon espacios no tocados por las órdenes anteriores, aunque abordaron zonas del actual estado de México, hacia Guerrero y el Norte de Veracruz. Su residencia fuera de la Ciudad de México fue Ocuituco Morelos, y paulatinamente se extendieron por los actuales estados de Hidalgo, Guanajuato y Michoacán.

A la hora de proyectar sus conventos los Franciscanos y Dominicos se excedieron en la monumentalidad de sus construcciones, ambos fueron superados por los agustinos con sus gigantescos edificios. Los claustros de las distintas órdenes generalmente estuvieron decorados con pinturas que no eran meramente decorativas, ya que responden, según se aprecia en lo conservado, a claros y precisos programas iconográficos de acuerdo con los móviles espirituales de cada orden. Precisamente, uno de los rasgos definitorios de lo agustino era la profusión de pintura mural. Toda la decoración de sus edificaciones está confinada a la pintura. De hecho, sus mensajes pictóricos son incluso más sugestivos que en su literatura doctrinal.

 Para los Agustinos el espacio de las escaleras claustrales resultó idóneo para desarrollar sus programas pictóricos, los cuales superan a las otras órdenes. Dos de los conventos más expresivos son el de Actopan y el de Atotonilco el Grande, ambos en Hidalgo. Tanto en uno como en otro se concretó a través de la pintura mural la exposición doctrinal del ideal monástico de San Agustín, ya que en él, el concepto de monacato iba íntimamente ligado a su visión de la filosofía como ciencia especulativa y práctica.

 El investigador hidalguense Víctor Manuel Ballesteros en su obra Los conventos del estado de Hidalgo: expresiones religiosas del Arte y la Cultura del SXVI, precisa que las fundaciones franciscanas en Hidalgo siguieron dos rutas, una a partir de Tepeapulco (1528) y hacia el norte: Tulancingo (ca.1528), Zempoala (1540), Apan (antes de 1559). La otra ruta la emprenden desde Tula (1530) a Tepeji del Río (1558), Alfajayucan (ca. 1559), Atotonilco de Tula (ca.1560), Tlahuelilpan (ca.1560), Tepatitlán (ca.1587).

 Los Agustinos hicieron sus primeras misiones en Atotonilco el Grande (1536), la región de la sierra, Metztitlán (ca.1536) y Molango (1538); de ahí siguieron a Xochicoatlán (ca.1538); Epazoyucan (1540), Singuilucan (1540), Mixquiahuala  (entre 1539 y 1568), Huejutla (1545), Actopan (1550), Ixmiquilpan (1550), Villa Tezontepec (1554), Acatlán (1557), Chapulhuacán, Tutotepec y Chichicaxtla (los tres entre 1557 y 1560), Chapantongo (1566-1569), Tlanchinol (antes 1569), Ajacuba (1569), Zacualtipán (1572) y Lolotla (ca.1563).

A partir de entonces los evangelizadores levantaron una gran cantidad de iglesias, fue tanta la prisa de los frailes por evangelizar que en menos de medio siglo, el actual estado ya estaba poblado por una treintena de conventos. En Hidalgo hay noticias de doce fundaciones hechas por los franciscanos y de veinte de los agustinos. Se les ha llamado conventos-fortaleza porque poseen elementos defensivos que los identificaban simbólicamente con la fortaleza espiritual.

 Así pues, hasta 1580 aproximadamente, se construyeron unos 250 conventos en Nueva España que además fungían como eventuales fortificaciones, posadas o albergues, contaban con amplísimos huertos, y eran levantados principalmente sobre los antiguos lugares sagrados de los indios, para evidenciarles la supremacía de la nueva religión.

 Varios sitios conventuales del estado de Hidalgo cuentan con una antigua fortaleza, como ocurre en muchos poblados españoles, y es que el castillo o fortín tomó la forma de templo y se convirtió en la apacible residencia de los frailes. Todos los conventos son magníficas obras arquitectónicas que resguardan parte muy importante del arte colonial, como muebles, pinturas, murales y esculturas, muestra del talento, la capacidad y la influencia indígena, así como del mestizaje en la vida colonial.

 “En la edificación de los enormes conjuntos conventuales trabajaron  grandes contingentes de indígenas, y aunque contaban con una habilidad básica en asuntos de construcción, las técnicas europeas implicaban el manejo de nuevas herramientas y diferentes patrones constructivos y estéticos. Los indígenas que los levantaron siguieron en las primeras décadas, los modelos de organización laboral prehispánica. Hasta mediados del SXVI los nativos trabajaron gratuitamente, después se les daba cierta remuneración y a finales de esa centuria, ya había muchos que solo trabajaban por paga”, apuntó el doctor Ballesteros en su obra citada.

 Destacan en el Estado de Hidalgo los conventos agustinos de San Nicolás Tolentino, en Actopan, fundado en 1548. San Miguel Arcángel, en Ixmiquilpan, que data del año 1550. Los Santos Reyes en Meztitlán, monasterio del siglo XVI. Mención aparte merecen San Andrés, ubicado en Epazoyucan, San Agustín en Huejutla, el primer templo que se construyó en la región de la huasteca, edificado sobre una antigua pirámide prehispánica.

 Igualmente majestuosos son los exconventos de San Agustín en Atotonilco el Grande, que data del SXVI, con impresionantes pinturas en el cubo de la escalera, sin comparación en todo México, ya que su tema no es religioso. La representación muestra a San Agustín rodeado de los filósofos griegos Sócrates, Platón, Aristóteles, Pitágoras y los clásicos latinos Séneca y Cicerón, algo realmente extraordinario para el momento y la visión religiosa de la época.

 Sobresale también  el monasterio del Señor de Singuilucan iniciado por los franciscanos y terminado por los agustinos en el SXVIII. Así como los exconventos franciscanos de San Mateo en Huichapan y San Martín en Alfajayucan, construidos entre 1558 y 1585. El exconvento de San Francisco de Asís en Tepeapulco, fue edificado en 1528 sobre lo que por siglos fue el Templo Mayor del Tapeapulco prehispánico. El convento de  San Francisco en Pachuca fue construido entre los años 1596 y 1660, en la actualidad alberga un importante conjunto cultural, integrado por la Fototeca Nacional del Instituto Nacional de Antropología e Historia,  Centro de las Artes de Hidalgo y el Cuartel del Arte dependencias del Consejo Estatal para la Cultura y las Artes.

Muchos edificios conventuales en el transcurso del tiempo han visto modificado su propósito inicial y han pasado a ser colegios apostólicos y seminarios; durante el movimiento de Reforma en el SXIX, algunos se expropiaron y se usaron como escuelas, cuarteles, hospitales, cárceles y en nuestra época también albergan museos y centros de cultura.

 Preservar el patrimonio cultural y disfrutar de esa riqueza testimonial es un  asunto que involucra no sólo a unos cuantos, sino a todos los sectores de la población. (jal)

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Por Jorge Contreras Herrera

(Conferencia dictada en el teatro José María Heredia en Santiago de Cuba, el 7 de julio de 2009)

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Cuando leí el libro Yo Claudio de Robert Graves, se me imprimieron en la memoria estas palabras: este libro no es para las personas de mi época, ni siquiera de mi siglo, quizá en mil quinientos años se descubra lo que realmente pasó en Roma. Lo mismo Nietzsche en su Anticristo, menciona: los lectores de este libro aún no han nacido.

Han pasado 193 años del natalicio de nuestro poeta mexicano, Don Ignacio Rodríguez Galván, el primer poeta romántico de México y el primer escritor propiamente dicho, de la nueva nación. En una conferencia que di sobre Rodríguez Galván en la Biblioteca Central Ricardo Garibay del estado de Hidalgo me preguntaron: ¿es el tiempo el que condena al olvido o eleva a la gloria a un escritor?, respondí que es posible, pero quién mide el tiempo, si aun hoy se descubren pergaminos o rollos en las cuevas del Mar Muerto; cómo saber si el tiempo ha hecho o no justicia a un vate, si algunos poetas descubren después de siglos a otros poetas, de otras tierras y de otras lenguas. Han pasado 193 años del natalicio de nuestro poeta, y considero, que hasta 1994, se comenzó un acto de justicia a la memoria y obra de nuestro bardo, año que la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y máxima casa de estudios de México, publicó su obra reunida.

En su tiempo conoció miseria y desdicha, sólo algunos lo admiraron y reconocieron como un grande de las letras, entre ellos sus amigos cubanos: José María Heredia, Antonio Bachiller y José Jacinto Milanés, en México debo poner en primer lugar al escritor Manuel Payno (1810-1894) quien fuera quizá, el único mexicano en llevar flores a la tumba de nuestro poeta en la cripta familiar de los Bachiller. Y fue Manuel Payno quien escribiera que Rodríguez de no haber muerto tan joven sería el William Shakespeare de América. Decir eso, en México, en aquella época, no era cualquier cosa, pues se acostumbraba, hacer crítica con severidad, y muy raras veces, se acostumbraba el elogio, y cuando se hacía, lo hacían con moderación.

Hoy estoy aquí, para agradecer la oportunidad de hablar de nuestro poeta y al mismo tiempo, la amistad cubana que le brindaron hasta la muerte y después de ella, al gran escritor Antonio Bachiller y Morales, a José Jacinto Milanés y por supuesto a José María Heredia quien muriera en México.

Don Ignacio, apenas de 26 años, salía por vez primera y única de México, su destino era Venezuela. El 15 de mayo de 1842 se embarcaba hacia la muerte, que encontró el 26 de julio del mismo año en la Habana Cuba.

Así como Ignacio Rodríguez también nací en Tizayuca, y todos los días, camino frente a una primaria con el nombre de nuestro poeta, a veces les preguntaba a los maestros, ¿quién era Ignacio Rodríguez Galván?, sólo me decían que un poeta que nació en Tizayuca, no me daban más información. Con el tiempo conocí algunos poemas, y para ése entonces ya escribía lo propio. En 2005 en un artículo periodístico de un amigo poeta local, decía que era el primer poeta hidalguense, por lo que me di a la tarea de buscar a un experto que pudiese dar una conferencia magistral sobre el tema de Rodríguez Galván y acercarlo más al interés de al menos los escritores hidalguenses. Mi búsqueda me llevó con el doctor en letras, Vicente Quirarte quien a su vez me recomendó al maestro Marco Antonio Campos, todo un experto en literatura del siglo XIX, quien aceptó participar con una conferencia en el 190 aniversario de nuestro poeta, quizá el único homenaje en ése año en todo el país, y sin duda, en todo el mundo.

La conferencia se realizó en el marco de la Feria del libro Infantil y Juvenil del Estado de Hidalgo. Algunos compañeros del Cecultah y yo asistimos, éramos los únicos escuchando tan hermosas palabras, podíamos ser contados con los dedos de una mano. Quizá, yo era el único verdaderamente interesado en el tema. Al concluir la conferencia, le agradecí al maestro Marco Antonio Campos, le comenté de mi amor por la vida y obra de Rodríguez, así como algún dato curioso que me pidió se lo mandara por correo electrónico, me obsequió dos de sus libros, La Academia de Letrán y Las Ciudades de los Desdichados, libros que hablan de nuestro poeta, sin embargo, me comentó que nunca había visitado Tizayuca.

Con los libros que reuní e historia sobre el propio Tizayuca, descubrí algunas cosas, posiblemente Guillermo Prieto (1818-1897) nunca estuvo en Tizayuca, sin embargo lo describe como un pueblucho donde los indios se embrutecen tomando una bebida alcohólica llamada el chinguerito. Guillermo Prieto veía desde un balcón muy alto a los demás y muy posiblemente es la razón por la que nunca elogió como se merecía Ignacio Rodríguez. Descubrí que Rodríguez se sentía inferior por su condición económica y se sentía feo y muy poco afortunado con las mujeres, estaba rodeado de grandes maestros de la literatura y era muy joven, se sentía por debajo de tan altas luces, sin embargo, era el que más comprendía la poesía y el que más era poeta.

Marco Antonio Campos en su libro Las ciudades de los desdichados, menciona que Ignacio Rodríguez nació el 23 de abril de 1816, quizá fue una errata, o bien, quiso darle un aire más romántico por ser el día internacional del libro y su relación con Cervantes y Shakespeare, pero la realidad es que según la partida de bautismo de la iglesia El Divino Salvador de Tizayuca, Ignacio nació el 22 de marzo de 1816, en medio de guerra y seguramente hambre e incertidumbre.

En el mismo libro, el autor reconoce una similitud entre el himno nacional y un poema de Rodríguez y sugiere la influencia que tuvo su poesía en Francisco González Bocanegra, autor de la letra del himno, el poema referido a la letra:

¡Guerra a los galos, guerra!

Megicanos volad,
Los mares y la tierra,
Con su sangre regad.

Nuestra frente hundir en la arena
El francés orgulloso pensó,
y al echarnos la dura cadena
De sus débiles manos cayó.

Ignacio Rodríguez Galván con apenas 20 años de edad, escribe una oda para solicitar su ingreso a la recién formada Academia de Letrán, su fundador Guillermo Prieto y Lacunza le responden con una cuarteta sibilina:

A la voz de cantos y dolores
Nuestra alma en muda comunión responde;
Si hoy el mérito tímido se esconde
La gloria un día le coronará de flores.
Hoy, las flores se comienzan a cortar, para su corona gloriosa.

Rodríguez representó la puerta al mundo para todos los escritores de principios del siglo XIX y como lo dice María del Carmen Ruiz Castañeda, autoridad en revistas del siglo XIX, el trabajo de Rodríguez es sólo comparable con lo que hizo José María Heredia y José Justo Gómez de la Cortina. Heredia dirigió los periódicos El Iris (1926), Miscelánea (1829-1832) y Minerva (1832-1833) y José Justo Gómez, El Zurriago Literario, los dos fueron las máximas autoridades periodísticas que comentarían las publicaciones de Año Nuevo que editaba Rodríguez Galván.

José María Heredia llegó de Cuba a México en 1819, cuando Rodríguez Galván tenía tres años de edad, en el año 1827, Rodríguez se trasladaba a vivir con su tío Mariano Galván Rivera, impresor y librero, quien hacía sitio en su negocio para realizar tertulias e intercambios literarios con los escritores que precedieron la inauguración de la Academia de Letrán, y como lo dice Marco Antonio Campos, la inauguración de la literatura mexicana propiamente dicha.

Heredia vivió en México sus años más creativos, ¿si Ignacio Rodríguez ingresó a la academia de Letrán a los 20 años, a qué edad hizo amistad con Heredia? A la muerte de Heredia en 1839, Ignacio tendría 24 años apenas, a dos años de morir también.

Heredia en su primera estadía en México escribe El teocalli de Cholula considerado el poema inaugural del romanticismo hispanoamericano, cito nuevamente a Marco Antonio Campos, Heredia fue para nosotros una figura cardinal en varias direcciones: como político, como legislador, como magistrado, como editor de revistas, y sobre todo como el gran poeta que fue…

Heredia mantuvo cercanía con algunos miembros de la Academia. Se sabe que fue amigo íntimo de Andrés Quintana Roo y admiró la poesía de Pesado y Mier, pero al final, nos dice Marco Antonio Campos, pondría casi las manos en el fuego, que, de que quien se sintió más próximo, fue de Ignacio Rodríguez Galván. No es difícil colegir la causa, hallaba en el melancólico joven a su alma gemela y veía asimismo, a un poeta de talento y a un promotor cultural imaginativo y perseverante.

Cerca ya de entrar a la casa de la noche, Heredia quería proteger con la ayuda del joven Rodríguez Galván, algo de su propia memoria biográfica y literaria. De la relación, contamos con cuatro hechos documentados que prueban la gran cercanía entre ambos: la constancia que dejaron “los amigos” de Rodríguez en un artículo necrológico en 1842, de que Heredia en los últimos meses de su vía dolorosa, llegaba arrastrándose a la librería del Portal de los Agustinos (librería de su tío, Mariano Galván Rivera) para conversar con el poeta de Tizayuca; el segundo, la inclusión en el número 7 de El recreo de las familias de dos poemas de Heredia, la desesperación y Dios al hombre y las referencia que escribe Eulalio María Ortega en la biografía de Heredia sobre la amistad de los dos poetas; el tercero, la nota de Heredia sobre Año Nuevo de 1839, publicada en el diario del gobierno, donde menciona pros y contras del anuario recién editado y analiza textos de Rodríguez Galván, para terminar exhortándolo a que huya de los vapores negros y pestilentes del romanticismo, y el cuarto las dos menciones sombríamente fraternales de Heredia que el propio Rodríguez hace en poemas suyos, como nos dice Marco Antonio Campos.

Hace falta mucho por escribir y más investigaciones que nos acerquen a la época que reseñamos y que nos permitan desarrollar nuestras propias opiniones y conclusiones. Para mí, tiene un halo de romanticismo y de hermandad entre los dos pueblos, el hecho que en el último verso de Rodríguez Galván, en un poema dedicado al poeta cubano José Jacinto Milanés (que tuvo un destino quizá más trágico que el de Rodríguez Galván), alude al cubano al incluir el nombre de Heredia como postrer recuerdo:

…..

Mas huye de donde entornadizo ondea
de libertad el estandarte al viento,
que de tiranos el impuro aliento
al genio daña y lo marchita en flor.

No empero pises las sangrientas playas
do la discordia lanza horrendo grito,
ni mucho menos el país maldito,
que a Heredia fue de luto y dolor.

Se ha dicho, que Ignacio Rodríguez Galván, tuvo influencia de José María Heredia, es dudoso ya que tuvieron poco tiempo de conocerse y su amistad, fue más una identificación de espíritus. Pienso que Heredia, como un hermano mayor, comprendía perfectamente a Rodríguez y trataba de orientarlo, más que literariamente, en la esfera moral; le aconsejaba que dejara esa nube pestilente de vapores tóxicos del romanticismo, que elevara su espíritu a cielos más limpios. Pero la vida de Rodríguez fue dura desde su nacimiento, pues nació en plena guerra de independencia, justo diez años y un día después de nuestro prócer y benemérito de las Américas, don Benito Pablo Juárez García. La incertidumbre que causaba la guerra la ilustra esta anécdota, al huir su familia, olvidan al pequeño Ignacio de apenas ocho días de nacido en el jacal o casa provinciana, a poco de salir y darse cuenta del descuido, vuelven por él, según contaba su hermano Antonio y remataba desde entonces estuvo condenado al abandono.

Ignacio Rodríguez nace a los veinte años de matrimonio de sus padres, los señores José Simón Rodríguez Maldonado y María Ignacia Galván Rivera, quienes se casaron el 25 de noviembre de 1795, no se sabe cuantos hijos tuvieron, lo que podemos inferir es que no fueron pocos hijos, lo que sí se deduce, es que los hermanos Antonio e Ignacio Rodríguez Galván, fueron llevados por sus padres siendo niños de alrededor de once años, a vivir a la casa de su tío materno, Mariano Galván Rivera, por las dificultades económicas que vivían en esos tiempos.

El eximio poeta José Emilio Pacheco nos dice: De entre esas sombras sin voz ni rostro surgió Ignacio Rodríguez Galván (1816-1842), el primer escritor mexicano en el sentido de ser el primero que no se formó en las instituciones coloniales, refutó con su actividad y su obra misma las calumnias arzobispales y expresó el punto de vista del mestizo, el término con que tratamos de sintetizar la diversidad indostana y babélica de las castas. En su acta de nacimiento aparece como “español e hijo de españoles” y según Guillermo Prieto, su amigo y contemporáneo, “su aspecto era de indio puro”.

Hay en los comentarios que ofrece Guillermo Prieto acerca de nuestro poeta una cierta severidad, cuando menciona que es un joven con talento, y que promete si se esfuerza en mejorar: “Hagamos que dé su grito de presente, en esta revista, Ignacio Rodríguez Galván.

Era nativo de Tizayuca, poblacho del rumbo de Pachuca, dotado de tres monumentos que, si no le daban celebridad alguna, le valieron el nombre y honores de un pueblo.

Estos tres monumentos eran una iglesia que servía a las tres maravillas para esquilmar y embrutecer a los indios. Tenía tienda en que el chinguerito hacía el principal papel y las atarrías y aparejos figuraban entre comestibles; y una pileta con agua salobre para gentes y bestias, a las que llegaban ansiosas y se retiraban haciendo gestos los consumidores.

El aspecto de Ignacio era de indio puro, alto, de ancho busto y piernas delgadas no muy rectas, cabello negro y lacio que caía sobre una frente no levantada pero llena y saliente; tosca nariz, pómulos carnudos, boca grande y unos ojos negros un tanto parecidos a los de los chinos.

Era Ignacio retraído y encogido y solía interrumpir su silencio meditabundo con arranques bruscos y risas destempladas y estrepitosas. Entró como dependiente a la casa de su tío D. Mariano Galván Rivera en su librería del portal de los Agustinos; aseaba y barría la librería, hacía mandados y cobranzas y por su aspecto y pelaje parecía un criado.

El tío le alojó en su casa en un observatorio astronómico, de suerte que sus primeras relaciones fueron con los astros y con el infinito. Acaso alguna idealidad de las obras de Rodríguez refleja estas primeras impresiones.

En la librería había tertulia perpetua de literatos chancistas, clérigos de polendas, como el Dr. Quintero, Moreno Jové y otros, y poetas como Couto, Carpio, Pesado y algunos más. La discusión sobre libros y asuntos literarios impresionaron a Rodríguez, que no leía, sino que devoraba libros, sobre los que llamaba la atención de los parroquianos de Galván. Por sí, y con trabajo asiduo sobre toda ponderación, emprendió el estudio del francés, del italiano y del latín, y se proveyó de una erudición asombrosa en escritores y poetas españoles.

Comentarios de Guillermo Prieto en Memorias de mis Tiempos (1828-1853), sobre la personalidad extravagante de Rodríguez Galván.

¿Habrá sido Rodríguez Iniciado Masón por los contertulios del librero Galván como lo fue Víctor Hugo y Dumas, como lo fue Hidalgo y Morelos, como lo fue Ignacio Manuel Altamirano y el mismo Guillermo Prieto? Si había un observatorio en la librería de su tío, ¿habrán tenido una logia? Recuerda Prieto una anécdota sobre una reunión donde Ignacio se presentó con gran capa azul, el sombrero en la mano, la raya abierta en su negro cabello, sus dientes sarrosos, mirada melancólica y tierna, sus piernas no muy rectas, y de conjunto desgarbado y encogido.

Cómo lo habrán tratado sus amigos, no a todos les dedica un poema, una palabra, un verso, a los demás, muchos le dieron la espalda, o simplemente no le brindaron el apoyo que necesitaba, pues como se sabe vivió casi rayando en la miseria, a pesar de tener una preparación autodidacta tan amplia como menciona Guillermo Prieto, idiomas, editor, escritor. Tan sólo su amigo y benefactor José María Tornel logró darle un empleo como oficinista en su ministerio, para encargarse de la redacción de la parte literaria del Diario del Gobierno, trabajo en el que pronto ascendería por sus meritos y que finalmente le llevó a convertirse en Jefe de la legación mexicana en los países del sur, lo que sería hoy en día, un embajador.

Cuánto dolor guardó Rodríguez Galván, veamos qué pensaba de la amistad. La pregunta es a quiénes les dedicó estos versos, porque hay quienes fueron verdaderos con Rodríguez:

…Amistad sincera
Busqué en los hombres y la hallé… Mentira
Perfidia y falsedad hallé tan sólo.

… Y abandonado y solo
En la tierra quedé. Mi pecho entonces
Se oprimió más y más, y la poesía
Fue mi gozo y placer, mi único amigo:
Y misteriosa soledad de entonces
Mi amada fue.

El editor y autor contemporáneo Fernando Tola de Habich, agradece a Alejandro González Acosta el rescate del texto de la partida de defunción, gracias a las investigaciones de Roger González Mertell y Omar F. Mauri Sierra en la Habana, Cuba, gracias a ellos sabemos, que su Partida de defunción se encuentra en el libro 19 de Entierros de Españoles, folio 136 Núm. 1467, de la iglesia de Nuestra Señora de la Caridad de la Habana, Cuba y dice lo siguiente: “El día veinte seis de julio de mil ochocientos cuarenta y dos: se dio sepultura en el Cementerio General según consta en la papeleta al cadáver de D. Ignacio Rodríguez Galván individuo de la legación megicana, natural de Méjico y vecino de esta feligresía, soltero, se ignora el nombre de sus padres, no testó ni recibió los Stos. Sacramentos por su pronta muerte: era de veinte y seis años de edad y lo firmé: Anolay Domingo de Manzano.

Casi un cenotafio, pues no habría en su cripta, amigos y familiares que lo recordaran con cariño, quizá tan sólo con respeto. Aún no ha llegado el día en que sea coronado con laureles y flores.

La tragedia siguió a Rodríguez aun después de muerto, pues el cementerio General de la Espada en la Habana Cuba, que se fundó el 2 de febrero de 1806, fue destruido cuatro años después por un maremoto. Especialmente a los tizayuquenses nos interesa mucho saber si existe posibilidad de recuperar sus restos. Esta esperanza es exigua por lo que se sabe del funesto destino…

Cito a Manuel Payno en su vista a Cuba, Rodríguez, quizá cansado de la vida, presa de esos indefinibles sufrimientos morales que nos hacen odiar la existencia, hacía lo que verdaderamente pueden llamarse locuras. Comía en exceso, bebía vino, se asoleaba, se bañaba en horas desusadas, esto en un clima como el de la Habana en el mes de julio, le produjo un vómito prieto terrible. Fue atacado en la misma posada, en el mismo cuarto, y quizá en el mismo lecho donde yo duermo (calle del teniente del Rey, Hotel Francés). Luego de que se difundió la noticia de la enfermedad acudió Bachiller, lo transportó a su casa, situada fuera de la Habana y en un sitio ventilado y hermoso. Allí personalmente lo asistió como un hermano, le prodigó todos los auxilios de facultativos y medicinas; pero la enfermedad era mortal y nada bastó para contener su influjo destructor. Rodríguez en su enfermedad fue visitado por todos los jóvenes de la Habana y por multitud de personas, y si no miró en sus últimos momentos a sus amigos de México y a su familia, si vio que su genio y su excelente corazón le habían granjeado vivas y sinceras simpatías.

Bachiller tiene la honra de haber sido el benefactor de un mexicano desgraciado, y el generoso amigo del pobre poeta, a quien lanzó su fortuna de este lado de los mares, para ver en su postrer instante la belleza insular y cerrar los ojos para siempre.

A 167 años de su muerte duele que siga tan olvidado, no por falta de interés de sus lectores, sino por la falta de atención de las instituciones académicas y culturales, de sus responsables y divulgadores dedicados a investigar para acercarnos más a nuestras raíces, a nuestros predecesores. Asimismo pienso que es más grande levantarse al final de entre las cenizas del tiempo, para mostrarse como un pilar del edificio que albergará a las letras mexicanas.

A quienes tenemos el privilegio de haberlo leído, nos han cautivado los poemas de Rodríguez Galván, como se ha dicho en esta conferencia, la presencia de Heredia en su poesía es una constante, así aparece en el poema llamado “Por vez primera” escrito el 1 de noviembre de 1840:

Ya tendido expirando en lecho duro

De escarnio soy y lástima el objeto;
Ya entra de Heredia el pálido esqueleto
En mi oscura mansión

En vida y muerte, oh vate, infeliz fuiste;
Si en tu existir tocaste sólo abrojos,
Con muertos ignorados tus despojos
Yo confundidos vi.
Tú predijiste mi miseria cuando
En mi mano sentí tu mano ardiente;
Si no heredé tu númen elocuente,
Tú mala estrella sí.

Manuel Toussaint (Cd. México 1890-Nueva Cork 1955) escritor e historiador del arte, en 1939 en el centenario de la muerte de José Maria Heredia el gran poeta cubano, dictó una conferencia donde dijo, es raro no tener un artículo suyo acerca de Rodríguez Galván, de quien se sabe fue gran amigo, pero la explicación de esto, debe buscarse acaso en la juventud de Rodríguez y en quien fue quizás, el último amigo de Heredia.

No sé que tanto se sepa de Rodríguez Galván en Cuba, pero lo que ofrezco, son datos para hermanarnos más en nuestra historia literaria, porque los poetas, siempre preceden. Como ya se mencionó aquí, existe un artículo en que Heredia hace recomendaciones a Galván, pero eso no es lo sustancial. Lo trascendente, es lo que no se registró, las conversaciones de amigos, lo íntimo, su identificación, su hermandad, su anhelo por saberlo un hombre que logra salir del sufrimiento y mirar cada día más alto. Pienso que eso fue lo que guió a Bachiller en Cuba cuando prestó desinteresada ayuda a Galván que a pesar de esto murió joven.

Marco Antonio Campos nos recuerda que en esos tiempos, los poetas luchaban por la verdad, por la libertad, ahora los poetas, luchan por las becas, por los apoyos gubernamentales.

Cintio Vitier, en su ensayo, Introducción a los grandes románticos cubanos dice que La Epístola a Ignacio Rodríguez Galván, de Milanés, vale sólo por su última línea. Sin embargo los grandes poetas se equivocan, pues los criterios son técnicos, artísticos, y a veces no históricos, mucho menos circunstanciales.

Juzgue el lector dicho poema escrito por José Jacinto Milanés en respuesta lírica a tres días de la muerte de Rodríguez Galván:

Vate de Anáhuac, pues con tu lloro
quisiste honrar mi desmayado drama,
esa es la hoja mejor del lauro de oro
que codicioso demandó a la fama.

El bello corazón de la cubana
pintó no más, sin reparar quisiste,
en aquella hermosura sevillana,
hija infeliz de mis ensueños tristes.

Tiernas son nuestras bellas, y este clima
les da un hablar simpático y suave,
qué fácil entra en la española rima
y al corazón introducirse sabe.

Donde deja marcada su sandalia
la vil esclavitud, mandan las bellas
con ternura mayor. Así es Italia
con su cielo riquísimo de estrellas.

La causa debe ser –y así redimen
la vejación con que las tristes andan-
que donde más las hermosuras gimen
es más donde las hermosuras mandan.

Oh! Yo las amo. Y si la lira mía
su posición amargara suavizará
amor, y sólo amor resonaría
mientras el corazón me palpitara.

Mas ¿qué es la voz de un vate, eco perdido
de un ave triste en tempestad horrenda?
pula al que manda al pueblo embrutecido
y plantará la ilustración su tienda.

Pero no buscaré, como tú dices,
playa mejor en donde el libro goza
y entre sus hijas nobles y felices
la santa independencia se alboroza.

Que aunque supe adorar por dicha mía,
la libertad augusta, pequeñuelo,
y siempre detesté la tiranía
como amo al sol, como bendigo al cielo:

Aunque abomino al mandarín malvado
que a remachar mis grillos coadyuva,
nunca comiendo el pan del emigrado
pensé cumplir con mi adorada Cuba.

Hijo de Cuba soy: a ella me liga
un destino potente, incontrastable:
con ella voy: forzoso es que la siga
por una senda horrible o agradable.

Con ella voy sin rémora ni traba,
ya muerda el yugo o la venganza vibre.
Con ella iré mientras la llore esclava,
con ella iré cuando la cante libre.

Buscando el puerto en noche procelosa,
puedo morir en la difícil vía;
mas siempre voy contigo ¡oh Cuba hermosa!
Y apoyando el timón espero el día.

Julio 22 de 1842

Quizá José Jacinto Milanés era uno de los que mejor comprendía a Rodríguez, ya que provenía de similares circunstancias, familia humilde, autodidacta, lectura intensa y sensibilidad. Son aspectos que a veces olvidan los críticos, pero que para el lector sensible, esencial, son los que engendran mejor la poesía del mundo.

Quisiera extenderme hasta donde mis emociones conocen, pero es prudente concluir. Los poetas mayores nos han dicho: no puedes decirte poeta a ti mismo, deja que el pueblo te lo diga… Es el tiempo el que consagra tu obra y mucho más… Considero que es menester de los artistas creer en lo que hacen, en lo que hacemos. Nosotros dictamos y decimos y otros siguen, así que creamos sinceramente en lo que hacemos. El tiempo es un parpadeo o una noche larga…, al final, habrá alguien que descubra lo que hay bajo el sol.

Manuel Payno el escritor y diplomático, lo dijo refiriéndose a Ignacio Rodríguez Galván, de no haber muerto tan joven, hubiera sido el William Shakespeare de América, yo, le creo.

Y me despido con el poema que escribió Ignacio Rodríguez Galván sobre el vapor que lo llevo a Cuba:

Adiós, Oh Patria Mía

A mis amigos de México

Alegre el marinero
en voz pausada canta,
y el ancla ya levanta
con extraño rumor.

De la cadena al ruido
me agita pena impía.
Adiós, oh patria mía,
adiós, tierra de amor.

El barco suavemente
se inclina y se remece,
y luego se estremece
a impulso del vapor.

Las ruedas son cascadas
de blanca argentería.
Adiós, oh patria mía,
adiós, tierra de amor.

Sentado yo en la popa
contemplo el mar inmenso,
y en mi desdicha pienso
y en mi tenaz dolor.

A ti mi suerte entrego,
a ti, Virgen María.
Adiós, oh patria mía,
adiós, tierra de amor.

De fuego ardiente globo
en las aguas se oculta:
una onda lo sepulta
rodando con furor.

Rugiendo el mar anuncia
que muere el rey del día.
Adiós, oh patria mía,
adiós, tierra de amor.

Las olas, que se mecen
como el niño en su cuna,
retratan de la luna
el rostro seductor.

Gime la brisa triste
cual hombre en agonía.
Adiós, oh patria mía,
adiós, tierra de amor.

Del astro de la noche
un rayo blandamente
resbala por mi frente
rugada de dolor.

Así como hoy la luna,
en México lucía.
Adiós, oh patria mía,
adiós, tierra de amor.

¡En México!… ¡Oh memoria!…
¿Cuándo tu rico suelo
y a tu azulado cielo
veré, triste cantor?
Sin ti, cólera y tedio
me causa la alegría.
Adiós, oh patria mía,
adiós, tierra de amor.

Pienso que en tu recinto
hay quien por mí suspire,
quien al oriente mire
buscando a su amador.

Mi pecho hondos gemidos
a la brisa confía.
Adiós, oh patria mía,
adiós, tierra de amor.

[A bordo del paquete-vapor Teviot, navegando de la baliza de Nueva Orleáns a La Habana. Domingo 12 de junio de 1842.]

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Jorge Contreras Herrera (Tizayuca Hgo.,1978) Poeta, escritor, promotor cultural, autor de los libros de poemas: ¿Quién Soy Otro sino Tú? y Poemas del Candor, editorial Fridaura, compilador de la antología Tributo a Sabines: he aquí que estamos todos reunidos.

El Ángel caído y otros poemas de Ignacio Rodríguez Galván, en la biblioteca virtual, http://www.antorcha.net/biblioteca_virtual/literatura/angel/1.html

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Conciencia

 

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La palabra conciencia proviene del latín conscientia, que significa con conocimiento. Esta palabra alude al acto psíquico por medio del cual el individuo se percibe a sí mismo inserto en el mundo.

La definición “canónica” de la conciencia es el conocimiento que el ser humano tiene de sí mismo y de su entorno; una capacidad cognitiva relacionada con la atención, que permite a los seres humanos percibir, de manera más profunda, la entidad global de un objeto y su propia existencia.

En términos filosóficos, se diría que es la facultad de decidir según la percepción del bien y del mal (lo que llamaríamos conciencia moral). De todas maneras, no está falto de razón Jean Paul Sartre cuando afirma que “la conciencia sólo puede existir de una manera, y es teniendo conciencia de que existe”.

Pero la conciencia moral puede llevar a diferentes personas a actuar de distinto modo, de acuerdo con sus principios. Un ejemplo sería el de la posición ante la guerra. En este sentido, el dramaturgo Eugene Ionesco ha escrito una frase que explica bien esta paradoja: “Si matamos con el consentimiento colectivo, no nos remuerde la conciencia”. Se ha dicho que “Las guerras se inventaron para matar con la conciencia limpia”.

Algunos expertos afirman que la actuación de la conciencia moral abarca tres niveles: “antes del acto”, “durante el acto” y “después del acto”. En el primero caso, la conciencia actúa como consejera; en el segundo, nos indica que somos libres y responsables da nuestra acción; en el tercero, actuando como juez y ejecutora, la conciencia nos aplicaría su sentencia: satisfacción, tranquilidad, remordimiento, vergüenza, arrepentimiento, etc.

Se puede hablar de distintos tipos de conciencia, una forma de clasificarla es:

– Conciencia individual: esta alude a la conciencia del individuo y de la forma en que el entorno puede perjudicarlo o favorecerlo en las distintas circunstancias de la vida. Por medio de esta, la persona establece qué es lo bueno y lo malo

para sí. El poner en marcha esta distinción se la conoce bajo el nombre de instinto de supervivencia. Además, por medio de ésta el individuo cae en la cuenta de que debe usar su libre albedrío y capacidades para crear y también dirigir su propio plan de vida.

Conciencia social: la expresión apunta a  cual es el estado de la conciencia del resto de la comunidad y de cómo el entorno puede favorecerla o perjudicarla. Por medio de la conciencia social se establece aquello que es malo o bueno para la comunidad como un todo y cuando esta distinción se pone en marcha se la conoce bajo el nombre de instinto de protección.

Conciencia emocional: a partir de los datos emocionales, esta conciencia dictamina qué es bueno y qué es malo, así como también de cómo la forma en que el individuo y su comunidad actúen, afectará el estado emocional de la comunidad en sí, la realización acertada de dicha distinción se la conoce bajo el nombre de inteligencia emocional.

Conciencia temporal: por medio de ésta el individuo toma conciencia sobre el ambiente que lo rodea y de cómo lo afecta tanto a él como al resto de los demás a lo largo de la línea del tiempo. Por medio de ella se distingue aquello que es malo o bueno para la comunidad como un todo con respecto a su futuro. Cuando esta distinción se ejerce correctamente se la conoce como inteligencia racional.

Conciencia psicológica: por medio de esta conciencia, la persona advierte su propia presencia, de los hechos y objetos que se ubican fuera del propio yo y la reflexión de los actos propios.

Conciencia moral: es el conocimiento que cada individuo debería tener sobre las reglas morales y las normas. Por medio de esta, la persona se da cuenta de si la propia conducta moral es valiosa o no. Los actos morales son aquellos orientados hacia los demás, el mundo y el exterior.

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El misterio de la conciencia

Por Martín Bonfil Olivera, mbonfil@gmail.com

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Uno de los grandes misterios científicos que quedan por entender (probablemente “resolver” no sea la palabra adecuada en casos como éste) es el de qué es la conciencia: esa “preciosa aunque misteriosa capacidad de estar al tanto de nuestro propio yo y del mundo que nos rodea” (como la describe un boletín de la Academia Finlandesa).

Sabemos que, lejos de ser una manifestación espiritual, se trata de un fenómeno natural: una propiedad emergente del funcionamiento de nuestro cerebro, que a su vez es producto de un proceso evolutivo de millones de años. Lo que aún no entendemos son los detalles de cómo un trozo de sesos de kilo y medio da origen a un yo consciente, a un “alma” (si quiere usted llamarla así).

¿Cómo podría investigarse algo así? Un enfoque interesante es el que plantearon, usando anestésicos, el investigador Harry Scheinin y su equipo en la Universidad de Turku, Finlandia (en colaboración con investigadores de la Universidad de California en Irvine), como parte de un proyecto de “neurofilosofía de la conciencia”, nada menos. Y es que el tema da para discusiones filosóficas, éticas, neurológicas, evolutivas…

La anestesia es buen método para explorar cómo el cerebro origina la conciencia: cada vez que nos dormimos perdemos, en gran medida, la conciencia. También, más profundamente, cuando somos anestesiados antes de una operación. Scheinin administró anestésico a 20 sujetos jóvenes y sanos y los metió a un aparato de tomografía por emisión de positrones (PET), que permite monitorear el flujo de sangre en el cerebro, y por tanto detectar qué áreas se van activando cuando los sujetos recobran la conciencia (definida como cuando eran ya capaces de obedecer la orden de realizar un movimiento). Para separar los efectos de ir bajando la dosis del anestésico – propofol, de mala fama gracias a Michael Jackson, pero usado comúnmente en cirugía– de los del proceso mismo de recobrar la conciencia, en la mitad de los pacientes se usó otro anestésico, dexmedetomidina, que permite despertar a los pacientes sin bajar la dosis que se les estaba administrando. Como los resultados con ambos anestésicos coincidieron, puede asumirse que se deben al proceso mismo de recobrar la conciencia, no al la disminución en la dosis de propofol. Lo que se descubrió fue que, contra lo que se hubiera esperado, no fueron las áreas de la corteza cerebral –el neocortex, la parte evolutivamente más nueva del cerebro humano, y la que normalmente se asocia con la conciencia– las que se activaron primero, sino áreas mucho más antiguas como el tallo cerebral, el tálamo y el sistema límbico. Éstas serían, según los autores del estudio, publicado en la revista Journal of Neuroscience el pasado 4 de abril,

“los correlatos neurales mínimos que se requieren para que emerja un estado consciente”.

Lo inquietante es que muchas de las pruebas que normalmente se realizan para determinar si una persona está inconsciente (por ejemplo para ver si la anestesia durante una operación está siendo efectiva, o para determinar si hay muerte cerebral) se basan en gran parte en el monitoreo de la función de la corteza. Hay casos de “conciencia intraoperativa” en que los pacientes reportan recordar lo sucedido durante una cirugía. Y más preocupante, hay indicios de pacientes con muerte cerebral diagnosticada que, al ser operados para retirarles órganos para donación, podrían haber sufrido dolor.

Los resultados de Scheinin seguramente detonarán nuevos estudios y nuevas discusiones que nos llevarán a entender un poco mejor no sólo cómo el yo emerge de nuestro cerebro, sino qué es eso que llamamos conciencia y qué es, finalmente, una persona humana. Y a mejorar los criterios con los que actuamos en casos donde la calidad de persona humana es decisiva.

Milenio.com, 3º mayo 2012

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Humberto Beck

A finales del siglo XVI, Miguel de Cervantes no guardaba grandes esperanzas acerca del progreso de su carrera como funcionario en España. La solución que vislumbró —proponerse para alguno de los puestos disponibles en las colonias americanas— estuvo a punto de conducirlo a México. Finalmente, Cervantes no se encaminó a la América española y, en su lugar, fundó la novela moderna: escribiendo el Quijote descubrió un continente literario. El episodio del viaje frustrado de Cervantes a América revela un tiempo en el que México, como alguna vez la Unión Soviética, se presentaba a los ojos de la imaginación mundial como una tierra habitada por el futuro. Entonces viajar a México simbolizaba una alternativa tan vanguardista como crear la modernidad literaria. Pero todavía hoy, a pesar de que las relaciones entre el mundo hispánico y lo moderno no han sido siempre las de un desacuerdo, no es extraño que los vínculos entre México y la vanguardia se sigan percibiendo bajo un signo de contradicción.

Más de tres siglos después, la visita de André Breton pareció confirmar las sospechas sobre tal desavenencia al establecer un curioso vínculo entre México y la vanguardia. Tal vez no se ha reparado lo suficiente en las consecuencias simbólicas de que Breton haya llamado a México “el lugar surrealista por excelencia”. Aunque se trata de una anécdota tangencial, este bautizo de México en las aguas del surrealismo no deja de ser significativo. La interpretación habitual de la frase, que se ha convertido en el resumen de su estancia, ha dado lugar a un malentendido con la vanguardia. El surrealismo ha penetrado en el lenguaje cotidiano como un sinónimo de la forma pintoresca del absurdo, dando lugar a la costumbre de emplear un término relativo a la voluntad de ruptura en las artes y la literatura para describir los aspectos premodernos del carácter nacional. En medio de un embotellamiento interminable o enfrentados a un enredo político insólito, los mexicanos recuerdan gustosos las palabras de Breton, y llaman surrealistas a los tropiezos de su camino a la modernidad. La visita, en vez de situar a México en la avanzada de la cultura, reforzó la certeza de la excentricidad mexicana.

En la geografía de la vanguardia, México ha ocupado entonces un lugar emblemático por virtud de su atraso. Siguiendo esta interpretación, la presencia del surrealismo en México habría respondido al objetivo de apreciar los aspectos excéntricos de la nación, y no al deseo de celebrar un encuentro con la cultura mexicana, su posible semejante. Breton habría descubierto en México la tierra del buen salvaje de la vanguardia, una región del mundo que se ahorró el tedioso rodeo de la historia, naciendo inocente y surrealista. La revolución propuesta por los manifiestos artísticos en Europa sería irrelevante, porque México yace, desde siempre, inmóvil en el origen. Lo que en los cenáculos de París apenas se atisbaba en sesiones de escritura automática, sacudiendo los sueños para dar con un trozo de evidencia, en México se tenía en estado silvestre, al alcance de la mano en la forma de una calavera de azúcar. El país habría atraído a la vanguardia por padecer una forma particular del retraso cultural, como si visitarlo fuera el equivalente espacial de un viaje al inconsciente.

Pero cuando Breton nombró a México un país surrealista, no se refería sólo a los paisajes hechizantes y a la “belleza convulsiva”, sino, ante todo, a su carácter revolucionario. El surrealismo se alimentaba de la identidad entre creación artística y revolución: en la meta común de transformar el mundo y cambiar la vida, la poesía y la actividad revolucionaria encontraban su unidad. De esa forma, la irrupción de la libertad en el ámbito de la imaginación no podía estar completa sin la transformación radical de la sociedad. Por su Revolución y el genio de sus artistas, México era, a juicio del surrealismo, el centro de una de las incursiones más vigorosas de esa libertad en la historia del siglo XX. Era en las aspiraciones sociales de la Revolución, los cuadros de Frida Kahlo, las fotografías de Manuel Álvarez Bravo o los grabados de José Guadalupe Posada —ese “maestro del humor negro” a la altura de Kafka o Baudelaire— donde se revelaba lo fundamental de la naturaleza vanguardista de la cultura mexicana. En los terrenos del arte y la organización social, México se intersectaba con la vanguardia en la fuerza revolucionaria de su impulso creador.

Hay que concebir de otra forma nuestra condición surrealista y dejar de ver la historia de México como un largo desencuentro con la vanguardia. Aun como país comúnmente ligado con el rezago, México se ha relacionado con las vanguardias y hasta las ha producido: basta mirar un cuadro de Tamayo para darse cuenta de lo ilusorio de cualquier dilema entre lo mexicano y la modernidad. Breton compartió con Cervantes el doble aliento del viaje y la creación que se resolvía en una idea fija: América, México, la patria del futuro cuyo encuentro representaba la posibilidad de una experiencia renovadora. Tal vez permanece en el aire, sin embargo, la imagen de la herencia hispánica sólo como un lastre medieval —aunque ese fardo haya sido la vanguardia que en el siglo XVI intervino en la creación de México. A pesar de la formidable evidencia en contra de la confusión sobre el lugar de lo mexicano en lo moderno, no nos hemos podido deshacer por completo de la creencia en un divorcio esencial entre México y cualquier variedad de la vanguardia. La cultura mexicana sólo se podrá mantener como un sujeto dotado de voz en la conversación con el mundo borrando los vestigios de esa tendencia de vincular a México con el atraso.

Letras Libres, Agosto 2002

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Sobre Freud y el inconsciente
William S. Burroughs

Freud, que fue uno de los primeros investigadores en resaltar el gran peso de las enfermedades mentales delineadas por el capitalismo materialista de siglo XIX, nunca se preguntó por la ética subyacente. Tal vez sintió que hemos pagado un precio elevado por lo que él llama civilización, y que el costo lo ha valido. No se le ocurrió preguntarse si ese precio era necesario. No hay razón que nos impida disfrutar de las ventajas de la así llamada civilización, sin necesidad de conflictos agraviantes.

Freud descubrió la extensión del pensamiento marginal, inconsciente, pero fracasó en entender como tal pensamiento podría ser útil y ventajoso. “Donde hubo ello y superyó, cabrá que el yo sea,” es una proposición fuera de moda. De hecho el ego consciente es en muchos casos un asilo, al igual que alguien que se dispone a dominar una habilidad física como el tiro, la esgrima, el boxeo, el automovilismo, la aviación. Sólo cuando tus respuestas se han vuelto automáticas y operan sin una voluntad consciente es que puedes funcionar con eficacia.

Los budistas siempre han considerado al ego un obstáculo espiritual. Recuerdo a alguien que lo objetaba y que preguntó a Chogyam Trungpa Rinpoche por qué era que la gente se levantaba cuando él entraba a un cuarto. Trungpa contestó “Por respeto.” “¿Respeto a que?” reclamó el objetante. “Ausencia de ego” respondió su santidad. El budismo y otras disciplinas espirituales están diseñadas precisamente para doblegar al ego. Y mi experiencia es testigo de que el ego es un soporte artístico. La mejor escritura y pintura son llevadas a cabo solamente cuando el ego es usurpado y negado. En realidad, un artista transcribe desde el inconsciente.

El concepto de inconsciente de Freud deriva de su experiencia clínica. Después de observar un número de síntomas patológicos que adscribió a conflictos inconscientes, llegó a considerar al inconsciente como algo destructivo, o al menos como un depósito de impulsos irracionales y atávicos. ¿Entonces cómo es que un factor adverso, que existe en la psique humana, puede entenderse como necesariamente biológico?

Freud dice que las restricciones de los impulsos inconscientes son necesarias para mantener unida a una civilización. Sin embargo esta explicación es en su conjunto demasiado racional, ya que presupone un contrato social acordado conscientemente para suprimir lo irracional. Freud debió haber visto los defectos de este argumento y prosiguió a desarrollar su dudoso concepto de un Instinto de Muerte y un Instinto de Vida en eterna lucha. Aquí se acerca a la posición maniquea de postular una batalla entre las fuerzas del Bien y el Mal. Aunque Freud criticaba a Jung por aspirar a ser un filósofo y un profeta en vez de un simple clínico, él podría ser objeto de la misma crítica. Yo, Superyó y Ello, flotando en un vacío sin referencia alguna al sistema nervioso, se me presentan como conceptos metafísicos muy ambiguos. En sus años tardíos Freud aceptó la telepatía a regañadientes, después de haber encontrado tantos ejemplos de intercambio telepático en sus prácticas clínicas.

Recuerdo cuando estaba en análisis con el Doctor Federn, tuvimos algunos intercambios telepáticos. Por ejemplo, yo lo vi en un sueño regalando dulces a unos niños y le dije que tuviera cuidado o se ganaría la fama de acosador infantil. Cuando le relaté mi sueño me contó que en efecto había regalado dulces en unas vacaciones en Cape Cod, y se dio cuenta, según sus propias palabras, de que “la gente podría pensar que era un viejo lascivo”. Y me contó de un analista conocido suyo que había reunido mil doscientos casos de telepatía en su práctica. Pero el doctor Federn se rehusaba admitir las implicaciones de la telepatía. Cuando sugerí que la maldición de una persona maligna podría ser efectiva, negó categóricamente que tal cosa fuera posible. “Brujas,” dijo, “son histéricas y sus víctimas, paranoicos.” Sea como sea, si admitimos el contacto telepático debemos admitir por lógica que ese contacto es tan perjudicial como el contacto cara a cara.

Freud, al admitir la posibilidad de la telepatía, pensó en ella como un atávico e indeseable vestigio que evocaba la antigüedad protoplásmica. No se le ocurrió que esta facultad podría ser útil o utilizada a diario por gente ordinaria. El oficial de policía más duro de roer apuesta a sus presentimientos. Él sabe cuando el sospechoso miente. Mira a dos vendedores de caballos y observarás la telepatía en acción. El primero no rebasará cierta cantidad. El otro no bajará de cierta cantidad. Puedes ver el precio por acordar tomando forma en sus cabezas. Después volveré a los usos prácticos de las habilidades de la PES.

Es preciso recordar que el inconsciente era mucho más inconsciente en la época de Freud que en la nuestra. Los tabús sexuales eran más rígidos y el comportamiento sexual era literalmente innombrable. Palabras de cuatro letras no podían aparecer en páginas impresas (Insertar nota), y la pornografía soft-core que ahora se vende en puestos de periódicos habría sido impensable en el siglo XIX. La histeria, el clásico ejemplo de síntomas motivados por el inconsciente, era bastante común en las prácticas clínicas; y como tengo entendido es bastante rara en nuestros días.

El inconsciente no es un factor estable, pero varía intensamente de un individuo a otro y de una cultura a otra. Recuerdo que un analista que realizó sus prácticas en Marruecos me dijo que el superyó parecía insuficiente o al menos diferente en sus pacientes árabes. En Occidente parecería que nos encontramos frente a una fase que podría ser llamada el semiconsciente o consciente marginal. Y quizás podríamos imaginar un tiempo donde el inconsciente se una al consciente.

Freud pensó que el yo, el superyó y el ello deben ser eventualmente situados en una base fisiológica y un área cerebral moderna. La investigación está acercándose a poner eso en práctica. El profesor Delgado, autor de un libro titulado Control Físico de la Mente, ha demostrado que el miedo irracional, la agresión y la ansiedad pueden ser producidas por estimulaciones eléctricas de ciertas áreas del cerebro. Todos los síntomas de la lucha del inconsciente se pueden prender y apagar por el movimiento de un interruptor. El biofeedback ha demostrado que reacciones autónomas tales como sudar, ritmo cardiaco acelerado y presión sanguínea, que son síntomas del conflicto inconsciente, pueden ser sometidos al control de la consciencia.

No me considero un materialista, pero insisto en que cualquier cosa que afecte al sistema nervioso debe tener un punto de referencia que fije una posición definida en el sistema nervioso. En su libro The Origin of Consciousness in the Breakdown of the Bicameral Mind, Julian Jaynes propone una tesis que tendería a localizar al inconsciente en el hemisferio no dominante del cerebro. Su teoría postula que el ego inconsciente, el ello, es un desarrollo relativamente reciente que ocurrió en un periodo que oscila entre el año 1000 y el 800 a.C. Antes el hombre obedecía la Voz de Dios, la cual emanaba, sin duda, del hemisferio no dominante del cerebro. No había ninguna entidad de la interrogación. El hombres no tenía ego literalmente; era gobernado por lo que Freud llama el superyó y sus llamados instintivos, el ello.

La tesis se sostiene en una amplia evidencia clínica derivada de casos accidentales donde una parte del cerebro ha sido dañada o destruida, y una serie de experimentos con estimulaciones eléctricas hacen escuchar voces a sujetos ordinarios. De cualquier manera, el hemisferio no dominante no es simplemente una fuente de síntomas irracionales aunque realiza unos cuantos servicios útiles y, de hecho, esenciales. Por ejemplo, el más simple de los problemas espaciales resultaría en extremo difícil de resolver con el hemisferio no dominante dañado. Así pues la determinación de Freud “donde hubo ello y superyó, cabrá que el yo sea,” resultaría altamente dolorosa. Una meta más viable sería traer a sí la coexistencia armoniosa de los dos hemisferios cerebrales en vez de intentar adelantarse a una precaria ventaja territorial del así llamado hemisferio racional.

Desde que Jaynes propone la tesis de la inexistencia de la consciencia tal como se conoce al menos hasta 1000 a. C., surge la pregunta por definir el inconsciente. En efecto, las definiciones son generalmente confusas e innecesarias. No necesitamos definir la electricidad para llegar a cualquier formulación que asemeje la esencia de lo que la electricidad es, para saber como opera o como darle un uso más eficaz. No tengo que definir algo para poder usarlo o describir sus propiedades. Las formulaciones del sentido común bastan. No necesitamos definir la consciencia para trazar un mapa de las áreas de la consciencia o localizarla tentativamente en la corteza cerebral, los ejes verbales y el hemisferio dominante del cerebro.

Si proseguimos, podemos decir que la consciencia es esa instancia que haría el intento de definir a la consciencia presentando la paradoja de una regla midiéndose a si misma. Y podemos localizar el inconsciente en la parte trasera del cerebro junto al hemisferio no dominante. Y aunque devenimos consciencia es obvio que algunas actividades requieren de ella más que otras. Necesitamos más de la consciencia al cruzar la calle de una ciudad que al bajar por una vereda en el campo. El hombre bicameral no necesitaba mucho de la consciencia. Su entorno era infinitamente más uniforme y fiable, y, de acuerdo con la tesis de Jaynes, recibía directamente sus órdenes de la Voz de Dios en el hemisferio no dominante del cerebro. Era todo superyó y ello con un poco o nada de yo. La introspección era sencillamente inconcebible.

De acuerdo con Jaynes, el temor en el que se erigía el poder rey sacerdote provenía de su habilidad para reproducir su voz en los cerebros de sus leales subordinados. El escuchar en este nivel significa obedecer, no hay espacio para desacuerdo o alternativa alguna. Así la consciencia que decide entre una opción y otra no tenía función. La mente bicameral se quebró en tiempos de malestar social, guerra, desastres naturales y migración. Este periodo de caos trajo consigo voces en conflicto y eventualmente al ego consciente tal y como se le conoce hoy. Un síntoma del quiebre bicameral fue el uso de oráculos y adivinación. La adivinación pone al interesado en contacto con su propia consciencia, y no era concebible en la mente bicameral pues el hombre ya estaba unido a su inconsciente. Ahora tuvo que acudir a oráculos en busca de la voz de Dios, y el ego, en conflicto eterno consigo mismo y con otros egos, emergió lentamente.

Pero la voz de Dios no estaba muerta. La gente siguió escuchando y obedeciendo voces, y aún lo hace. New York Post, viernes 18 de enero, 1980: “Paciente prófugo de hospital psiquiátrico dice a la policía que voces le mandaron aporrear en la cabeza a anciano transeúnte” ¿Por qué son obedecidas estas voces? Si el hombre bicameral obedecía a las voces voluntariamente y sin oposición, el hombre moderno parece forzado a obedecer porque la voz esta ahí. La voz ha asumido centros motores con su presencia. Julian Jaynes cita el caso de un hombre al que una voz le ordenaba ahogarse. Rescatado por un salvavidas, el paciente da el testimonio de su experiencia. “Las profundas voces, fuertes y claras, me golpeaban como si cada parte de mi se hubiera tornado orejas, con mis dedos y mis piernas y mi cabeza escuchando las palabras. Ahí está el océano. Ahógate. Sólo sumérgete y sigue sumergiéndote. Sabía por su frío mandato que debía obedecerlo.”

En primer lugar, ¿cuál fue el origen de estas voces? Jaynes no se aventura a especular. Si podemos producir voces por estimulaciones eléctricas del hemisferio no dominante del cerebro, tal vez las voces fueron producidas por estimulaciones eléctricas que venían de fuera. Nos acercamos a los terrenos de la ciencia ficción que rápidamente se convierten en hechos científicos. Hace quince años experimentos en Noruega indicaron que las voces pueden ser directamente inducidas en el cerebro por un campo electromagnético. El progreso sobre estos estudios es probablemente material clasificado.

La diferencia entre una manifestación normal y una patológica es cuantitativa, un asunto de proporción. Cuando uno piensa en alguien puede escuchar su voz con la nitidez con la que verá su imagen. Puede observarse que algunas personas son más audibles que otras, para esto sólo debo pensar en Felicity Mason, una amiga mía inglesa, y escucho su voz como si estuviera sentada a mi lado. Otros amigos suyos sugieren la misma experiencia. Entonces, ¿cuál es la línea que separa la memoria de una alucinación?

Los psiquiatras tienden a pensar que cualquier voz que alguien oye en su cabeza se origina ahí, y que esta no tiene ni puede tener un origen externo. Todo el dogma psiquiátrico de que las voces pertenecen al imaginario de una mente enferma ha sido cuestionado por voces con un origen externo, y están objetiva y positivamente ahí grabadas en cintas. Freud dice de los errores y los deslices al hablar que son inconscientemente motivados. Y estoy de acuerdo en que los errores y los accidentes estén motivados. Por ejemplo al tirar o derramar cosas. Puede resultar difícil evocar los pensamientos que tuviste cuando pasó. En mi caso pasa normalmente cuando pienso en alguien que me disgusta o con quien estoy enemistado. Es pues una demostración de hostilidad, pero esta hostilidad puede ser ciertamente inconsciente. Otros errores tienen otra etiología y suelen ser inexplicables.

He aquí un ejemplo. En Boulder, Colorado, fui a un expendio de pescado llamado Pelican Pete’s. Aceptan American Express así que ofrecí lo que creí era mi tarjeta de American Express para pagar. Sin embargo, le había dado accidentalmente mi tarjeta para cobrar cheques Chase Manhattan Bank. Un simple error, ¿no es así? Algunos meses después estaba en camino de cobrar un cheque en el Chase Manhattan Bank sobre Houston y Broadway en Nueva York. Justo frente al banco alguien había montado un puesto donde estaba vendiendo pescado. Noté el puesto al pasar. Así que cuando entré al banco le di al cajero mi tarjeta American Express en vez de mi tarjeta para cobrar cheques de Chase Manhattan. ¿Qué es el inconsciente aquí? Sólo en el instante en que se comete el error. Pero todo el conjunto de asociaciones nos llevan a este punto.

Uno tiene la impresión de que otra presencia que se pasa todas las horas, día tras noche, susurrándonos y de la cual somos sólo parcial y ocasionalmente conscientes. La regla es la siguiente: el relámpago siempre cae dos veces en el mismo lugar. Una equivocación con tarjetas hace que otra equivocación luzca más probable. Pero la motivación permanece obscura.

Freud afirma que un sueño es siempre la realización de un deseo. El contenido del sueño puede ser aterrador o repugnante ya que lo expresado en el deseo es inconsciente. Tomemos el caso del síndrome de pesadillas de guerra. Los sueños veteranos están de vuelta en una situación de combate. ¿En qué sentido significa esto la satisfacción de un deseo?

Estudios recientes de los sueños y el sueño han producido una bagaje de datos que no estaban disponibles en la época de Freud. Tal vez el descubrimiento más importante es el hecho de que los sueños son una necesidad biológica. Al ser privados del sueño REM, sujetos experimentales muestran todos los síntomas del insomnio, no importa cuanto tiempo se les permita dormir sin soñar. Se vuelven irritables, inquietos y experimentan alucinaciones. Sin duda, una privación prolongada causaría la muerte.

Un descubrimiento interesante de Jouvet es el hecho de que todos los animales de sangre caliente, incluyendo a los pájaros, sueñan, mientras que los animales de sangre fría no lo hacen. Esta circunstancia se atribuye a que el tejido neuronal de los animales de sangre fría se regenera y restablece de traumas, mientras que una vez dañado el tejido neuronal de un animal de sangre caliente este no sanará. De cualquier modo hay una parte del cerebro mamífero con la habilidad de curarse, y esta es la protuberancia anular. Si la protuberancia es removida de los gatos, como experimento, estos escenifican sus sueños lamiendo leche imaginaria o persiguiendo ratones oníricos. Ergo, la protuberancia sirve para inmovilizar el cuerpo durante el sueño. Investigaciones posteriores deberían ilustrarnos sobre la función de los sueños, que está lejos de ser entendida.

John Dunne, un físico y matemático inglés, escribió un libro llamado An Experiment with Time que se publicó por primera vez en 1924. Dunne anotó sus sueños y observó que contenían material tanto del futuro como del pasado. Da una serie de ejemplos y dice que cualquiera que se tome la molestia de dejar una libreta y un lápiz cerca de su cama y escribir sus sueños conforme van sucediendo tendrá, después de un periodo de tiempo, sueños premonitorios. Se dio cuenta de que si sueñas con un acontecimiento futuro, digamos una inundación o un incendio o un accidente de avión, no estás soñando con el acontecimiento en sí, sino con el momento en que descubres el acontecimiento, usualmente a través de la imagen en un periódico.

En otras palabras estás soñando con una pista de un momento en el futuro.
Yo he anotado mis sueños durante algunos años. He encontrado que si no escribo el sueño inmediatamente, en muchos casos, lo olvidaré, no importa cuantas veces lo repase en mi mente. Despierto, hago un esfuerzo absurdo para encender la luz y aunque es imposible que lo olvide- y lo olvido. Parecería que los rastros en la memoria de la experiencia del sueño son más débiles que en la del despertar. He experimentado una serie de sueños premonitorios que resultan bastante triviales e irrelevantes. Por ejemplo soñé que un ama de llaves me enseñaba un cuarto con cinco camas y yo reclamaba que no quería dormir en un cuarto con cinco personas. Semanas después fui a una lectura en Ámsterdam y la cuidadora del hotel me mostró un cuarto con cinco camas. Finalmente mi anfitrión me llevó a otro hotel.

En otro sueño vi un armario flotando por ahí. Al día siguiente estaba en el Café de France en Tangier y al voltear hacia arriba ahí estaba el armario flotando por la ventana. Un hombre lo cargaba en su espalda con una correa alrededor de su frente de tal forma que no veía a quien lo cargaba, sólo al armario. La precognición no está confinada al estado de sueño. De hecho tengo la impresión de que está sucediendo todo el tiempo. Empíricamente, puedo decir del estado de sueño que sucede todo el tiempo y podemos ponernos en contacto con él en el estado de vigilia. Hace años me gustaban las apuestas. Recuerdo estar parado en la cola del hipódromo para hacer una apuesta y la melodía de “Smiles” sonaba una y otra vez en mi cabeza. Pero no le aposté a Smiles, el caballo ganador. Cualquiera que haya practicado tiro al blanco o tiro con arco te dirá, justo antes de disparar o soltar una flecha, si dará o no en el objetivo.

Para mi profesión los sueños son tremendamente útiles. Tal vez obtengo la mitad de mis escenarios y personajes de los sueños. En ocasiones encuentro un libro o un periódico en sueños y leo un capítulo entero o alguna historia… Despierto, hago algunas notas, me siento frente a la máquina de escribir al siguiente día, y copio de un libro onírico.

En cuanto nos esmeramos en describir o definir al inconsciente nos enfrentamos inmediatamente a definiciones de la conciencia que son inevitablemente engañosas, puesto que hemos reducido la conciencia a una actividad puramente verbal del cerebro frontal. La conciencia es aquello que define la conciencia. ¿Quién es consciente de qué? Korzybski, quien formuló una Semántica General, describe la conciencia como la reacción del organismo como un todo a su ambiente holístico. “Piensas tanto con tu dedo gordo del pie como lo haces con tu cerebro”, le decía a sus estudiantes, “y mucho más eficazmente”.

Si postulamos que el inconsciente se manifiesta en la parte no-dominante del cerebro, nos damos cuenta de que, mientras puede ser la fuente de elucubraciones y comportamientos patológicos y destructivos, la parte no-dominante del cerebro es también fuente del pensamiento artístico y creativo, de intuiciones pragmáticas y facultades PES, de percepción espacial y de habilidades valiosas y esenciales. Parece evidente que la conciencia ha sido tan alterada desde el siglo XIX, en parte a través de aproximaciones terapéuticas promovidas por Freud y sus seguidores, que ahora necesitamos nuevos términos. Voltaire dijo del Sacro Imperio Romano que no era ni sacro, ni romano, ni un imperio. Y el susodicho inconsciente ya no es mas inconsciente. Lidiamos con niveles y grados de la conciencia. Ciertas actividades requieren más del hemisferio-dominante de la actividad cerebral-frontal que otras. En algunas actividades la conciencia es un estorbo. Cito un manual de artes marciales: “Una vez pensado se ha vuelto innecesario, la reacción unívoca será alcanzada.”

En lo que concierne a las habilidades PES, pienso que éstas y su uso están ya desperdigadas como parte de la vida cotidiana… Recuerdo a un ex-policía que me habló de un oficial telepático. Éste haría, de repente, sin ninguna razón evidente, una parada en una cafetería para hacer un arresto. Dice que simplemente lo sentía vibrando detrás de su cuello. Otros lo llamarán una corazonada o un sentimiento. En los encuentros cara a cara no es posible separar a la telepatía de otros factores como voces, timbre, gestos, la expresión facial, etcétera. Encuentro que la llamada gente ordinaria es más susceptible a experiencias de la PES que intelectuales y científicos, de los cuales algunos esbozan un miedo irracional y una aversión a todo lo que no puedan explicar en términos de causa y efecto. Un científico dijo que jamás creería en la telepatía sin importar la evidencia que fuera presentada.

Traducido del inglés por Ilya Semo

Este artículo apareció en Burroughs, William. On Freud and the Unconscious, The Adding Machine. Selected Essays. Editorial Arcade. Primera edición con Arcade 1993, derecho de autor 1985, 1986. Páginas 90-98.

Revista Fractal 53-54, http://mxfractal.org/

William Burroughs (Saint Louis, 1914 – Kansas, 1997) Escritor y novelista estadounidense, de prosa experimental ligada estrechamente a las experiencias con las drogas y los viajes (vivió en la Ciudad de México y Tanger Marruecos), identificado generalmente como miembro del movimiento beatnik o generación Beat (Jack Kerouac y Allen Ginsberg), de finales de la década de 1950, de la literatura underground del decenio siguiente y considerado padrino y gurú de la Contracultura y la generación rock punk de los años posteriores. Sus libros más conocidos son Yonqui (1953) y la famosa trilogía: El almuerzo desnudo (1959), The Soft Machine (1961) y Nova Express (1964) entre otros.

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Olivier Debroise

En París, en los primeros años veinte, el surrealismo fue grito de rebeldía, intento místico de remontar hacia los orígenes de las pulsiones creativas, revalidación de todos los brotes desenfrenados que la Razón -civilizadora, normalizante-desterraba. El fantasma del doctor Freud recorría Europa en aquellos años falsamente alegres de la posguerra: las formidables revelaciones del psicoanálisis alimentaban y renovaban la poesía, permitía observar de nuevo el mundo, no como una sucesión de fenómenos relacionados, sino como un todo dinámico, un enredijo de sutiles fuerzas que pugnaban en las sombras. Los demonios aguardaban entretelas: la Revolución Surrealista, en un desesperado acto de reivindicación política en contra de todas las normas a las que se sujetaba la civilización occidental, acariciaba sus quiméricas cabezas, su pelambre leonina en la que chispeaban las estrellas del porvenir.

¿Qué orfebre de la lengua no ha soñado alguna vez con in ventar una palabra mágica, el sésamo milagroso que encubriría todas las realidades y sobre todo lo innominable? El gran Linneo se había visto compelido a forjar una clasificación adyacente, no exactamente una rama desprendida de su genealogía, más bien una especie de raro retoño con características propias. Entre aquellos “monstruos” figuraban todos los marginados de la Creación, varios eslabones perdidos y casos dudosos, bichos rezagados que nunca se decidieron por ser insectos o mamíferos, y algunos productos del bestiario medieval. Era una tipología imprecisa, turbia, que no lo explicaba nada, pero todo lo contenía. Entre 1920 y 1924 un grupo de poetas y pintores que se desprendían del dadaísmo moribundo, pero se declaraban igualmente en contra, inventó a este fin una rúbrica nueva que debía reunir, sin calificar ni descalificar, las divergencias de toda índole, los fenómenos que no pertenecían a la lógica cientificista de la edad moderna, a las nomenclaturas habituales, prefijadas y pequeñoburguesas.
Palabra mágica, última carcajada del nominalismo, triunfo de lo innominable -pero presente-: todo cabía en el surrealismo, sin necesidad de explicaciones ni carnet de identidad. Andando el siglo, se fueron acumulando en el desván surrealista todos los monstruos y todas las quimeras, casos dudosos, piezas olvidadas, y el surrealismo se convirtió en una tautología perfecta, arquetípica del proceso nominalista: surrealista es lo que es surrealista.

Desde el año de 1925, México figura en el mapamundi surrealista: ocupa un buen espacio entre un Canadá inmenso y un raquítico Cono Sur, una Europa limitada a París, un Tíbet gigantesco proporcionado con China, que abarca medio planeta. En el escudo del surrealismo, aparece el temible escorpión de las costas del Pacífico, pariente del unicornio de nuestros deseos.

Antonin Artaud fue el primero. Ya se había separado del grupo encabezado por André Breton y, equivocando el camino, se embarcó hacia el Tíbet legendario y acabó persiguiendo un inverosímil dalai-lama tarahumara. Quizá buscaba un destino mítico como el de Arthur Cravan, dadaísta, perdido supuestamente en el Golfo de México el año de 1921, pero salvó el pellejo. Breton llegó dos años más tarde. Quería visitar a Trotsky después de la fallida alianza del surrealismo con el PCF. La leyenda del surrealismo recoge entonces esta anécdota típica del proceso de apropiación empleado por Breton. Mandó hacer un mueble con un artesano michoacano y se le entregó tal y como lo había dibujado, en perspectiva; algo así como un ready-made cubistoide inutilizable. Entonces, en una conferencia en la Galería de Arte Mexicano, Breton pronunció aquel improperio verídico o mítico: México será el país surrealista. “Una parte de mi paisaje mental -y por extensión, creo, del paisaje mental del surrealismo- colinda con México” (Breton, “‘Recuerdos de México”, mayo de 1939).

En viaje de estudios antropológicos, llegaron Wolfgang Paalen, Alice Rahon y Eva Sulzer. Aquí les sorprendió el inicio de la guerra mundial que también deshizo las filas del surrealismo parisiense. Mientras el grupo intentaba reorganizarse en Nueva York alrededor de Breton y Duchamp, en México se instalaban César Moro, Katy y José Horna, Benjamin Péret y Remedios Varo, “la dama oval” Leonora Carrington, Edward James, Luis Buñuel. Con la excepción de Péret, ninguno de ellos formaba parte de la cúpula surrealista (desde tiempo atrás, Buñuel manifestaba ciertas reticencias a participar directamente en el movimiento). Los seguidores de Breton, de cualquier modo, quisieron jugar el papel de apóstoles en América. Pero el surrealismo no renació en México; se convirtió en un lugar común.
El surrealismo, considerado como una mística de la liberación, como el instrumento antiautoritario de apreciación de los “desacomodos de los sentidos”, no ha fracasado. La “revolución surrealista” se llevó efectiva, multitudinariamente, acabo (a pesar, o en contra, de algunos postulados iniciales que amenazaban con restringir su campo de acción). Como forma de expresión de una sensibilidad de época, tiene en el siglo XX la misma importancia que el romanticismo en el siglo XIX (las afinidades entre uno y otro movimiento son, además, más profundas de lo que aparentan).En ese sentido, la manera surrealista de ver, de comprender el mundo en su variedad poética, desborda las consignas, abarca incontables procesos de definición y de reivindicación, reúne “otredades” a priori opuestas. Por su misma imprecisión y los efectos de la tautología surrealista, el “espíritu surrealista” se modifica constantemente, se adapta a las circunstancias, se trasciende a sí mismo.

No existe -no puede existir- algún “postsurrealismo”; entre todos aquellos llamados movimientos de vanguardia, es el único que sobrevive y prolifera.

Olivier Debroise (Jerusalén 1952- Ciudad de México, mayo 2008) crítico, curador, historiador del arte, novelista. Hijo de padres diplomáticos, llegó a México a los 17 años, realizó estudios en el DF y París. Publicó libros de crítica y novelas, entre ellas Crónica de las destrucciones, ediciones Era, México, Premio Colima de novela, 1998.

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(Hannover, Alemania, 1912 – Tijuana, México, 1999). Emigró a México en la década de los treinta, huyendo de la crisis alemana y del ascenso del nazismo en Alemania. En México aprendió español, se dedicó al comercio de químicos agrícolas y cursó la carrera de filosofía en la ciudad de México, en su paso por la UNAM entre sus condiscípulos se encontraban Emilio Uranga, Leopoldo Zea y Carlos Monsiváis.

En la década de los ochenta, debido a ciertos problemas, huyó a la ciudad más lejana de la capital: Tijuana. Ahí empezó a publicar los libros que venía preparando desde muchos años antes: La teoría parmenídea del pensar (1990), La Escuela de Mileto (1994), Ensayo de una fenomenología metafísica (1995) y Heráclito, el obscuro (1997); todos ellos editados por la Universidad Autónoma de Baja California que lo había adoptado como la ave más rara de su planta de maestros.

Los siguientes dichos fueron escuchados y apuntados en los seminarios sobre Aristóteles, Hegel, Heidegger y Metafísica impartidos por Horst Matthai Quelle durante los años 1995 y 1996. Sus sentencias orales hacen alarde de una agilidad verbal que caracterizaba a sus clases. Como buen sabio, su oralidad a veces incluso supera a su escritura. De esta alforja de aforismos, buena parte sirven, como prescribía Lichtenberg, para asolearnos un día entero.

Es probable que tardará el tiempo en comprender, aceptar, que Matthai fue el principal pensador filosófico que tuvo México a finales del siglo XX. Pero ese día llegará. No hay manera de ignorar lo que hizo Horst Matthai. Hoy es una leyenda urbana de la frontera de México y Estados Unidos; mañana será una de las obras maestras de la filosofía en tiempos de la globalización.

(Heriberto Yépez)

1

“Nosotros los humanos somos la partícula más pequeña imaginable. Pero a menor masa, mayor energía. Somos la energía que da vida al universo. Somos el universo”.

“Existir es emerger desde adentro hacia afuera. Yo me coloco fuera y en ese momento existo. Lo que existe es lo que coloco fuera de mí, ¿qué coloco fuera de mí?: mi propio ser. Saco de mi todo lo que existe, sacándome frente a mí mismo”.

“Aunque la solución del problema humano sólo puede ser individual, para poder realizar ese proyecto individual se necesita crear colateralmente ciertas condiciones mínimas adecuadas para la realización de dicho proyecto”.

“La humanidad no tiene futuro. Pero eso no aminora mi optimismo, al contrario: crea las condiciones necesarias en que el proyecto del hombre puede realizarse”.

“Como la humanidad no tiene futuro, me fui a pensar y escribir en el pasado”.

“Cuando el hombre se separa de sí mismo, inventa a Dios. Dios no es más que una imagen del hombre sintiendo una mala nostalgia de sí mismo”.

“La investigación es un problema práctico, no teórico. La investigación no es algo al margen del investigador… la investigación es el investigador… La investigación debe ser la manifestación del ser de esta persona…”

“Hay que aceptar que respecto a la realidad exterior, hay una división entre los hombres: individuos determinados e individuos determinantes. Estos últimos no son determinados por el mundo circundante sino que lo crean de acuerdo a sí mismos… permanecer como individuos determinados o descubrirse como individuos determinantes es la única elección importante…”

“Sólo hay auténtica comunidad entre los humanos cuando nos dedicamos al quehacer estrictamente humano: la evolución de la espiritualidad”

“Todo conocimiento debe obedecer a exigencias de la vida, una vez que el conocimiento deja de responder a esas exigencias vitales y comienza a obedecer a otras, el conocimiento trae consecuencias nefastas”.

“La ciencia se dedica a acumular datos con la promesa de que esos datos arrojarán una imagen coherente de la realidad algún día… se dedica a ensanchar el círculo del conjunto de lo conocido que siempre está incluido en el espacio infinito del conjunto universal de lo desconocido pero que aparenta irle ganando terreno…

“No dudo que los conocimientos científicos aumentan asombrosamente… precisamente ese es el problema… no dudo que con los conocimientos de la ciencia se pueden hacer modelos de la realidad… pero dudo de la solidez de esos modelos… con granos de arena sólo se pueden hacer castillos de arena…

“La experimentación que no obedece a intereses vitales destruye el hábitat… la ciencia es la responsable del deterioro y el colapso ecológico que vivimos…

“Por qué entregarnos a la ciencia, cuando ella misma reconoce que su conocimiento es parcial… ella nos pide esperar, pero el individuo no puede esperar… se necesita la metafísica para sobrevivir…

“Finalmente hay que reconocer que el conjunto de lo conocido no es conocido realmente… los conocimientos científicos son constantemente cambiados por otros, refutados o declarados inútiles… el conocimiento científico no es existencialmente confiable… lo conocido cambia y se descubre como desconocido también… no conocemos nada absolutamente conocido… lo conocido es lo desconocido también… conocer es una ilusión… no hemos conocido nada… lo desconocido es ilimitadamente desconocido…”

“Todo fenómeno denota explícitamente finitud; implícitamente denota infinitud”.

“En el saber todo se explica por sí solo; en el conocer todo se explica a través de otro”.

“La división entre conocer y saber, divide la humanidad entre los que vegetan y los que piensan”.

“Nos han robado la fe en nosotros mismos. Pero no hay quien denuncia tal robo… cuando nos roban la fe en nosotros mismos, no queda nada, nadie, pues nos han robado a nosotros mismos… no queda nada, nadie”.

“El sentido de la vida es hacer de mi vida una obra de arte. Si ustedes quieren, una comedia, una escultura, una opera, una tragedia, lo que sea, pero que sea una obra de arte”

“Nadie puede extirpar la vida. La Vida es la realidad misma, es el universo todo. No se puede llegar a un punto en que no haya vida”

“Nuestra mente no está acostumbrada a concebir algo sin principio, pero los principios son referencias del mundo finito”.

“Lo que necesitamos para nuestro desarrollo es nuestro. Lo que necesito para sobrevivir y evolucionar espiritualmente se convierte inmediatamente en mi propiedad”

“Todos los pensamientos son verdaderos”

2

“El individualista cree que la mínima realidad es la máxima realidad. El individualismo es una exageración minimalista”.

“No hay manera de hablar de un individualismo exagerado”

“Lo que sucede en el mundo de cada ser-ahí, depende del criterio en cada caso de cada ser-ahí particular”

“Ser humano es saberse producto de un proceso cósmico y saberse responsable, pues somos los únicos que podemos saberlo y podemos continuar ese proceso…”

“El individuo que se forma de acuerdo a los intereses de su individualidad es más útil a la sociedad que el que se forma de acuerdo a los intereses de la sociedad”.

“Un auténtico individualismo requiere de la reencarnación. Si el individuo muere definitivamente, el mundo sigue pero a través de otros, no del mismo individuo. El individualismo necesita de un mismo individuo que reencarne una y otra vez, el mismo, siempre, evolucionando, cada vez más consciente, infinito, divino, siempre eternamente Yo”.

“El fenómeno es la realidad total. Tras el fenómeno no hay nada ni hay algo fuera del fenómeno. ¿Por qué he de dudar que lo que aparece no es la realidad completa? Si hablamos de un Ser que se esconde insinuamos que hay algo detrás y que somos incapaces de asimilar… esto eventualmente nos lleva a la posición teológica… Yo no puedo ser ni más ni menos de lo que soy. Esto es todo el fenómeno. Lo que aparece es el Ser y no una falsificación”.

“Para filosofar hay que estar enamorado… el amor es el entusiasmo de que hablan los griegos, entusiasmo entendido como endiosamiento… por el amor el hombre es divino… cuando los hombres se enamoran se convierten en dioses…”

“El Ser se manifiesta primordialmente en la sexualidad”.

“No es casual que en la noche más negra el sexo sea la única luz”.

“El hombre es incapaz biológica y mentalmente de elegir adecuadamente a la futura pareja. Al hombre le atraen todas las mujeres. Quien debe elegir es sólo la mujer. Además en la elección que ella hace están los secretos de la evolución humana”.

“La evolución se detuvo cuando la mujer perdió su carácter de guía de la vida”.

“El varón sólo puede guiar en el nivel teórico, utópico; pero la mujer es aquella que puede realizarlo en la teoría y la práctica a la vez”.

“Sólo las mujeres saben lo que es el amor: el varón jamás sintió algo ni siquiera parecido a ello”.

“El varón no puede ni debe intervenir en este proceso de realización”.

“Solamente la filosofía puede dar los recursos a la mujer para reanudar la evolución”.

“Para la mujer el varón no debe ser más que un recurso. Un recurso no-renovable”.

“Todos los asomos de reanudar la evolución han sido extirpados, debido al error de haber deseado extenderla cuantitativamente…”

“El rito original es la reunión de una pareja para concebir un hijo. El rito original es la creación de un humano superior. Ese es el único auténtico rito”.

“El amor es hormonal… no hay manera de probar lo contrario… realmente no la hay… entonces el amor es hormonal… sí totalmente… pero en el área del Conocer. No en la del Saber…”

“Hay realidades no cuantificables… hay dos muchachos y sólo un teléfono… las dos que quieren usarlo para llamar a sus novias (porque los muy ilusos piensan que se pueden comunicar con otras almas)… ¿a quién se lo prestamos?… ¡fácil!: al que tenga más amor, por su novia… ¡saquen sus reglas o aparatos para medir el amor!… hay realidades no cuantificables… pero sabemos que el amor es infinito… porque el amor de una mujer por su hijo o por su pareja es literalmente infinito… el amor que una mujer siente ocupa todo el universo…”

“El pensar infinito se va a atrofiar en la mayoría, o de hecho ya está atrofiado. Lo que está haciendo la humanidad es convertirse en una especie que tiene pensar finito”

“Todo comienza con algo que será recuerdo y aun no lo sabemos; con algo que será recuerdo y lo olvidamos, y se nos vuelve tiempo y vida presurosa en nuestras manos”.

“Todos los conceptos que un individuo utilizará en su vida deberían ser creados por él mismo”

“Una vez que adquirimos la conciencia de nuestra presencia en todos los seres, podemos actuar en ellos”

“La globalización abarca al espíritu mismo del hombre. Tenemos que salir de ese cuadro globalizador”.

“El ser humano es un todo íntegro y no algo que puede ser separado en partes”.

“Antes de que existiera la fe monoteísta cada uno de nosotros éramos la fe infinita”.

“Ética es la manera en que debo manifestar mi ser individual en un mundo en que sé que todo es la manifestación de mí mismo….”

“El verdadero problema ético no es la moral, sino la acción individual”.

“En la ética el individuo es el único juez ante sí mismo. Los demás deben ser su auditorio”.

“No quiero un cielo, ni un paraíso, no quiero nada de eso. Yo quiero volver a este mundo, yo quiero vivir eternamente en este mundo”.

“No puede haber una primacía de la razón en la razón colectiva; sí, en la individual”

“El Ser es la culminación; la superación de la enajenación”.

“Yo soy a la vez la casa que se habita”.

“El mundo es mi pantalla”.

“El Yo es el Sentido de la Vida. ¡Yo!”

“Yo brinco de instante a instante… la verdadera eternidad la vivimos ahora… ahora…”

3

“Cuando lo Uno se contempla a sí mismo se hace la díada, esta es la idea de Pitágoras; o la verdadera idea del Logos, que no es sino la imagen que Dios crea de sí mismo frente a él. La imagen que producimos de nosotros es el mundo”.

“En alguna ocasión, discutiendo sobre dos mujeres, Schiller objeta a Goethe que una vive para un amor, mientras que la otra vive para el amor. Yo, como Schiller, me inclino a pensar que la que vive para el amor es la que debemos amar”

“No hay Espíritu Universal independiente del individuo. El Espíritu Universal no tiene conciencia de sí fuera de los individuos singulares. Hegel lo sabía. Todo el devenir del Absoluto se da en el individuo concreto, lo que implica que éste es la verdadera realidad”.

“El ser humano no necesariamente tiene que caer en la angustia. No es parte de la naturaleza del espíritu sino de una horrible enajenación. Kierkegaard hablaba de un abismo insuperable entre el hombre y Dios… Yo no tengo angustia, porque yo soy Dios y sé que la angustia no es ni existencialmente ni óntologicamente necesaria…”

“Lao Tse, Buda y Tales estaban haciendo lo mismo en el mismo periodo pero sin conocerse… el surgimiento de ideas similares en un mismo periodo es lo mas natural, pues las ideas importantes siempre se las arreglan para tener más de un solo portavoz…”

“El conjunto de lo conocido es finito. Los conocimientos científicos hasta el día de hoy no son infinitos, sino finitos, aunque humanamente sean incontables… pero indudablemente son finitos. Son, como dice Zenón, ni más de los que son ni menos de los que son… la ciencia es finita…

“Admito con el obispo Berkeley que Ser es percibir. Sólo que el percibir es un proceso variante con la evolución de nuestro espíritu”

“Lo decisivo de Hegel no es el Hegel de Marx y su dialéctica finita, sino la verdadera dialéctica infinita de Hegel, que todavía no se ha explorado”

“Plutarco trasmitió su filosofía a su hija. La naturaleza femenina es la menos susceptible de ser determinada por su entorno”

“Descartes escribe que una vez en la vida tenemos que recrear toda nuestra idea de la realidad. Eso es insuficiente. Cada instante debemos recrear nuestra imagen de la realidad.”

“Para un viejo anarquista como yo, que cree en la propiedad egoísta de Stirner y en la mónada autista de Leibniz, el mundo no es más que un tonto y entrometido auditorio que cree que está en un happening cuando ocurre un monólogo”.

“Cuando un extranjero como yo, que viene huyendo de Europa y de sus valores muertos, se da cuenta que el Nuevo Mundo también es un cadáver y que México, la tierra elegida para el renacimiento de la sabiduría, no es sino una tierra controlada por varones corruptos, entonces ese extranjero comprende demasiado tarde que en todas partes, se pudo haber dado cuenta que la Historia estaba destinada a ser más perversa que su antecedente, el Infierno”.

“Dice Adler que cuando algún órgano no funciona adecuadamente, se inicia una compensación de esa insuficiencia… una vez puestos en marcha los procesos creativos, la compensación ya no se detiene, entonces se presenta una sobrecompensación… este es el secreto del desarrollo humano… encontrar nuestra insuficiencia… hacerla más grande, exagerarla si se puede… descubrir que somos poca cosa o preferentemente nada… pero precisamente porque iniciamos siendo la nada… podemos ser todo…”

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