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Archive for the ‘Breve’ Category

Por Richard Altschuler

 

¿Tiene alguna validez la fecha de vencimiento que figura en los medicamentos?, si por ejemplo en un frasco de Tylenol dice “no usar después de 1998” y estamos en agosto del 2002, ¿se podría tomar el medicamento? ¿lo deberíamos eliminar? ¿me va a hacer daño si lo tomo? o simplemente ¿ya perdió su efecto y no va servirme de nada?

En otras palabras, ¿son los laboratorios lo suficientemente honestos con nosotros al poner una fecha de vencimiento? o ¿es un truco para eliminar el medicamento “vencido” que aún cumple su función y obligarnos a comprar uno nuevo?

Hay serias dudas que he investigado, después de que mi suegra me dijera “no significa nada la fecha de vencimiento”, al ver que ella estaba tomando Tylenol que tenía una fecha de vencimiento de más de cuatro años. Me burlé de ella sintiéndome superior, pero igual se lo tomó, y tuve que admitir su terquedad y su sabiduría en asuntos de salud.

Le di un vaso de agua y se tomó dos cápsulas del supuesto “veneno” para el dolor de espalda, y media hora después el dolor había desaparecido. No quise quedarme callado dándole la razón, le dije que podía ser el efecto placebo. Me alegré que le pasara el dolor aún antes de tomar algunos cócteles y meterse en una tina de agua caliente. Todo esto sucedió en Laguna Beach, California.

De regreso a Nueva York, me sumergí en una investigación de la literatura médica con base de datos médicos, para encontrar la respuesta sobre la fecha de vencimiento, antes que pudiera decir “engañados nuevamente por lo laboratorios”, ya tenía la respuesta y aquí les presento algunos hechos:

Primero, la fecha de vencimiento requerida por ley en USA comenzó en 1979, al especificar sólo la fecha de manufactura, garantizando la seguridad del efecto del medicamento, sin que esto significara, por cuanto tiempo la droga era “buena” para su uso.

Segundo, autoridades médicas dijeron que era seguro usar los medicamentos, después de su fecha de vencimiento, sin tener en cuenta la fecha que pudiera ser de su caducidad. Tampoco se advirtió que pudieran hacer daño o por último producir la muerte.

Estudios muestran que los medicamentos pueden perder su potencia con el tiempo, entre 5% o menos, como mínimo, hasta 50% o más (menos potencia cuanto más tarde). Aun 10 años después de la “fecha de vencimiento”, la mayoría de medicamentos conservan su potencia original.

Es sabio pensar que si la vida depende de la potencia 100% de la droga y ha expirado, será mejor, conseguir una nueva, pero si lo que se padece es un dolor de cabeza, un resfrío o un cólico menstrual, tome el medicamento expirado y vea que pasa.

Uno de los más grandes estudios que se han hecho al respecto, lo hizo el Ejército de EEUU hace 15 años, fue reportado por Laurie Cohen (Wall Street Journal 29 marzo 2000). Se recolectó medicamentos por un valor de un mil millones de dólares y se fueron probando los medicamentos vencidos.

La Agencia de Medicamentos y Alimentos (FDA) condujo el estudio de más de 100 Medicamentos diferentes con receta o sin ella y los resultados mostraron que más del 90% de los medicamentos son seguros y efectivos hasta 15 años más allá de su fecha de vencimiento.

A la luz de estos resultados, el director del programa Francis Flaherty, concluyó que la fecha puesta por los fabricantes no tiene sustento para decir si el medicamento no debe ser usado después de la fecha de vencimiento. Flaherty dice que la obligación de los fabricantes está, en decir que el medicamento funciona, independientemente de la fecha de vencimiento que escojan.

La fecha de vencimiento no significa y ni siquiera sugiere que el medicamento dejará de ser efectivo en dicha fecha, ni tampoco que hará daño. También afirma que los fabricantes ponen la fecha de vencimiento por razones de ventas y mercado y no por razones científicas.

Flaherty fue farmacéutico de la FDA hasta 1999, que se retiró. “No es rentable tener medicamentos por más de 10 años, en las repisas de las farmacias, hay que renovarlos”. La FDA advierte que no hay evidencias suficientes del estudio, para concluir que las mayorías de los medicamento conservan su potencia después de la fecha de vencimiento.

Joel Davis (ex jefe de la sección de vencimiento de medicamentos de la FDA) sin embargo dice que con algunas excepciones (nitroglicerina, insulina y algunos antibióticos en forma líquida) la mayoría de medicamentos dura tanto como fue probado por el estudio del ejército de los EEUU

Dice “que la mayoría de medicamentos se degradan muy despacio”, y agrega “es posible tomar un medicamento que esté guardado en casa, por años”. En el caso de la Aspirina, Bayer AG pone de 2 a 3 años como fecha de vencimiento, para ser eliminada, sin embargo Chris Allen vice-presidente de la unidad de Aspirina de Bayer, dice que la fecha de vencimiento es un “poco conservadora”.

Cuando Bayer probó la Aspirina que tenía 4 años, tenía el 100% de su efectividad. La Compañía permanentemente mejora los envoltorios de la Aspirina, y cada cambio, implica pruebas para prolongar fecha de vencimiento. Bayer nunca ha probado la Aspirina con más de cuatro años de caducidad aparente.

El doctor Jean Carstensen, profesor emérito de la Escuela de Farmacia de la Universidad de Wisconsin, ha estudiado la Aspirina después de 5 años, y afirma que la Aspirina está bien hecha, es muy estable.

Lo acepto, mi suegra tenía razón y yo estaba equivocado, mis disculpas.

http://www.health.harvard.edu/fhg/updates

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¿Qué es el ruido?

¿Qué es el ruido?

El ruido es sonido no deseado, viene del latín, “rugitus”, rugido, y en la actualidad se encuentra entre los contaminantes más invasivos. El ruido del tránsito particular, de aviones, de camiones de transporte, de equipos y maquinarias de la construcción de calles, edificios y puentes, de los procesos industriales de fabricación, equipos de sonido fijos o montados en automóviles, por mencionar sólo unos pocos, se encuentran entre los sonidos no deseados que se emiten a la atmósfera en forma rutinaria.

El problema con el ruido no es únicamente que sea no deseado, sino también que afecta negativamente la salud y el bienestar humanos. Algunos de los inconvenientes producidos por el ruido son la pérdida auditiva, el estrés, la alta presión sanguínea, la pérdida de sueño, la distracción y la pérdida de productividad, así como una reducción general de la calidad de vida y la tranquilidad.

Experimentamos el ruido en diversas formas. En ocasiones, podemos ser a la vez la causa y la víctima del ruido, como sucede cuando utilizamos equipos electrodomésticos como aspiradoras, procesadores de alimentos o secadores de cabello. También hay oportunidades en las que sufrimos el ruido generado por otras personas. Aunque en ambos casos el ruido es igualmente perjudicial, el ruido ajeno es más problemático porque tiene un impacto negativo sin nuestro consentimiento.

El aire en el cual se emite y propaga el ruido ajeno es un bien público, de uso común. No pertenece a nadie en particular sino a la sociedad en su conjunto. Por consiguiente, ni la gente ni las empresas ni las organizaciones tienen derecho ilimitado a propalar sus ruidos a discreción, como si esos ruidos se limitaran solamente a su propiedad privada. Por el contrario, tienen la obligación de usar dicho bien común en forma compatible con otros usos.

Las personas, empresas y organizaciones que no asumen esta responsabilidad de no interferir en el uso y disfrute del aire común y en cambio crean contaminación por ruido, actúan en forma similar a un peligro en el patio de la escuela. Aunque quizás sin proponérselo, ignoran los derechos de los demás y reclaman para sí derechos que no les corresponden.

Los ciudadanos de distintos países y en ellos de distintas ciudades, se organizan para aumentar la conciencia acerca de la contaminación por ruido y para ayudar a la comunidad a mejorar su relación con este contaminante, luchando contra las violaciones del derecho personal a la tranquilidad y a un mejor nivel de vida.

El exceso de ruido proviene de diversas fuentes, entre ellas, el 80% se debe a los vehículos de motor. El parque automovilístico ha convertido al coche en el factor de degradación acústica más importante.

Para contrarrestar un ruido excesivo, hay métodos activos y pasivos, estos últimos son los más empleados. Las personas intentan insonorizar sus viviendas con pantallas acústicas, materiales porosos, soportes antivibratorios, etc. En cualquier caso, podemos contribuir a que disminuya la contaminación acústica. Eso significa evitar producir ruido, por un lado, pero también ser capaces de llamar la atención, haciendo conciencia a quien lo provoque de forma innecesaria y excesiva, sin quedarnos callados.

El ruido influye negativamente sobre el sueño de tres formas diferentes, produciendo trastornos que se dan, en mayor o menor grado, según peculiaridades individuales a partir de los 30 decibeles. Uno de los trastornos es la dificultad o imposibilidad de dormirse, otro es la interrupción del sueño que, si se padece de forma repetida, puede llevar al insomnio. La pérdida de la calidad del sueño que se vuelve menos tranquilo, acortándose sus fases más profundas.

Como consecuencia de ello aumenta la presión arterial y el ritmo cardíaco, hay vasoconstricción y cambios en la respiración, además de trastornos del sistema inmune responsable de la respuesta a las infecciones y a los tumores; trastornos psicofísicos tales como ansiedad, estrés, manía, depresión, irritabilidad, náuseas, jaquecas, y neurosis o psicosis en personas predispuestas a ello; y cambios conductuales, especialmente comportamientos antisociales tales como hostilidad, intolerancia, agresividad, aislamiento social y disminución de la tendencia natural hacia la ayuda mutua.

El 30 de abril, es el Día internacional de la concientización sobre el problema del ruido, difundamos esta fecha para disminuir este gran contaminante, que convive con nosotros en la vida moderna.

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Por Sergio Luis Páez

Aunque los mapas son hoy moneda corriente, hasta la irrupción de la imprenta constituyeron una rareza. Como los espejos, eran piezas exóticas y caras, raro privilegio de los reyes y los señores, tesoro inaccesible para el vulgo.

El invento de la imprenta de Gutenberg revolucionó el mundo al democratizar  el conocimiento y los mapas pasaron a formar parte del tesoro cultural que comenzó a repartirse un poco más equitativamente entre todos. Sin embargo, aún eran muy diferentes de los actuales. Las convenciones de la representación eran fluctuantes y dejaban espacio para los desbordes de la imaginación.

Los vientos eran representados por ángeles de mejillas hinchadas y los trazados reflejaban lo incierto del conocimiento geográfico. Los lugares ignorados del planeta eran reemplazados por territorios fantásticos poblados por amazonas y unicornios que hacían de los mapas obras que estaban a mitad de camino entre la voluntad de verdad y la creación artística.

En latín “mappa” no significa otra cosa que “pañuelo”, en relación con los trozos de lienzo sobre los que se trazaron las primeras representaciones de la Tierra. Estos pañuelos, sin embargo, a veces fueron muy extensos. Tal es el caso de los primeros trazados por los cartográficos romanos que plasmaban caminos y posibles itinerarios de los ejércitos. Se los conoce como mapas de rollos y algunos alcanzaban extensiones verdaderamente significativas. De esos mapas han llegado hasta nosotros copias realizadas en la Edad Media, como la tabla de Peutinger, que registra el sistema de caminos del imperio desde España hasta Turquía.

Ptolomeo fue el padre de la cartografía matemática. Sus mapas, aunque muy distantes en el tiempo; se asemejaban bastante en su concepción a los actuales, con las omisiones propias del desconocimiento geográfico de la época. Hasta el siglo XVI, por supuesto, América no figuraba en los mapas europeos. El primer mapa impreso en el que aparece el continente recién descubierto, data de 1506 y es una obra de Giovanni Contarini. En él Sudamérica aparece nombrada como Tierra de la Santa Cruz.

A Ptolomeo se debe, sin duda, el sutil enrejado de tela de araña que cubre actualmente las representaciones del mundo y que es el resultado del entrecruzamiento de meridianos y paralelos. Fue él quien trazó cada una de estas líneas al observar la sombra que el sol proyectaba sobre la Tierra. El fruto de sus investigaciones y creaciones cartográficas fue reunido en su “Geografía”, obra que influyó notablemente sobre los cartógrafos islámicos y sobre los renacentistas, a través de los cuales se proyectó a siglos posteriores, pero que no se tuvo en cuenta por los hacedores de mapas de la Edad Media.

El rigor de verdad que caracterizó a los sabios griegos fue prácticamente olvidado durante la Edad Media, y los mapas de construcción matemática no constituyeron una excepción a la regla. Jerusalén se convirtió en el centro de toda representación cartográfica y el Este fue el sitio reservado para el Paraíso.

El resto de los lugares achicaron sus dimensiones reales para subordinarse a las representaciones del mundo dictadas por la fe. Los mapas se poblaron de escenas bíblicas y, paralelamente, de motivos paganos. Los más comunes son los llamados “de T en O”. Se trata de representaciones de la Tierra en la que ésta aparece rodeada por un mar circular (la O) y dividida en tres partes por una masa de aguas interiores en forma de T en el cruce de cuyos brazos se encontraba precisamente Jerusalén.

En la parte superior se ubicaba Asia, en cuyo extremo oriental (arriba) aparecía el Paraíso; debajo a la izquierda, Europa y enfrente África. Por sus características fantasiosas, estos mapas no resultaron de utilidad a los navegantes, los que se veían obligados a manejarse con colecciones de notas personales sobre los trayectos entre puerto y puerto


Esas notas se basaban en observaciones astronómicas y reconocimientos de costa. Así nacieron las primeras cartas náuticas conocidas como “portulanas”. Por primera vez los territorios aparecen en escala y tienen indicaciones de puertos, ancladeros, cabos, arrecifes y peligros para la navegación. Aún habría que esperar hasta el siglo XVI, sin embargo, para que nacieran las grandes escuelas cartográficas.

Venecia y Ámsterdam, se convirtieron en la partida de los mapas. Corría el siglo XVII y las representaciones del mundo, impresas en atractivos colores y muy ornamentadas, no sólo mostraban territorios sino que, además reseñaban gráficamente las características de sus habitantes., se trata de obras que están a mitad de camino entre la cartografía y la pintura y que atraen a un público todavía deslumbrado por las maravillas que hacía posibles la imprenta.

A partir del siglo XVIII, los mapas comienzan a asemejarse cada vez más a los que conocemos actualmente. Su valor utilitario empieza a imponerse sobre su valor artístico y se convierten en aliados incondicionales de los viajeros y herramienta de trabajo para la Geografía.

Sergio Luis Páez, Instituto Superior “Antonio Ruiz de Montoya”

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Nietzsche, según Cioran

 

El filósofo y ensayista rumano Émile Michel Cioran (Rasinari, Rumania, 8 abril 1911- París, Francia, 20 junio 1995), el esteta de la desesperación, para muchos su pensamiento es una incansable reflexión sobre el vacío y la desesperación, para otros (el autor incluido), una especie de exaltación vital y casi salvaje, escribió una veintena de libros traducidos a los principales idiomas.

 Los Cahiers, son cuadernos de notas donde apuntaba reflexiones de una hondura y penetración asombrosa, prueba de ello, es el juicio que le merece el filosofo alemán y su pensamiento, que marcó indeleblemente nuestro tiempo contemporáneo.

 Cada vez me encuentro más opuesto a las ideas de Nietzsche. Ya no me gustan los pensadores delirantes. Prefiero a los sabios y a los escépticos, los ‘no inspirados’ por excelencia, aquellos a quienes ningún dolor excita ni exalta. Me gustan los pensadores capaces de evocar a los volcanes que se enfrían, (p. 107).

 Se ha señalado justamente que para los indios, un Schopenhauer o un Rousseau no hubieran sido del todo tomados nunca en serio porque vivieron en desacuerdo con las doctrinas que profesaban mientras para nosotros ello es, precisamente, la razón del interés que les concedemos. El éxito de Nietzsche se debe en gran parte al hecho de que defendía teorías a las cuales no se ajustaba su propia vida. Amamos en un enfermo, en un débil, en un asiduo de los asilos de ancianas, que haya sido un apologista de la fuerza, del egoísmo, del héroe desprovisto de escrúpulos. De haber encarnado el tipo que exaltaba en sus escritos, nos habría dejado de intrigar desde hace mucho tiempo.

 En el fondo no amamos sino a los pensadores que no han encontrado una solución a sus problemas ni a sus males, y que, por no haber podido ponerse en regla ni con los otros ni consigo mismos, hacen trampa más por capricho que por fatalidad, (p. 110)1.

 

1 Cahiers 1957-1972 (Gallimard,1998), traducción de Christoher Domínguez Michael.

 

El Ángel, 896, 28 agosto 11.

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Los adjetivos son las arrugas del estilo. Cuando se inscriben en la poesía, en la prosa, de modo natural, sin acudir al llamado de una costumbre, regresan a su universal depósito sin haber dejado mayores huellas en una página. Pero cuando se les hace volver a menudo, cuando se les confiere una importancia particular, cuando se les otorga dignidades y categorías, se hacen arrugas, arrugas que se ahondan cada vez más, hasta hacerse surcos anunciadores de decrepitud, para el estilo que los carga. Porque las ideas nunca envejecen, cuando son ideas verdaderas. Tampoco los sustantivos.

Cuando el Dios del Génesis luego de poner luminarias en la haz del abismo, procede a la división de las aguas, este acto de dividir las aguas se hace imagen grandiosa mediante palabras concretas, que conservan todo su potencial poético desde que fueran pronunciadas por vez primera. Cuando Jeremías dice que ni puede el etíope mudar de piel, ni perder sus manchas el leopardo, acuña una de esas expresiones poético-proverbiales destinadas a viajar a través del tiempo, conservando la elocuencia de una idea concreta, servida por palabras concretas.

Así el refrán, frase que expone una esencia de sabiduría popular de experiencia colectiva, elimina casi siempre el adjetivo de sus cláusulas: “Dime con quién andas…”, ” Tanto va el cántaro a la fuente…”, ” El muerto al hoyo…”, etc. Y es que, por instinto, quienes elaboran una materia verbal destinada a perdurar, desconfían del adjetivo, porque cada época tiene sus adjetivos perecederos, como tiene sus modas, sus faldas largas o cortas, sus chistes o leontinas.

El romanticismo, cuyos poetas amaban la desesperación -sincera o fingida- tuvo un riquísimo arsenal de adjetivos sugerentes, de cuanto fuera lúgubre, melancólico, sollozante, tormentoso, ululante, desolado, sombrío, medieval, crepuscular y funerario. Los simbolistas reunieron adjetivos evanescentes, grisáceos, aneblados, difusos, remotos, opalescentes, en tanto que los modernistas latinoamericanos los tuvieron helénicos, marmóreos, versallescos, ebúrneos, panidas, faunescos, samaritanos, pausados en sus giros, sollozantes en sus violonchelos, áureos en sus albas: de color absintio cuando de nepentes se trataba, mientras leve y aleve se mostraba el ala del leve abanico.

Al principio de este siglo, cuando el ocultismo se puso de moda en París, Sar Paladán llenaba sus novelas de adjetivos que sugirieran lo mágico, lo caldeo, lo estelar y astral. Anatole France, en sus vidas de santos, usaba muy hábilmente la adjetivación de Jacobo de la Vorágine para darse “un tono de época”. Los surrealistas fueron geniales en hallar y remozar cuanto adjetivo pudiera prestarse a especulaciones poéticas sobre lo fantasmal, alucinante, misterioso, delirante, fortuito, convulsivo y onírico. En cuanto a los existencialistas de segunda mano, prefieren los purulentos e irritantes.

Así, los adjetivos se transforman, al cabo de muy poco tiempo, en el academismo de una tendencia literaria, de una generación. Tras de los inventores reales de una expresión, aparecen los que sólo captaron de ella las técnicas de matizar, colorear y sugerir: la tintorería del oficio. Y cuando hoy decimos que el estilo de tal autor de ayer nos resulta insoportable, no nos referimos al fondo, sino a los oropeles, lutos, amaneramientos y orfebrerías, de la adjetivación.

Y la verdad es que todos los grandes estilos se caracterizan por una suma parquedad en el uso del adjetivo. Y cuando se valen de él, usan los adjetivos más concretos, simples, directos, definidores de calidad, consistencia, estado, materia y ánimo, tan preferidos por quienes redactaron la Biblia, como por quien escribió el Quijote.

Alejo Carpentier (Lausanne Suiza, 1904- París Francia, 1980), novelista, crítico y narrador cubano, uno de los escritores fundamentales del siglo XX y artífice de la renovación de la literatura latinoamericana con lo “real maravilloso”.

Busca sus libros en la Colección general, planta alta.

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Hace 50 años murió Samuel Ramos, autor de El perfil del hombre y la cultura en México (1934), el primer y todavía mejor autopsicoanálisis mexicano.

Ramos encabeza la línea intelectualmente más temeraria del ensayo mexicano: la psicohistoria, es decir, la interpretación de la relación entre psique individual y devenir nacional.

El resto del ensayo mexicano es pavada: decir bonito, resumen elocuente, pasear ideas ajenas y turnar elogios. Priísmo. Ramos, en cambio, descifraba.

Alfred Adler definía a la neurosis como la posesión de un plan ficticio de vida. Según Adler-Ramos, el mexicano padece de un inconsciente complejo de inferioridad y de ahí se derivan los rasgos “mexicanos”. A través del lenguaje y su ser en general, el mexicano compensa su sensación de minusvalía.

La idea le gustó tanto a Paz que se la apropió en  El laberinto de la soledad.

A Ramos, por cierto, le faltó agregar que el literato mexicano para borrar los signos bajos de su idioma se afana en conseguir un elegante y grácil estilo, del que queda excluido todo lo corriente.

Como no tiene ideas, el escritor mexicano retoriquea: es un Cantinflas al que le salen bien sus discursetes. La estilitis, pues, es otro salpullido del complejo de inferioridad mexicano.

De Alfonso Reyes y Torri hasta Arreóla y Elizondo, nuestra literatura padece de complejo de inferioridad. Por eso aspira ganosa a la Página Perfecta.

En lo que toca al mexicano en general, Ramos debe ser corregido. Desde que Ramos hizo su diagnóstico, el complejo de inferioridad ya mutó.

El complejo de inferioridad fue provocado por la exclusión racista de las capas pobres desde la Colonia. Pero a raíz de la reivindicación ideológica post-revolucionaria de lo popular, el Pelado poco a poco subió al trono (imaginario) vía la demagogia (tripartita), hasta que las televisoras hicieron del Público-Pueblo, un dios telefísico.

El Pelado se volvió el Puro; la Chorreada, la mesmésima Virgencita. Juan Pueblo hoy, mediática y políticamente, es retratado como lo Superior.

La inferioridad mutó: el mexicano hoy padece un inconsciente complejo de superioridad. Vivimos actualmente el otro lado del complejo.

Por eso no cree en la educación, ¿para qué? ¡Tal cual estoy Bien Cabrón! Y si algo sale mal, la culpa la tienen otros, porque, obvio, yo jamás me equivoco. ¡Yo soy lo chido! La Neta es mi Naturaleza.

Al no crear mejores condiciones de vida, el mexicano decidió envanecerse de su deplorable estado, santificando su forma de ser, derivada de la miseria y el dogmatismo. Nuestra cultura “popular” consiste ahora en una gran masturbación mental de egolatría popular.

Sensacional de traileros: ¡el mexicano se cree inmejorable! Somos los Aumentados.

Corregido y aumentado, Samuel Ramos se quedó chico.

Heriberto Yépez

http://www.hyepez.blogspot.com

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Viernes

David Simon, el creador de la serie The Wire, es un gran narrador social. Incorpora a la intriga policial los hechos del presente (la economía del ajuste de Bush, la manipulación de las campañas políticas, la legalización de la droga). En el capítulo piloto de Treme, su nueva serie de televisión que vi la otra noche, el marco es Nueva Orleáns después del huracán Katrina: nunca los desastres son naturales, esa es la poética de Simon.

La narración social se ha desplazado de la novela al cine y luego del cine a las series y ahora, está pasando de las series a los facebooks y a los twitter y a las redes de Internet.

Lo que envejece y pierde vigencia queda suelto y más libre: cuando el público de la novela del siglo XIX se desplazó hacia el cine, fueron posibles las obras de Joyce, de Musil y de Proust.

Cuando el cine es relegado como medio masivo por la televisión, los cineastas de Cahiers du Cinéma rescatan a los viejos artesanos de Hollywood como grandes artistas; ahora, que la televisión comienza a ser sustituida masivamente por la web, se valoran las series como forma de arte.

Pronto, con el avance de las nuevas tecnologías, los blogs y los viejísimos emails y los mensajes de texto, serán exhibidos en los museos. ¿qué lógica es esta? Solo se vuelva artístico –y se politiza- lo que caduca y está “atrasado”.

Babelia 1003, 12/02/11

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